- No dejas que te quieran, - le digo.
Él se queda un momento en silencio. Después, contesta, pero no presto atención a lo que me dice. No se lo he dicho para que conteste. Lo he dicho sólo para que lo escuche, como hicieron conmigo en el pasado, en varias ocasiones.
A veces, es necesario que alguien nos muestre el bloqueo y el sabotaje que nos hacemos a nosotros mismos. A veces, es necesario que alguien nos diga esta frase, aunque sea una falacia, porque el amor no pide permiso para ser. Simplemente, es, a pesar de que la persona destinataria de ese amor no quiera ser amado, o incluso, ignore que es amado.
Confundimos ser amado con disponibilidad emocional. A veces, nos sentimos en la obligación de corresponder al amor que otra persona siente por nosotros, sin ser conscientes de que sentir, o el hecho de poder inspirar en otra persona ese sentimiento, es ya suficiente.
Paradójicamente, la misma persona que unos días antes había admitido no dejar que le quisieran, me dice "Somos unos privilegiados por sentir lo que sentimos. Piensa en cuántas personas no pueden experimentar esto". Tiene razón, pero ahí está la contradicción. Por un lado, rechazamos sentir y sentirnos amados, y por otro, nos percibimos como privilegiados por ambas cosas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario