A raíz de ver la serie Adolescencia, y entender en qué se basa la regla 80/20, de la que hablan, además del término "incel" para calificar a los hombres que sienten que viven un celibato involuntario, me preocupa hacia dónde pueden derivar estos pensamientos y la influencia que pueden tener en mis hijos adolescentes, y en nuestra sociedad en general.
Voy a simplificar mucho estos conceptos. Básicamente, son hombres que piensan que el 80% de las mujeres, nos fijamos en el 20% de los hombres, y que ellos, al no estar incluidos en ese 20%, se ven obligados a no poder mantener relaciones sexuales, si no es pagando a una mujer por acostarse con ellos.
En primer lugar, se está cosificando a la mujer. Se parte de que todas las mujeres somos iguales, y que nos interesan el mismo tipo de hombres. No he profundizado en cuál debe ser el estereotipo de hombre que nos atrae, pero puedo imaginar que debe ser físicamente atractivo, -alto, fuerte, guapo-, y con un alto poder adquisitivo. Por tanto, todos los hombres que no cumplen esos strandares, serían invisibles para la mayoría de las mujeres. Ante el miedo al fracaso, algunos hombres deciden que son "incel", ocultando una baja autoestima y una absoluta incapacidad de autocrítica. La culpa es de las mujeres y esos hombres que cumplen los supuestos strandares para hacerles más atractivos, y que les desbancan simplemente por existir. Los incel son meras víctimas de esas mujeres empoderadas y de esos hombres tocados por la suerte al nacer.
Estas teorías no ven más allá de sus narices, obviando que cada ser humano es diferente e irrepetible, que cada persona se siente atraída por determinadas cualidades del otro, y que el mundo de las relaciones no se circunscribe sólo al sexo, habiendo muchos otros sentimientos y emociones que se desencadenan en el mundo relacional como son la empatía, el cariño, el amor, el compromiso, la lealtad, la ternura...que son los que realmente crean el vínculo entre dos personas.
Sin embargo, parece que ese movimiento se desvincula por completo de lo emocional, reduciéndolo todo a la probabilidad que tienen de acostarse con mujeres, y creyendo que si no van a tener éxito, entonces se autoproclaman célibes involuntarios, que es lo más cómodo, porque no les supone esfuerzo y además, la culpa es de todos los demás. Las mujeres, en general, y ese 20% de hombres que ellos calificarían de exitosos.
No me sorprende que una parte de la sociedad, afortunadamente, por el momento, no muy numerosa, llegue a este tipo de conclusiones. En un mundo en el que prima la ley del mínimo esfuerzo, y la paradoja de las redes, en la que cuanto más conectados estamos, más soledad hay, y donde los algoritmos nos muestran sólo lo que queremos ver, es el mejor campo de cultivo para que este tipo de movimientos tenga éxito.
En el año 2014, hace ya doce años, hablé en este blog sobre cómo los roles entre los hombres y las mujeres están cambiando.
El hombre proveedor económicamente ya no tiene sentido en un mundo occidental en el que las mujeres somos proveedoras económicamente también. Los roles tradicionales se han desdibujado, y esto implica que, tanto hombres como mujeres, tengamos la necesidad de aprender a relacionarnos con el otro más allá de esos roles, entendiendo al otro como un igual, y no como un rival. Cada uno con sus peculiaridades, más allá de su género, y entender que todos y todas tenemos fortalezas, debilidades, inseguridades, deseos y emociones.
Pensamientos como la regla 80/20 o el movimiento incel, simplifica y cosifica al otro, y nos aleja de verle como un ser autónomo e independiente, con sus propias ideas y gustos, con cuya interacción nos entendemos y crecemos como persona, dándonos la posibilidad de construir vínculos y relaciones sanas, que a su vez, contribuyan a fortalecer los cimientos de sociedades plurales, conscientes de la riqueza que aporta cada persona, a nivel individual, con sus potencialidades, que unidas a las potencialidades de los demás, garantice el apoyo y el cuidado mutuo, alejado del odio y los miedos sin fundamento.
Creo que nos corresponde a los que hoy somos adultos, y que hemos crecido en entornos donde las redes no existían, en hacer entender a nuestros hijos e hijas que todos hemos sufrido inseguridades, como parte del crecimiento y evolución de nuestra personalidad, y que deben ser conscientes de ellas, e integrarlas como algo normal, a lo que hay que enfrentarse y superar, en lugar de que sea lo que los defina y los limite en la capacidad de tener una vida plena.

