martes, 22 de septiembre de 2026

DESCONEXIÓN

Me gusta estar en su habitación, aunque a él no le gusta porque cree que está demasiado desorganizada. También me gusta tumbarme en su lado de la cama.

Antes, él había recogido el lavavajillas. Yo le había intentado ayudar sacando las cucharas, pero mezclé las grandes con las pequeñas y eso no le gustó.  ¿Cómo puede ser tan parecido a mí?. Así que hice lo que me gustaría que alguien hiciera conmigo. Saqué uno a uno los vasos, los platos...se los acercaba y él los colocaba. Lo hicimos rápida y rítmicamente. Sin hablar. No era necesario.

Me sirvió el café y preguntó con qué lo quería. "Con canela", -le dije. Él me mostró el bote que tenía delante. También lo toma así.

Pensaba en eso, tumbada en su lado de la cama, cuando me di cuenta de que él me había puesto la mano en el muslo, buscando mi contacto. En otro momento, yo me habría acercado y le habría abrazado, pero no quería hacerlo. 

Sentía una desconexión emocional profunda y entendí que conectarme a mí de aquella manera tan intensa, me había introducido en una burbuja infranqueable, incluso, para él.

Unas horas antes, le había dicho que yo era también un árbol, como él, que cada cosa de la que me había dado cuenta sobre él, también estaba dentro de mí.
Él me había hablado de sus sospechas de que mi cambio de actitud fuese una estrategia. Lo negué, a pesar de que aún no había comprobado hasta qué punto llegaba mi desconexión.

Al bajar las escaleras, durante unos segundos, sentí un desdoblamiento de realidad, pero no lo sostuve. Me salí de la situación. Las piernas flaqueaban, debido al intercambio de energía.

Le dolía la garganta y le pregunté si quería que me fuese. Me dijo que no, que quería enseñarme unos documentales. Nos sentamos a verlos, pero el sueño me vencía. Él me miraba de vez en cuando, para asegurarse de que seguía despierta. Me gusta cuando me mira, mientras yo hago como que no me doy cuenta de que lo hace.

Ya eran las dos de la madrugada...Otra vez, el tiempo pasa tan rápido cuando estamos juntos...

jueves, 17 de septiembre de 2026

DESPROGRAMACIÓN

Hace casi dos meses, algo hizo que volviese a mi centro de una manera abrupta y profunda. Significó un "despertar" de conciencia que me devolvió a mi esencia. La esencia de aquella niña que había nacido despierta y que había tenido que olvidar para poder encajar.

La niña que miraba a los adultos pensando "todavía no se han enterado de cómo funciona esto".

Esa niña había empezado a ser programada por las creencias, patrones, mandatos, normas no escritas de su familia y la sociedad en la que había nacido. No sólo lo que ya arrastraba de su árbol genealógico, sino también lo que aquellos adultos daban como cierto, la desdibujaban y reescribían su personalidad.

Así que aquella niña aprendió a callar, a no molestar, a seguir las normas, a facilitar, a aceptar...y cada cesión significaba alejarse de ella, olvidar lo que sabía, esconder su esencia.

Sin embargo, ahora toda esa programación está desapareciendo, y esa niña vuelve a tomar el control, recordándole quién es, y qué debe hacer para lograr su propósito y redirigir su vida.

Sabe que ahora encajará aún menos de lo que ya lo hacía, pero se siente liberada porque dicta sus propias normas, sin sentirse culpable, eliminando las lealtades invisibles, la necesidad de tener el control, sin tener que guardar silencio para no molestar, sin necesidad de ser perfecta para ser validada y aceptada, porque ahora ya lo que piensen sobre ella en el exterior, no le importa. Tiene la validación de la persona más importante de su vida... ella misma.

sábado, 12 de septiembre de 2026

EL ARTE DE AMAR, DE ERICH FROMM

Estudié a Erich Fromm en la Universidad. Recuerdo haber leído "Del tener al ser". En su día, me impactó, y ahora vuelvo a revisitar la obra de este sociólogo, psicólogo, filósofo y humanista alemán, que en 1956 escribió "El arte de amar".

Estos días, estoy escuchando a Enric Corbera, del que hablaré en otro post, y ha mencionado en múltiples ocasiones este libro, por lo que he decidido leerlo. Sinceramente, creo que aparece en el momento más apropiado de mi vida, aunque como dice Enric Corbera, las casualidades no existen, y cierto es, porque sus enseñanzas me han llevado hasta este clásico que, creo todos los adolescentes deberían leer y analizar en los institutos.

Podría hacer un análisis de cada capítulo del libro, pero me voy a centrar en lo que realmente resuena conmigo en este momento de mi vida, y aunque él habla del amor fraternal, materno, el amor a uno mismo y el erótico, yo voy a centrarme en este último, que se basa en la unión profunda y exclusiva con una sola persona, combinando el deseo físico y la entrega espiritual. 

La primera idea revolucionaria es que él no ve encontrar el amor como un golpe de suerte, sino como un arte, como la pintura, la escritura o cualquier otro arte que hay que cultivar, con esfuerzo, práctica, conocimiento y madurez. Para mí, la madurez es la clave, en mi caso.

Él no se refiere al enamoramiento inicial, en el que realmente estamos proyectando en el otro lo que nos gustaría que fuese, sino en construir el amor, tras esa fase inicial.

El amor es entonces una decisión consciente y un compromiso, donde debemos dejar de lado el egoísmo para poder conectar con la esencia del otro. 

También habla de la necesidad de desarrollar cuatro pilares, que son la preocupación real por la vida de la persona a la que amamos, responder a sus necesidades, aceptarle como es, sin intentar cambiarle, y conocer al otro sin querer controlarle.

Me parece muy interesante también el amor a uno mismo, conocerse y aceptarse primero para, después, poder amar a los demás. Si no te amas, si no sabes qué es realmente el amor porque no lo experimentas contigo, no puedes darlo a los demás.

Sin duda, una lectura para revisitar cuando el ego hable y se pierda el norte. Lo tendré como libro de cabecera. A todos los que me leéis, por favor, leedlo si no lo habéis hecho.

viernes, 11 de septiembre de 2026

VIDA PIRATA


Mi último paseo junto a la playa, antes de regresar a casa. Entre las dunas, veo los mástiles de veleros fondeados. Sonrío al recordar aquellos veranos en los que casi no pisaba tierra, permaneciendo por semanas en un velero. Carlos, mi compañero de aventuras en aquel momento, lo llamaba "la vida pirata". Por supuesto, lo era. Despertarte, mecida por las olas, fondeando en las Islas Cíes, no tenía precio.

En esta ocasión, mi viaje ha resultado más de deberes que de ocio, pero estoy satisfecha porque he avanzado en tareas pendientes. La obra en el piso ha finalizado, y he aclarado un tema importante con el Ayuntamiento.

He avanzado solicitando documentos que arrojen luz, y que nos señalen si vale la pena embarcarnos en un pleito judicial o no.

Me he reencontrado con mi familia y amistades de la adolescencia y juventud.

He seguido desmenuzando las lealtades y secretos familiares. He rescatado a aquella niña despierta, a la que tuve que hacer callar para poder encajar. Esa niña ha tomado, de nuevo, el timón. Es de ella de donde vienen las certezas.

A medida que avanzo, sigue cambiando mi manera de ver las cosas, y eso afecta a todo lo que me rodea, incluida mi vida cotidiana, soltando la exigencia de tener que ser perfecta en todo, a costa de mi descanso y de mi salud.

A pesar de las múltiples incidencias de estos días, he mantenido la calma. Me siento en paz, aunque ya no disfrute "la vida pirata", que algo me dice, volverá.

domingo, 6 de septiembre de 2026

EGREGOR

Hace mucho tiempo que dejé de ver la televisión. Lo único que he visto en los últimos meses han sido películas o series en streaming, pero desde hace unas semanas, ni siquiera puedo hacerlo, porque tengo la impresión de estar perdiendo el tiempo si no me dedico a escribir en mi proyecto. No el blog, otra cosa.

La cuestión es que nunca me han gustado las noticias. Quizás, porque mi padre nos obligaba a verlas a la hora de la comida y de la cena. Siempre me ha recordado al sermón que los curas dan en las iglesias. Sólo sirven para manipular a las masas. La mayoría de las cosas que cuentan están tergiversadas, son verdades a medias, o incluso, mentiras.

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Yo no puedo tirarla, obviamente. He utilizado a los medios, cuando estaba en la asociación de vecinos y en el trabajo. Notas de prensa, reportajes....durante siete años, me volví una especialista de la manipulación en el buen sentido, porque nuestro objetivo era visibilizar la necesidad de recursos públicos para un barrio joven, pero si mi objetivo hubiese sido otro, aunque moralmente no lo habría hecho, podría hacerlo por capacidad, y realmente, fui consciente de lo fácil que sube la audiencia con un titular sensacionalista.

También he vivido ser calumniada en los medios de comunicación, esta vez en el mundo laboral. No podían decir mi nombre, porque soy personal técnico, pero hablaban de una gestión determinada en la que no se dijo ni una palabra cierta. Tampoco nadie me llamó para contrastar la información que estaban dando, algo que dice mucho del nivel de los medios en cuestión.

Ahora, que la sociedad está cada vez más polarizada, empujada por la política, es cuando aún más, evito ver o escuchar las noticias. Sé lo que ocurre, pero no profundizo, ni leo opiniones. Tengo una idea muy clara de lo que está pasando. Sé cuales son las intenciones de unos y de otros, y no me voy a sumar a ningún egregor, que utilice mi energía para sus propios fines. Ninguno deberíamos hacerlo.



miércoles, 2 de septiembre de 2026

QUISIERA DECIRLE...

Nadie. Nunca. Había leído con tanto interés lo que yo escribía. Ni había analizado mi escritura con el mimo que él lo hace. Desde luego, él no encaja en el perfil que había descrito en la entrada La regla del blog. Quizás, sea porque los dos nos resistimos a identificarnos como pareja.

Él dice que veo en él detalles que otras personas no captan, pero él también ve en mí cosas que otras personas han sido incapaces de ver, a pesar de haber convivido conmigo durante años. Creo que por eso me acabaron perdiendo. Sentirme invisible provocó que mi interés por ellos fuera desapareciendo, como la arena se escapa entre los dedos, lenta pero inexorablemente.

Se me rompió el corazón cuando me confesó que temía el día que la perra muriese, a pesar de que aún es joven. Pensé en su hija, viviendo ya independiente dentro de unos años. Sus anclajes más cercanos, de los que me había dicho en una ocasión, tras un intento infructuoso por su parte de dar más consistencia a nuestra relación, que la perra y su hija eran todo lo que él necesitaba, cuando en realidad sé que ellas son sus únicos apegos seguros, -además de sus padres y hermanos, que están lejos-. Los únicos seres que le brindan amor incondicional.

Tantas veces he callado...me he contenido, y no le he dicho, por miedo a abrumarle, que con él he aprendido a amar incondicionalmente, a pesar de que crea que no es merecedor de amor.

Quisiera decirle que, aunque a veces, necesito tomar distancia, y alejarme, para recuperar mi centro, yo soy un anclaje, un apego seguro para él. Nunca me iré. Yo estaré siempre, y aunque sé que no le gusta pedir ayuda a nadie, yo se la daré incondicionalmente si la necesita.

Porque igual que él ha roto el patrón de La regla del blog, está provocando que yo rompa mis patrones, y aunque pierda el control al saltar al vacío de la incertidumbre, estoy confiando en que el proceso es el correcto.

Él me ha empujado a entender lo que valgo, y por eso reivindico, con más fuerza que nunca, lo que quiero en mi vida, aunque mis deseos ahora no encajen con los suyos. En lugar de vivir esta situación como pérdida, tenemos la oportunidad de aprender a seguir caminando juntos, respetando al otro, sin perdernos de vista, y sintiéndonos un refugio seguro donde lamernos las heridas de la vida, "pase lo que pase".

lunes, 31 de agosto de 2026

NO SÉ CÓMO LO SÉ, PERO LO SÉ

Siempre, desde la más tierna infancia, he tenido certezas. Ya he hablado de las certezas en varias ocasiones. 

Cuando he tomado decisiones radicales en mi vida, ha sido porque sabía que tenía que hacerlo, a pesar de que la gran mayoría de personas que estaban a mi alrededor, me dijesen que era una locura.

Así me encuentro ahora mismo, de nuevo. Tengo un propósito y sé lo que tengo que hacer para conseguirlo. Sin lugar a dudas. La vida está conspirando ahora mismo para que lo haga. Todo apunta a que debo hacerlo, a pesar de que haya personas que lo cuestionen.

También sé que será un éxito, que traerá cosas buenas a mi vida, y que ayudará a otras personas. Por este motivo, lo voy a hacer.


martes, 25 de agosto de 2026

VACÍO

Cuando la mente y las acciones entran en coherencia, la frecuencia se eleva. Siento sensaciones nuevas en mi cuerpo, entre ellas, un rechazo físico a lo que no está alineado conmigo, él incluido. 

"He visto la tristeza en tus ojos cuando has entrado en la casa, y yo también la he sentido en mis ojos", me dice.

Nos actualizamos sobre nuestras vidas, sentados tranquilamente en el salón. Él tiene que distraerse para no sentir el vacío. Hace alguna objeción a lo que le cuento. Los dos revelamos que el otro se nos aparece en sueños. Nos damos un abrazo largo, apretado, consciente... La energía fluye entre nuestros cuerpos. Hablamos de nuestros hijos, como si las cosas fueran a seguir como antes. 

Mientras caminamos, pienso que, antes de que se dé cuenta, habré desaparecido de su vida, y no porque sea necesario mantener la distancia para evitar el dolor, sino porque compartiré con alguien todo lo que no puedo compartir con él. Ya no tendrá cabida en mi vida. Pertenecerá al pasado. Dejará de aparecer en este blog. Nadie responderá al eco del vacío, aunque intente distraerse. Será demasiado tarde. Habrá perdido el tren, como dijo una vez que le pasaría. 

Es tarde. Debo irme. Otra vez, el tiempo vuela cuando estamos juntos.

Me habla de una pareja de personas de unos setenta años, que ha visto esta tarde en el parque. "Estaban muy enamorados. Él no paraba de darle besos", me dice sonriendo, con los ojos brillantes. Creo que es la primera vez en toda la noche que le veo sonreír tan abiertamente. Es curioso que su sistema reticular se haya fijado precisamente en eso, cuando parece que rechaza todo lo emocional. Mientras le escucho, surge una imagen en mi cabeza. Una certeza. Estas malditas certezas... Le miro. Sigue sonriendo. Sus ojos aún brillan, mirando al vacío. Me pregunto si está viendo la misma imagen que yo.

Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid