sábado, 12 de septiembre de 2026

EL ARTE DE AMAR, DE ERICH FROMM

Estudié a Erich Fromm en la Universidad. Recuerdo haber leído "Del tener al ser". En su día, me impactó, y ahora vuelvo a revisitar la obra de este sociólogo, psicólogo, filósofo y humanista alemán, que en 1956 escribió "El arte de amar".

Estos días, estoy escuchando a Enric Corbera, del que hablaré en otro post, y ha mencionado en múltiples ocasiones este libro, por lo que he decidido leerlo. Sinceramente, creo que aparece en el momento más apropiado de mi vida, aunque como dice Enric Corbera, las casualidades no existen, y cierto es, porque sus enseñanzas me han llevado hasta este clásico que, creo todos los adolescentes deberían leer y analizar en los institutos.

Podría hacer un análisis de cada capítulo del libro, pero me voy a centrar en lo que realmente resuena conmigo en este momento de mi vida, y aunque él habla del amor fraternal, materno, el amor a uno mismo y el erótico, yo voy a centrarme en este último, que se basa en la unión profunda y exclusiva con una sola persona, combinando el deseo físico y la entrega espiritual. 

La primera idea revolucionaria es que él no ve encontrar el amor como un golpe de suerte, sino como un arte, como la pintura, la escritura o cualquier otro arte que hay que cultivar, con esfuerzo, práctica, conocimiento y madurez. Para mí, la madurez es la clave, en mi caso.

Él no se refiere al enamoramiento inicial, en el que realmente estamos proyectando en el otro lo que nos gustaría que fuese, sino en construir el amor, tras esa fase inicial.

El amor es entonces una decisión consciente y un compromiso, donde debemos dejar de lado el egoísmo para poder conectar con la esencia del otro. 

También habla de la necesidad de desarrollar cuatro pilares, que son la preocupación real por la vida de la persona a la que amamos, responder a sus necesidades, aceptarle como es, sin intentar cambiarle, y conocer al otro sin querer controlarle.

Me parece muy interesante también el amor a uno mismo, conocerse y aceptarse primero para, después, poder amar a los demás. Si no te amas, si no sabes qué es realmente el amor porque no lo experimentas contigo, no puedes darlo a los demás.

Sin duda, una lectura para revisitar cuando el ego hable y se pierda el norte. Lo tendré como libro de cabecera. A todos los que me leéis, por favor, leedlo si no lo habéis hecho.

viernes, 11 de septiembre de 2026

VIDA PIRATA


Mi último paseo junto a la playa, antes de regresar a casa. Entre las dunas, veo los mástiles de veleros fondeados. Sonrío al recordar aquellos veranos en los que casi no pisaba tierra, permaneciendo por semanas en un velero. Carlos, mi compañero de aventuras en aquel momento, lo llamaba "la vida pirata". Por supuesto, lo era. Despertarte, mecida por las olas, fondeando en las Islas Cíes, no tenía precio.

En esta ocasión, mi viaje ha resultado más de deberes que de ocio, pero estoy satisfecha porque he avanzado en tareas pendientes. La obra en el piso ha finalizado, y he aclarado un tema importante con el Ayuntamiento.

He avanzado solicitando documentos que arrojen luz, y que nos señalen si vale la pena embarcarnos en un pleito judicial o no.

Me he reencontrado con mi familia y amistades de la adolescencia y juventud.

He seguido desmenuzando las lealtades y secretos familiares. He rescatado a aquella niña despierta, a la que tuve que hacer callar para poder encajar. Esa niña ha tomado, de nuevo, el timón. Es de ella de donde vienen las certezas.

A medida que avanzo, sigue cambiando mi manera de ver las cosas, y eso afecta a todo lo que me rodea, incluida mi vida cotidiana, soltando la exigencia de tener que ser perfecta en todo, a costa de mi descanso y de mi salud.

A pesar de las múltiples incidencias de estos días, he mantenido la calma. Me siento en paz, aunque ya no disfrute "la vida pirata", que algo me dice, volverá.

domingo, 6 de septiembre de 2026

EGREGOR

Hace mucho tiempo que dejé de ver la televisión. Lo único que he visto en los últimos meses han sido películas o series en streaming, pero desde hace unas semanas, ni siquiera puedo hacerlo, porque tengo la impresión de estar perdiendo el tiempo si no me dedico a escribir en mi proyecto. No el blog, otra cosa.

