Mostrando entradas con la etiqueta Bebé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bebé. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de octubre de 2008

Adrià y la música clásica


Llueve sobre Madrid. Hoy he encendido la calefacción, algo a lo que me resistía por poner mi granito de arena a la lucha contra el cambio climático, pero a lo que me he tenido que rendir.

Poco a poco, voy acostumbrándome a estar en casa. Leo los libros sobre el embarazo y preparación al parto que tenía pendientes, escribo y resumo cosas que tenía que haber hecho hace tiempo e intento estar lo más tranquila posible. Sigo con taquicardias, que suelen aparecer, nada más levantarme y después de comer. Entonces, debo tumbarme porque en ese estado, no puedo ni hablar. Me falta el aire.

Escucho música relajante, que a Adrià debe gustarle porque no deja de moverse dentro de mi barriga cuando la escucha. Tiene sus favoritas, como el Claro de Luna, de Beethoven; o el Lago de los Cisnes y Dans de la Fée Dragée, de Tchaikovsky, que los dejaré colgados aquí abajo, por si "cae" por este blog alguna embarazada más y quiere probar a ponerle esta música a su bebé.


martes, 14 de octubre de 2008

Mi barriga y yo


El ginecólogo fue tajante. La única manera de no seguir empeorando de la anemia era el reposo. Aún así, me empeñé, y después de mejorar de la gastroenteritis, le pedí a la doctora del Centro de Salud que me diera el alta durante unos días para intentar encauzar algunos temas en el trabajo. No le pareció buena idea, y tanta presión, me pudo y me eché a llorar. "Normalmente, soy yo quien está al otro lado de la mesa cuando alguien llora", le dije mientras me daba un pañuelo de papel. Le expliqué que, moralmente, no me quedaría tranquila si no volvía unos días más al trabajo, y accedió.

Mi intención era seguir trabajando un par de semanas más. Aguanté dos días. El lunes, cuando me levanté para ir a trabajar, me duché y vestí a duras penas. Las taquicardias se dispararon. Dejé de oír, de ver, y las piernas se me doblaban. Me senté en la cama durante unos minutos, pero era inútil. Mi cuerpo no respondía. Así que me rendí a lo evidente. No podía ir a trabajar.

Por la tarde, cuando fui al médico, mi cuerpo se había ido acostumbrando al movimiento, y aparcando el coche frente al Centro de Salud, pude ir hasta la consulta.

La doctora sonrió cuando me vio entrar en el despacho. Me dijo que se veía en la cárcel por no haberme querido coger la baja antes.

Hoy es mi segundo día en casa. He estado entretenida: han venido mis padres, me han llamado amigas y compañeras de trabajo, he estado prácticamente todo el día conectada a internet, y poco a poco, haciendo muchas paradas, he podido recoger la cocina y la habitación.

Tengo la impresión de que me costará acostumbrarme a estar tres meses en mi casa, acompañada de mi barriga, pero voy asumiendo que no me queda más remedio.

martes, 7 de octubre de 2008

Mi rincón favorito


Hace años que escuché Evening Falls, de Enya, por primera vez, y me sentí transportada a otro mundo. Logra relajarme, que me olvide de todo durante unos segundos y sólo piense en mí. Así que, debido a mi estado, he decidido cambiar la banda sonora del blog, y dejar a Creep en la retaguardia.

Dentro de esta etapa en busca de la relajación, totalmente distinta a lo que he vivido hasta el momento, y en la que me acompaña "mi querido amigo Murakami", he encontrado un aliado: Mi rincón favorito. La esquina del sofá en la que me recuesto a leer, junto a la ventana. Al cerrar los ojos, el murmullo a agua de la pequeña fuente que se esconde entre las plantas, es capaz de trasladarme a mi lejana, mágica y querida tierra.

Dejo aquí la letra de la canción de Enya, para todos los que se encuentren lejos de su casa, y también para que los que estén cerca, sepan apreciarla.

EVENING FALLS

When the evening falls
And the daylight is fading,
From within me calls
Could it be I am sleeping?
For a moment I stray,
Then it holds me completely
Close to home - I cannot say
Close to home feeling so far away

As I walk the room there before me a shadow
From another world, where no other can follow
Carry me to my own, to where I can cross over
Close to home - I cannot say
Close to home feeling so far away

Forever searching; never right,
I am lost in oceans of night.
Forever hoping I can find memories
Those memories I left behind

Even though I leave will I go on believing
That this time is real - am I lost in this feeling?
Like a child passing through,
Never knowing the reason
I am home - I know the way
I am home - feeling oh, so far away


sábado, 4 de octubre de 2008

Cuando el cuerpo te ignora

Odio estar enferma. Tengo gastroenteritis. Desde el jueves. El jueves fui a trabajar y conseguí hacer mi vida normal, pero el viernes, al levantarme para ir al trabajo, era incapaz de entrar a la ducha. No podía sostenerme en pie. Esperé unos minutos sentada en la cama, para ver si me recuperaba, pero no se me pasó. Mi pareja me pidió por favor que no fuese al trabajo. "Hazlo por el niño", me dijo. Y decidí llamar al trabajo para decir que no podría ir. Cancelé una reunión y les pedí que, a cambio, tratasen ellos solos otros temas. Una sola llamada a media mañana para dar instrucciones de cómo tratar algo que podría esperar al lunes. Pero no pensaba lo mismo la persona que quería que se lo solucionara.

Tuve que cambiar la visita al ginecólogo, que tenía prevista para esa tarde. No me sentía capaz de desplazarme hasta allí, yo sola, en transporte público. Pero sí pude ir hasta el Centro de Salud más cercano, en el coche.

Me sentía muy débil y tenía fiebre. La doctora me atendió de urgencia. La tensión estaba bien. Paracetamol para la fiebre y beber mucho líquido. Le pedí la baja sólo para el viernes, pero ella insistió en dármela también para el lunes. El lunes decidiría si me daba el alta. Pensé en todo lo que tenía que hacer en el trabajo. Le dije que creía que el lunes podría ir a trabajar. "Estás embarazada", me dijo.

Hoy tengo menos fiebre, pero sigo sin fuerzas. Y eso me desespera. No soporto que mi mente vaya más rápido que mi cuerpo, que mi cuerpo se niegue a acatar las órdenes del cerebro. Siempre me he resistido a ello y he forzado la máquina. Pero ahora es distinto. Ahora mi cuerpo no responde porque prefiere preservar al bebé que llevo dentro.

Hoy hago seis meses de embarazo, y Adrià no deja de moverse dentro de mi tripa. Me da patadas a todas horas, y me pregunto si él también se encuentra mal. Desde luego, si es así, él consigue que su cuerpo responda.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Murakami en Atenas




Ayer por la noche llegué de Atenas. Un viaje de una semana en Grecia, donde la temperatura de septiembre sigue siendo como la de agosto en Madrid. El calor unido a mi embarazo de más de cinco meses no me ha permitido "patear" la ciudad como me hubiese gustado, así como investigar la isla de Hydra, que visitamos un día, pero en la que, al menos, pude bañarme en las aguas cristalinas del Mar Egeo, y pasear por sus calles de casas blancas y azules, así como disfrutar de las vistas del horizonte que debieron otear los corsarios y piratas que poblaron esa isla. Era curioso pasear por un lugar tan poblado de gatos y en el que el medio de locomoción más usado es el burro.

En cuanto a la caótica y calurosa Atenas, donde los coches son los reyes y los peatones sufren su monarquía absoluta, ofrece el contraste del día y la noche. Durante el día, los atenienses se refugian en sus numerosos cafés, refrescándose bebiendo frappés o capuccinos freddos (variantes del café con hielo que bebemos en España). Los turistas, por su parte, invaden los barrios más turísticos, Plaka, Monastiraki, o la plaza de Syntagma, donde hacen el famoso cambio de guardia a las horas en punto.

Por la noche, las calles se transforman. La mínima bajada de temperaturas durante la noche (de unos 20-25 grados) y, sobre todo, la ausencia de los sofocantes rayos del sol, te invitan a pasear por las calles de Atenas, cenar en alguna "taverna" al aire libre y, con suerte, escuchar algún concierto de música griega o clásica en el ágora. La Acrópolis, iluminada, aparece majestuosa sobre la ciudad.

La gastronomía griega merece una mención aparte. La ensalada griega, con el queso feta y esas aceitunas negras tan sabrosas, la tzaltziki (salsa de yogurt con pepino, ajo, menta y aceite), la mousaka, el arroz envuelto en hojas de parra, el humus (salsa de garbanzos), el pastichio, las pitas, los tomates rellenos de arroz, o los baklava, los pasteles más hipercalóricos que he comido nunca...

No me he olvidado de mi amigo Murakami. Me llevé conmigo Sputnik, mi amor, sin saber muy bien qué historia iba a encontrarme, y cuál fue mi sorpresa al descubrir que el protagonista de la novela viaja a Grecia y que, una tarde, mientras leía descansando de la agotadora mañana en la que había subido a la Acrópilis, el protagonista también visitaba la Acrópolis. Curioso...

jueves, 4 de septiembre de 2008

Kafka en la orilla


He terminado el tercer Murakami. Y tengo dos más esperándome... Estoy totalmente enganchada a las novelas de este escritor, y espero que tanta creatividad, imaginación, fantasía, magia, deseo, dolor... no afecte a mi futuro bebé.

Kafka en la orilla te engancha desde un principio, entrecruzando dos historias que parecen muy distintas. Acompañamos a los personajes, alternando una y otra historia. Cualquiera que haya leído algo de Murakami, imagina desde el principio quién es el chico llamado Cuervo, y quién es el niño que no despierta del coma colectivo de la montaña del bol.

Puedes ir intuyendo cómo puede ir la historia, qué tiene que ocurrir para que, al fin, estos dos personajes se encuentren.

Los personajes "secundarios" son tan interesantes como los protagonistas. Está escrito de tal manera, que penetras en el interior de esas personas, llegando a tener la impresión de que son personas de carne y hueso con las que has llegado a entablar una relación.

Sigue sorprendiéndome cómo es capaz de sumergirte en lo extraordinario, en lo fantástico, de tal manera, que acabas pensando que lo más normal es que alguien hable con los gatos o haga llover peces.

Sin duda, su lectura es un viaje a tu subconsciente. Antes de que te des cuenta, ya estás dentro. Como en un cuadro pintado hace años, que te hace creer que eras tú el retratado.

Por cierto, Kafka escucha a Radiohead.

martes, 15 de julio de 2008

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo



Se llama Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Es de un escritor japonés, Haruki Murakami, para mí desconocido, hasta el momento.

Lo cierto es que es un libro de unas novecientas páginas, que devoro ávidamente. Comencé a leerlo hace una semana y he leído más de la mitad.

Mi amiga, cuando me lo regaló por mi cumpleaños, me advirtió: "A mí me gustó, es una ralladura, pero creo que te gustará". A ambas nos gustan "las ralladuras", y lo cierto es, que los protagonistas de la historia son lo suficientemente "curiosos" como para haber aparecido en alguna de mis historias vomitadas alguna noche de insomnio y resaca.

Me he enganchado a este libro poco predecible, aunque ya me estoy oliendo el tema principal de la trama. Creo que ya sé lo que le ocurre a Kumiko, la mujer del protagonista, pero no lo desvelaré aqui, a ver si acaba resultando como en Abre los ojos, cuando a mitad de la película y con el cine abarrotado, dije con un tono algo más elevado del que debería: "a ver si va a estar congelado..." No quiero estropear la trama de este libro, que animo a leer a cualquier persona dispuesta a leer algo "distinto".

Ayer mientras caminaba por los interminables pasillos del metro, pensaba en ese libro que llevaba en la mano y me hacía más agradable el viaje en el atestado vagón, por cierto, de pie -esta vez nadie se apiadó de una incipiente embarazada, quizás debería haber hecho más evidente mi barriga-. Pensaba en que la forma de escribir, de expresarse, de este autor japonés me estaba influyendo de tal manera, que si escribiera algún relato ahora, saldría impregnado de su manera de contar historias. Hacía tiempo que no me ocurría. Demasiado... desde que leí El amante, de Marguerite Duras.

sábado, 12 de julio de 2008

Nuevas sensaciones


"Te noté un poco fría", me dice recordando el momento de la ecografía. No es frialdad. Es escepticismo. No quiero hacerme ilusiones. Sólo es eso. Pero parece que no hay motivo para preocuparse. En la ecografía no se ha visto nada alarmante. Mide 5 cm. El pliegue nucal es el normal, tiene nariz, orejas, dos brazos, dos piernas, y un corazón que late a 166 latidos por minuto. Aún no abemos si es niño o niña, y la verdad es que nos da igual. Ya hemos pensado un nombre para cada caso.

Recuerdo las palabras de una amiga, que había pasado antes por esta experiencia: "Es el único momento en el que he tenido dos corazones". Y, realmente, es algo tan extraño...hasta el momento, lo que he notado han sido náuseas, mareos, ardores, ganas de hacer pis cada dos horas y...Unos dolores fuertes y punzantes en el útero, que al principio, me alarmaron y provocaron una consulta a urgencias, pero que más tarde comprendí que era el interior de mi cuerpo adaptándose a esta nueva situación... El dolor duraba un día o dos, y cuando cesaba, mi cuerpo había cambiado: la tripa se había hinchado un poco más y había aparecido un bulto en el estómago, justo bajo los pechos.

Tengo demasiada tripa. Ayer, por primera vez, una chica me cedió su asiento en el metro... Me da miedo engordar demasiado. Debo controlar las comidas. Sólo estoy de tres meses y tengo una tripa considerable... espero que se trate de que mi cuerpo se ha adelantado a hacer el hueco y después no aumentará tan rápido.

Aún estoy asumiendo esta nueva situación. Esta noche me he despertado con el llanto del bebé de algún vecino y he pensado en las noches sin dormir que nos esperan si todo va bien.

Realmente, es una sensación extraña sentir que hay un ser vivo dentro de ti.

Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid