Estos días, que estoy de vacaciones, tengo tiempo para momentos de aburrimiento y aprovecho para visitar las redes sociales.
Sé que existe una burbuja digital en la que el algoritmo te vuelve su prisionero y sólo te muestra contenido relacionado con búsquedas en internet o conversaciones en chats, y como últimamente, reflexiono con amigas sobre las relaciones, no sólo de pareja, también familiares, pues el algoritmo lo sabe...así que me muestra contenido sobre relaciones.
De este contenido, hay cosas muy interesantes. Personas que explican de manera didáctica los mecanismos de los distintos tipos de apego, o nuestras respuestas emocionales, pero también hay otras personas que se dirigen a su observador con un tono dictatorial, incluso, con desprecio. Vamos, que casi te sientes insultada. Te dicen lo que tienes que hacer, y si no lo haces, prácticamente eres una estúpida.
Siempre me han sorprendido estas actitudes hacia los demás, que juzgan y les dicen a los otros de manera inequívoca lo que tienen que hacer. Me sorprende que no sean capaces de darse cuenta de que cada persona y circunstancia son diferentes, y me preocupa que, cada vez más, sobre todo las personas jóvenes, toman como referencia indiscutible lo que ven en internet, sin poner en duda la manipulación a la que pueden estar sometidos con esos contenidos, y es que vivimos en un mundo en el que cualquiera con un móvil puede erigirse en el poseedor de la verdad absoluta y ser seguido por personas que no sólo no cuestionan sus contenidos, sino que siguen sus recomendaciones como si de un Dios se tratase.