La cuestión es que nunca me han gustado las noticias. Quizás, porque mi padre nos obligaba a verlas a la hora de la comida y de la cena. Siempre me ha recordado al sermón que los curas dan en las iglesias. Sólo sirven para manipular a las masas. La mayoría de las cosas que cuentan están tergiversadas, son verdades a medias, o incluso, mentiras.

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Yo no puedo tirarla, obviamente. He utilizado a los medios, cuando estaba en la asociación de vecinos y en el trabajo. Notas de prensa, reportajes....durante siete años, me volví una especialista de la manipulación en el buen sentido, porque nuestro objetivo era visibilizar la necesidad de recursos públicos para un barrio joven, pero si mi objetivo hubiese sido otro, aunque moralmente no lo habría hecho, podría hacerlo por capacidad, y realmente, fui consciente de lo fácil que sube la audiencia con un titular sensacionalista.

También he vivido ser calumniada en los medios de comunicación, esta vez en el mundo laboral. No podían decir mi nombre, porque soy personal técnico, pero hablaban de una gestión determinada en la que no se dijo ni una palabra cierta. Tampoco nadie me llamó para contrastar la información que estaban dando, algo que dice mucho del nivel de los medios en cuestión.

Ahora, que la sociedad está cada vez más polarizada, empujada por la política, es cuando aún más, evito ver o escuchar las noticias. Sé lo que ocurre, pero no profundizo, ni leo opiniones. Tengo una idea muy clara de lo que está pasando. Sé cuales son las intenciones de unos y de otros, y no me voy a sumar a ningún egregor, que utilice mi energía para sus propios fines. Ninguno deberíamos hacerlo.



miércoles, 2 de septiembre de 2026

QUISIERA DECIRLE...

Nadie. Nunca. Había leído con tanto interés lo que yo escribía. Ni había analizado mi escritura con el mimo que él lo hace. Desde luego, él no encaja en el perfil que había descrito en la entrada La regla del blog. Quizás, sea porque los dos nos resistimos a identificarnos como pareja.

Él dice que veo en él detalles que otras personas no captan, pero él también ve en mí cosas que otras personas han sido incapaces de ver, a pesar de haber convivido conmigo durante años. Creo que por eso me acabaron perdiendo. Sentirme invisible provocó que mi interés por ellos fuera desapareciendo, como la arena se escapa entre los dedos, lenta pero inexorablemente.

Se me rompió el corazón cuando me confesó que temía el día que la perra muriese, a pesar de que aún es joven. Pensé en su hija, viviendo ya independiente dentro de unos años. Sus anclajes más cercanos, de los que me había dicho en una ocasión, tras un intento infructuoso por su parte de dar más consistencia a nuestra relación, que la perra y su hija eran todo lo que él necesitaba, cuando en realidad sé que ellas son sus únicos apegos seguros, -además de sus padres y hermanos, que están lejos-. Los únicos seres que le brindan amor incondicional.

Tantas veces he callado...me he contenido, y no le he dicho, por miedo a abrumarle, que con él he aprendido a amar incondicionalmente, a pesar de que crea que no es merecedor de amor.

Quisiera decirle que, aunque a veces, necesito tomar distancia, y alejarme, para recuperar mi centro, yo soy un anclaje, un apego seguro para él. Nunca me iré. Yo estaré siempre, y aunque sé que no le gusta pedir ayuda a nadie, yo se la daré incondicionalmente si la necesita.

Porque igual que él ha roto el patrón de La regla del blog, está provocando que yo rompa mis patrones, y aunque pierda el control al saltar al vacío de la incertidumbre, estoy confiando en que el proceso es el correcto.

Él me ha empujado a entender lo que valgo, y por eso reivindico, con más fuerza que nunca, lo que quiero en mi vida, aunque mis deseos ahora no encajen con los suyos. En lugar de vivir esta situación como pérdida, tenemos la oportunidad de aprender a seguir caminando juntos, respetando al otro, sin perdernos de vista, y sintiéndonos un refugio seguro donde lamernos las heridas de la vida, "pase lo que pase".

lunes, 31 de agosto de 2026

NO SÉ CÓMO LO SÉ, PERO LO SÉ

Siempre, desde la más tierna infancia, he tenido certezas. Ya he hablado de las certezas en varias ocasiones. 

Cuando he tomado decisiones radicales en mi vida, ha sido porque sabía que tenía que hacerlo, a pesar de que la gran mayoría de personas que estaban a mi alrededor, me dijesen que era una locura.

Así me encuentro ahora mismo, de nuevo. Tengo un propósito y sé lo que tengo que hacer para conseguirlo. Sin lugar a dudas. La vida está conspirando ahora mismo para que lo haga. Todo apunta a que debo hacerlo, a pesar de que haya personas que lo cuestionen.

También sé que será un éxito, que traerá cosas buenas a mi vida, y que ayudará a otras personas. Por este motivo, lo voy a hacer.


martes, 25 de agosto de 2026

VACÍO

Cuando la mente y las acciones entran en coherencia, la frecuencia se eleva. Siento sensaciones nuevas en mi cuerpo, entre ellas, un rechazo físico a lo que no está alineado conmigo, él incluido. 

"He visto la tristeza en tus ojos cuando has entrado en la casa, y yo también la he sentido en mis ojos", me dice.

Nos actualizamos sobre nuestras vidas, sentados tranquilamente en el salón. Él tiene que distraerse para no sentir el vacío. Hace alguna objeción a lo que le cuento. Los dos revelamos que el otro se nos aparece en sueños. Nos damos un abrazo largo, apretado, consciente... La energía fluye entre nuestros cuerpos. Hablamos de nuestros hijos, como si las cosas fueran a seguir como antes. 

Mientras caminamos, pienso que, antes de que se dé cuenta, habré desaparecido de su vida, y no porque sea necesario mantener la distancia para evitar el dolor, sino porque compartiré con alguien todo lo que no puedo compartir con él. Ya no tendrá cabida en mi vida. Pertenecerá al pasado. Dejará de aparecer en este blog. Nadie responderá al eco del vacío, aunque intente distraerse. Será demasiado tarde. Habrá perdido el tren, como dijo una vez que le pasaría. 

Es tarde. Debo irme. Otra vez, el tiempo vuela cuando estamos juntos.

Me habla de una pareja de personas de unos setenta años, que ha visto esta tarde en el parque. "Estaban muy enamorados. Él no paraba de darle besos", me dice sonriendo, con los ojos brillantes. Creo que es la primera vez en toda la noche que le veo sonreír tan abiertamente. Es curioso que su sistema reticular se haya fijado precisamente en eso, cuando parece que rechaza todo lo emocional. Mientras le escucho, surge una imagen en mi cabeza. Una certeza. Estas malditas certezas... Le miro. Sigue sonriendo. Sus ojos aún brillan, mirando al vacío. Me pregunto si está viendo la misma imagen que yo.

sábado, 22 de agosto de 2026

LO QUE QUIERO

Me encuentro en un momento de paz en el que hacía mucho tiempo que no estaba.

La cotidianidad a veces irrumpe de manera violenta, pero soy capaz de contenerlo en ese espacio y tiempo en el que la realidad me asalta. Me permito sentir la molestia y, después, lo olvido. 

En este espacio de paz, observo infinitas posibilidades, sentada sobre la hierba, bajo la sombra de un gran sauce, cuyas ramas largas se descuelgan hasta tocar mi cabeza. El ruido de la corriente de un río cercano me acompaña. A mi alrededor, puedo ver cientos de puertas de madera, todas cerradas, esperando a ser abiertas.

No tengo prisa por abrirlas. Quiero disfrutar del momento. Sentir el vértigo de la incertidumbre, como cuando en la montaña rusa, comienzas a iniciar la bajada, absorbida por la inercia, y desearías detenerte a mitad de camino, antes de llegar a la meta para retrasar el final, para poder disfrutar de la sensación de paz, de incertidumbre, y del viento chocando contra tu cara. Los ojos cerrados, confiando en el resultado.

Siempre he disfrutado estos momentos placenteros de incertidumbre, amándome a mí por encima de todas las cosas, además de querer con toda mi alma a otras personas importantes en mi vida.

En medio de esta plenitud, he elaborado mis innegociables, las cosas que ya no admito. Sé lo que no quiero pero...¿sé lo que quiero?. El viento sopla de repente, alborotando las ramas del sauce...

¿Qué quiero?. Soy consciente de que, después de mucho tiempo, no dudo sobre lo que quiero. 

Quiero...

Un compañero de viaje leal y respetuoso, que también sepa lo que quiere, en quien poder confiar y que confíe en mí.

Con quien no sea necesario compartir todo, pero que esté presente cuando estemos juntos.

Alguien con quien sea suficiente una pequeña comunicación diaria. Sin obligaciones. Sin expectativas. Que entienda que, en ocasiones, no me apetece comunicarme, y eso no significa que no me importe. 

Que los silencios no pesen, sino que sean otro medio a través del que nos comuniquemos, sintiendo al otro aunque no hablemos.

Que parezca que el tiempo se desvanece cuando estamos juntos.

Que cada uno pueda seguir siendo quién es, sin perder su identidad, y que la ternura, la empatía y la comprensión estén presentes, incluso cuando haya conflictos y tratemos temas difíciles. 

Amar sin miedo, sin temor a perder al otro, sin enjaular, pensando sólo en el presente. Nos elegimos aquí y ahora, pero nada nos garantiza el mañana. El mañana hay que ganárselo.

Me levanto y miro a mi alrededor. Observo que falta una puerta, y sin dudar, camino hacia la pradera verde, donde las flores han brotado, inundando el paisaje de colores. A lo lejos, veo un pequeño terreno yermo. Era allí.

Cuando llego, veo el pozo, señalizado con aquellas pequeñas piedras alrededor. Me asomo. Sigue allí agazapado. Levanta la cabeza cuando me siente. Me mira con sus ojos negros almendrados. 

Sin pensarlo, me agacho, me apoyo en el suelo y extiendo uno de mis brazos hacia abajo, mientras me sujeto fuerte a la raíz de un árbol con la otra mano, para no caer. 

- Ven, -susurro. 

Se incorpora, y se estira hasta que una de sus manos se entrelaza con la mía. 

- Ahora lo entiendo, -dice él. 

- No iba a dejarte aquí, -contesto yo.

miércoles, 19 de agosto de 2026

CERTEZAS (2)

Hace casi un año, escribí en este blog una entrada titulada "Certezas". En esa ocasión, hablaba de las certezas que nos piden, en ocasiones, las personas con las que interactuamos, exigiendo una seguridad que nadie puede ofrecer, y sigo pensando lo mismo. Nadie puede dar certezas a otra persona.

Sin embargo, desde hace unas semanas, hay otro tipo de certezas que me rondan. En este caso, no son certezas que le pido a otra persona. Eso nunca lo haría, ni tampoco aceptaría que alguien me las pidiera. Se trata de certezas propias.

Actualmente, me encuentro inmersa en un proceso creativo complejo, ajeno a este soporte que utilizo ahora, y emergen recuerdos, vivencias desde la más tierna infancia, que me hace pensar en todas las certezas internas que he sentido. No en relación a otros directamente, sino sobre mí, aunque en ocasiones, afectase de alguna manera a las personas con las que me relacionaba.

Esas certezas nunca fallaron, y ahora me encuentro, a través de este nuevo proceso creativo, recibiendo muchas más certezas personales. Son propias, nadie más está involucrado, pero no puedo ignorar que siempre, después de tener conversaciones con determinadas personas, hay muchas frases o situaciones que se quedan suspendidas en mi memoria, y ahondan en las certezas.

Una de ellas, es ese juego de las monedas que él creía que podría resolver rápidamente, sin ser consciente de que mi foco no estaba puesto en el juego, sino en analizar cada palabra y gesto, de los dos, y ser capaz de sostener mi decisión de cerrar un ciclo y abrir otro, que nos deja sin certezas externas, pero que reafirma mi propia certeza de que es lo que tengo que hacer.

Muchas otras frases se han quedado suspendidas. Algunas confirman mis propias certezas, afianzándolas hasta límites insospechados, preguntándome cómo es posible que diga que desde que me conoce ha experimentado algo, que yo ya había experimentado anteriormente, pero que desde que le conozco, se ha incrementado de forma exponencial.

Me pregunto entonces cómo es posible que lo que alguien experimenta internamente, pueda influir en lo que otra persona experimenta, y hasta dónde puede escalar esta experiencia mientras el vínculo exista, y en ese momento, recuerdo el mantra "pase lo que pase", que nos hemos repetido desde que nos conocimos.

A la vez, el ruido interno lo ensucia todo. Analizo cosas que no me gustan, que me cuenta sin darles importancia, sin imaginar la sensación que deja en mí, replanteándome si es la persona que creo conocer. Entonces, me devuelve el reflejo. Yo también hago esas cosas. Y resuena su pregunta retórica "¿eres una adolescente?". No contesto, pero pienso que el que parece un adolescente es él. Entonces, surge de nuevo la certeza. La principal certeza propia. Efectivamente, "pase lo que pase".

Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid