sábado, 9 de mayo de 2026

Pancho llegó a la familia un jueves, a las dos de la madrugada

Hace unas semanas que comparto mi cama con alguien. Él espera paciente cada noche a que le deje tumbarse a mi lado. Cuando le llamo por su nombre y doy una palmadita sobre el edredón, sube de un salto y se acurruca junto a mí, pegado a mi espalda, aunque va cambiando de postura durante la noche, en silencio. Por la mañana, espera paciente a que me duche, me vista y me prepare. Cuando ve que salgo de la habitación, baja de la cama dando un salto, y me acompaña hasta la entrada, donde le pongo la correa para salir a la calle.

"Barrabás llegó a la familia por el mar, apuntó la niña Clara con su delicada memoria". Desde hace unos dias, la primera frase del libro "La casa de los espíritus", ronda mi memoria. Esa primera frase me atrapó, hace más de treinta años, cuando leí el libro siendo una adolescente, y como ocurrió con "Cien años de soledad", todo lo que describían, me resultaba tan familiar, que pensaba que la realidad era realmente esas historias, mientras mi vida insulsa de estudiante adolescente era un mero disfraz que debía vestir, para que mi identidad de otra Clara no fuera descubierta.

Pancho llegó a la familia un jueves, a las dos de la madrugada. Me lo trajo un chico que se lo encontró abandonado en un pantano. Él se lo había quedado durante unos meses, mientras buscaba a alguien que se lo quedara definitivamente. Yo le encontré, por una serie de casualidades, a pesar de que nos separaban cientos de kilómetros.

Antes de tomar la decisión, senté a los niños en el sofá. Necesitaría su ayuda al mediodía, cuando ellos llegaran del instituto antes que yo del trabajo. Tendrían que sacarle a la calle. Los dos estaban dispuestos. Iria, con su madurez habitual, me preguntó "Mamá, ¿estás segura?. Un perro conlleva mucho trabajo y responsabilidad". Le contesté que lo sabía. Ya había tenido un perro. Me lo regaló mi tía cuando era una adolescente, y mis padres me dejaron claro que yo era su única responsable. Así fue durante muchos años. No fue fácil porque Jacky era un caniche desconfiado y territorial, que no permitía carantoñas, ni arrumacos. No permitía que personas ajenas a la familia se acercaran a nosotros. Si yo estaba en casa, estaba conmigo donde yo estuviese. Si yo no estaba, se quedaba con mi madre. Era un perro muy inteligente, que entendía todo lo que hablábamos. Desconfiado y asustadizo, atacaba como prevención. Conservo la marca de uno de sus dientes en una mano, a pesar de que no solía ser agresivo conmigo. Nunca lo fue con mi madre, a la que identificaba como la dispensadora de comida. Con mi padre y mi hermano era distinto. Les mordía cuando menos lo esperaban, al igual que a los invitados, a los que nunca podíamos dejar a solas con él. 

Con unos quince años, le detectaron un tumor en los riñones y mi madre, sin decirnos nada, para evitarnos el sufrimiento, tomó la decisión de dormirle. Para ella fue muy duro ser quien le llevase hasta el veterinario aquella mañana. A veces lloraba recordándole. "Cuando vio que le dejaba allí, me miró como preguntándome por qué me iba sin él", me decía ella con los ojos llenos de lágrimas. Podía imaginar la mirada de esos ojos negros penetrantes, con los que se comunicaba de manera tan eficiente sin necesidad de palabras. "A veces, escucho sus pisadas detrás de mí en la cocina", seguía ella. Yo también le escuchaba. 

Las primeras horas con Pancho fueron cruciales para entender que no todos los perros son desconfiados o agresivos. Cuando le vi en persona por primera vez, y le toqué, él respondió a mi caricia, con lametones y subiendo por mis piernas. Después de una breve conversación con el chico que me lo trajo, cogí la correa y se vino conmigo como si me conociera de toda la vida. Husmeó la urbanización, el portal, las escaleras y toda la casa. Insistió en las puertas de las habitaciones de los niños, que estaban cerradas porque ellos dormían en el interior. Me puse el pijama y me senté en la cama. Él tenía una cesta preparada en mi habitación, pero en lugar de acostarse en ella, dio un salto y se tumbó en la cama junto a mí. Me sentí inquieta porque nunca le había permitido a Jacky subir a mi cama. No habría podido dormir tranquila. También me desperté muchas veces durante esa primera noche, comprobando si Pancho continuaba a mi lado. Esa primera noche, quizás sin saberlo, Pancho comenzó a darme una lección de confianza que todavía continúa. A veces, la vida pone en nuestro camino las experiencias necesarias para sanar, y en ese proceso estoy, hasta que este libro finalice, como "La casa de los espíritus", "Y a mí me lo dictan ellas, que son las verdaderas dueñas de este relato".

domingo, 5 de abril de 2026

REGLA 80/20

A raíz de ver la serie Adolescencia, y entender en qué se basa la regla 80/20, de la que hablan, además del término "incel" para calificar a los hombres que sienten que viven un celibato involuntario, me preocupa hacia dónde pueden derivar estos pensamientos y la influencia que pueden tener en mis hijos adolescentes, y en nuestra sociedad en general.

Voy a simplificar mucho estos conceptos. Básicamente, son hombres que piensan que el 80% de las mujeres, nos fijamos en el 20% de los hombres, y que ellos, al no estar incluidos en ese 20%, se ven obligados a no poder mantener relaciones sexuales, si no es pagando a una mujer por acostarse con ellos.

En primer lugar, se está cosificando a la mujer. Se parte de que todas las mujeres somos iguales, y que nos interesan el mismo tipo de hombres. No he profundizado en cuál debe ser el estereotipo de hombre que nos atrae, pero puedo imaginar que debe ser físicamente atractivo, -alto, fuerte, guapo-, y con un alto poder adquisitivo. Por tanto, todos los hombres que no cumplen esos strandares, serían invisibles para la mayoría de las mujeres. Ante el miedo al fracaso, algunos hombres deciden que son "incel", ocultando una baja autoestima y una absoluta incapacidad de autocrítica. La culpa es de las mujeres y esos hombres que cumplen los supuestos strandares para hacerles más atractivos, y que les desbancan simplemente por existir. Los incel son meras víctimas de esas mujeres empoderadas y de esos hombres tocados por la suerte al nacer.

Estas teorías no ven más allá de sus narices, obviando que cada ser humano es diferente e irrepetible, que cada persona se siente atraída por determinadas cualidades del otro, y que el mundo de las relaciones no se circunscribe sólo al sexo, habiendo muchos otros sentimientos y emociones que se desencadenan en el mundo relacional como son la empatía, el cariño, el amor, el compromiso, la lealtad, la ternura...que son los que realmente crean el vínculo entre dos personas.

Sin embargo, parece que ese movimiento se desvincula por completo de lo emocional, reduciéndolo todo a la probabilidad que tienen de acostarse con mujeres, y creyendo que si no van a tener éxito, entonces se autoproclaman célibes involuntarios, que es lo más cómodo, porque no les supone esfuerzo y además, la culpa es de todos los demás. Las mujeres, en general, y ese 20% de hombres que ellos calificarían de exitosos.

No me sorprende que una parte de la sociedad, afortunadamente, por el momento, no muy numerosa, llegue a este tipo de conclusiones. En un mundo en el que prima la ley del mínimo esfuerzo, y la paradoja de las redes, en la que cuanto más conectados estamos, más soledad hay, y donde los algoritmos nos muestran sólo lo que queremos ver, es el mejor campo de cultivo para que este tipo de movimientos tenga éxito.

En el año 2014, hace ya doce años, hablé en este blog sobre cómo los roles entre los hombres y las mujeres están cambiando.

El reto

Un reto aún mayor

Al margen de los roles

Reflexiones varias 

El hombre proveedor económicamente ya no tiene sentido en un mundo occidental en el que las mujeres somos proveedoras económicamente también. Los roles tradicionales se han desdibujado, y esto implica que, tanto hombres como mujeres, tengamos la necesidad de aprender a relacionarnos con el otro más allá de esos roles, entendiendo al otro como un igual, y no como un rival. Cada uno con sus peculiaridades, más allá de su género, y entender que todos y todas tenemos fortalezas, debilidades, inseguridades, deseos y emociones.

Pensamientos como la regla 80/20 o el movimiento incel, simplifica y cosifica al otro, y nos aleja de verle como un ser autónomo e independiente, con sus propias ideas y gustos, con cuya interacción nos entendemos y crecemos como persona, dándonos la posibilidad de construir vínculos y relaciones sanas, que a su vez, contribuyan a fortalecer los cimientos de sociedades plurales, conscientes de la riqueza que aporta cada persona, a nivel individual, con sus potencialidades, que unidas a las potencialidades de los demás, garantice el apoyo y el cuidado mutuo, alejado del odio y los miedos sin fundamento.

Creo que nos corresponde a los que hoy somos adultos, y que hemos crecido en entornos donde las redes no existían, en hacer entender a nuestros hijos e hijas que todos hemos sufrido inseguridades, como parte del crecimiento y evolución de nuestra personalidad, y que deben ser conscientes de ellas, e integrarlas como algo normal, a lo que hay que enfrentarse y superar, en lugar de que sea lo que los defina y los limite en la capacidad de tener una vida plena.


ADOLESCENCIA (SPOILER)

Me la habían recomendado en múltiples ocasiones, pero lo había pasado por alto, hasta que un comentario de alguien el otro día me recordó que la tenía pendiente. 

Desconocía la trama. Sólo sabía que se trataba sobre la adolescencia. Me ha gustado. Creo que aborda un problema que tenemos como sociedad, en el que convergen múltiples factores de los que hablaré en otra entrada. Ahora mismo, sólo voy a centrarme en la serie, de manera cronológica.

En primer lugar, me gusta cómo la cámara sigue a los personajes, convirtiéndose en un personaje más. Con sus movimientos, consigue meterte en el medio de la acción, como si fueras un espía invisible.

Algo que me ha llamado la atención es la naturalidad con la que trata el comportamiento de los distintos profesionales. Desde el cuerpo de la policía, como el profesorado, la psicóloga que hace la valoración en el centro de internamiento, o el vigilante. Describe la cotidianidad, vulnerabilidad, el conflicto interno, la sensibilidad, la humanidad, la ineficacia, la negligencia o el desbordamiento de algunos de esos profesionales, huyendo de los arquetipos idealizados para confrontarles con las situaciones que se dan en la realidad cotidiana.

Hace un retrato descarnado de la realidad en los institutos. El bullying como un comportamiento normalizado, la falta de autoridad de los profesionales, el código propio con el que se comunican los adolescentes, totalmente desconocido por los adultos, incluidas las figuras parentales.

La conversación entre la psicóloga y el protagonista es muy reveladora. Se muestra a un chico frustrado, con muy baja autoestima, que se siente fracasado, a pesar de su corta edad. No ha llegado, ni cree que pueda hacerlo nunca, a cumplir las expectativas que supone que su familia y la sociedad ha volcado en él. Busca una aprobación que no llega. Sus ataques de ira contra la psicóloga, cuando le confronta, da una idea muy clara de cómo debió ser la escena que desembocó en el asesinato. La falta de herramientas para manejar el rechazo provoca una ira incontrolable, que unida a la oportunidad y al arma adecuada, finaliza en un hecho atroz.

La familia es señalada, convirtiéndose también en víctimas del crimen. Los padres se culpan. Se preguntan qué han hecho mal, qué cosas podrían haber hecho diferente. Hablan sobre él en pasado, como si ya no existiese. Cada uno lo maneja de manera distinta. El padre más con el peso de la culpa. La madre ambivalente, sintiéndose culpable pero también siendo consciente de que es imposible tener todo bajo control. La hermana tiene una visión más objetiva y real de la situación, quizás porque no siente la responsabilidad que presentan los progenitores.

La escena final del padre sustituyendo a su hijo por el peluche, arropándole en la cama, procurándole un lugar seguro, resume esa frustración de haber fracasado como padre protector.

Sin duda, una serie para reflexionar. Tanto las figuras paternas, como los profesionales, y los adolescentes. La serie no retrata un hecho aislado, sino una realidad de la que debemos ser conscientes. Esta vez el resultado ha sido un asesinato, pero en otros muchos casos, la misma situación se ha convertido en un suicidio.

Los componentes son los mismos. Situación de bullying, ideas de que no son suficiente, frustración, creer que su vida es y será un fracaso, silencio, introspección... Unido a una personalidad que todavía se está formando, se convierte en un cóctel mortal que le arrastra a él o a ella, o a otra persona que se cruza en su camino.

miércoles, 1 de abril de 2026

EL TIEMPO NO EXISTE

Me encontraba en ese santuario al que recurro siempre que puedo. Mi lugar de paz. Tumbada en la bañera, sumergida en el agua caliente, mi mente retrocedió más de 25 años atrás.

Un encuentro inesperado con alguien de mi pasado, me transportó a aquel momento en el que la empresa constructora de mi piso, me dio las llaves. Fue una tarde muy emocionante, donde todos los vecinos recibimos la preciada entrada a nuestras casas. Algunos ya eran amigos. Otros, desconocidos, pero la vida tenía preparadas muchas sorpresas para nosotros. De hecho, uno de estos vecinos, en aquel momento, desconocido, se convirtió en mi pareja durante ocho años, un tiempo después, pero eso ya es otra historia.

Aquella tarde, mi pareja de aquel momento, me dijo algo inapropiado. Algo que ya no recuerdo. Otro vecino, que estaba junto a nosotros, intervino y me ofreció llevarme a mi nueva casa si mi pareja no podía hacerlo.
Este vecino se encontraba solo. Había roto con su pareja, con la que había comprado el piso. La felicidad que la gran mayoría sentíamos, para él era una sensación agridulce.

No sé cómo, cuando llegamos a la urbanización, y subimos a los pisos, ya noche cerrada, y sin electricidad todavía, sólo alumbrados por linternas y la luz de la calle, este vecino que se encontraba solo, subió conmigo a mi casa. Recuerdo que nos acercamos a la ventana del salón y nos asomamos, en penumbras. Era noviembre y hacía frío. No recuerdo si había alguien más con nosotros en ese momento. Sólo le recuerdo a él. Después, fuimos nosotros quien le acompañamos a su casa.

Unas semanas más tarde, le encontramos con su ex pareja. Parecía que habían retomado la relación y nos alegramos por él. Todo lo demás, es historia.

Abrí los ojos y me vi sentada en la bañera, en uno de los baños de ese piso que acababa de estrenar. Ya había luz, y agua caliente. Habían pasado también más de 25 años, aunque para mí hubiesen transcurrido sólo unos segundos. Pensé entonces que el tiempo no existe. Es una construcción que nuestra mente necesita para darle sentido a los acontecimientos de nuestra existencia, pero podemos revisitar esos lugares y vivir de nuevo esos momentos, aunque no sea lo que realmente está experimentando nuestro cuerpo.

En esos pensamientos, resonó una frase de Rubén, una persona que fue muy importante para mí en una época determinada. "Vas a destrozar tu futuro si sigues pensando que la vida es circular". Me lo decía él, que presumía de saber "detener el tiempo". Y, en efecto, el tiempo se detiene, y hasta retrocede, y cuando te das cuenta, han pasado 25 años, has tenido hijos, has tenido otras parejas, otros trabajos, seres queridos que ya no están, has evolucionado, y no sabes por qué, personas del pasado aparecen de nuevo en tu vida. De repente. Sin buscarlos. Quizás, sólo para recordarte que la vida es sueño, que todo depende de tu percepción de las cosas, que puede que haya vidas paralelas en las que las cosas ocurrieron de otra manera, y hay retazos que, de vez en cuando, se cuelan en esta vida que ahora percibes como única, cuando no se trata más que de un encadenamiento de variables y decisiones determinadas que hacen que las cosas sean como percibes que son.

Recuerdo entonces la mirada de una perra, con su cabeza apoyada en mis rodillas, y un gato sentado a mi lado, mirándome fijamente. En ese momento, sentí que los tres estábamos atrapados en otra vida posible. Escuché entonces su voz "La perra se comporta diferente cuando tú estás en la casa."

martes, 17 de marzo de 2026

ELEGIDO

Hay personas que lo llenan todo. No hay espacio para nadie más. Incluso, sin quererlo, sin proponérselo, casi evitándolo. Cuando te das cuenta, a pesar de que no quieras, estás atrapado. 

Te ayudan a evolucionar en muchos aspectos de tu vida. A nivel intelectual, creativo, espiritual... Dibujan, escriben, tocan algún instrumento, cantan, componen... Las conversaciones nunca decaen. Los silencios están llenos de significado, a través de miradas que hablan.

Intentas alejarte. Valoras otras opciones... Al final, te preguntas por qué sigues buscando algo que ya tienes. Anticipas la pérdida. No puede ser tan perfecto. La realidad es que nadie más tiene cabida si ellos están presentes. Ni siquiera en su ausencia, sientes que se han ido. Les has elegido sin ser consciente. 

sábado, 14 de marzo de 2026

NUEVA VERSIÓN

Me puso sobre la pista alguien muy cercano, hace unos meses. "Mi hija dice que no querría tener un novio como yo". Lo dijo mirando al vacío, evitando mi mirada, intentando no mostrar emoción, mientras yo pulsaba el botón del ascensor. Le pregunté por qué, pero no contestó. No era necesario que contestara. Esa frase se ha quedado suspendida en mi mente durante todos estos meses.

El otro día, escuchando el podcast de Gabriel Rolón del que hablo en otra entrada del blog, recordé esa frase, cuando el psicoanalista hablaba sobre la pregunta que nos haríamos a nosotros mismos, si somos la persona que queremos ser.

Pensé también en que mi hijo adolescente ha comenzado su incursión en el mundo sentimental, y observo en él patrones que yo también he tenido, pero sobretodo, pienso en qué tipo de vínculo está creando, y si él elegiría a una pareja como yo.

Mezclando todas estas cuestiones en mi cabeza, llegué a la conclusión de que no me gustaría que mi hijo tuviese una pareja como yo, y que además, tampoco soy la persona que me gustaría ser. Al menos, no en su totalidad.

"¿Qué tengo que cambiar para ser la persona que quiero ser?", me pregunté. Lo sabía. No era necesario pensar. Comencé a hacer los cambios necesarios. Primero, en mi forma de analizar las cosas. Me di cuenta de los impulsos que me movían en mi anterior versión. Los retuve. Analicé. Ya no encajaban. Deseché. Los cambié por los que encajan con mi nueva "yo".


viernes, 13 de marzo de 2026

¿MERECE LA PENA?

Intentando entenderle, se entendió a ella misma. Se dio cuenta de que ella tenía su mismo comportamiento, aunque más sutil, más sofisticado, en silencio...porque ella no contaba lo que sentía, como él sí hacía.

Entendiéndole, comprendió porqué había terminado todas sus relaciones. Entendió por qué se fue y también que estaba haciendo lo mismo con él. Fue consciente de que se estaba desconectando poco a poco, y en silencio, como quien abandona una habitación en plena noche, mientras su amante duerme tranquilo en la cama que han compartido, de puntillas y con los zapatos en la mano, para no hacer ruido, para no despertarle. De esta manera, cuando él despierte, ella estará lo suficientemente lejos como para que la huida sea un éxito. Él no tendrá capacidad de reacción. 

Por este motivo, ella callaba. Si él no escribía mensajes, ella tampoco. A veces, escribía algo neutro, y cuando él contestaba, ella tardaba en responder. Tampoco decía nada si habían hablado sobre quedar, pero finalmente, él no confirmaba. Se trataba de un motivo más para alejarse. Iba acumulando motivos, razones para alejarse sin culpa.

Ahora, que era consciente, tenía la opción de continuar con esa dinámica o cambiarla. Podía intentar explicarse. Avisar de que sentía que se desconectaba, que quería ir al cine, salir a cenar, que echaba de menos compartir canciones antes de irse a dormir... Pero le resultaba muy difícil cambiar su comportamiento y además, se preguntaba si merecía la pena hacer el esfuerzo con él que, al fin y al cabo, sería quien abandonaría la habitación a hurtadillas si ella no lo hacía antes.

sábado, 7 de marzo de 2026

¿ERES QUIEN QUIERES SER?

Hoy disfruto de uno de esos días en los que estoy sola en casa.

He aprovechado para levantarme tarde, cocinar, preparar el agua para hacer el cambio del acuario marino, cambiar el agua del acuario pequeño, regar las plantas y salir a caminar, cuando la lluvia ha dado una tregua. 

Mientras caminaba, he escuchado un podcast, en el canal Tengo un plan, entrevistando a Gabriel Rolón, un psicoanalista que sigo desde hace un año, aproximadamente, y al que me encanta escuchar porque siempre me hace reflexionar. 

Es un podcast largo, pero que creo merece la pena escuchar si tienes inquietudes, si te planteas si estás viviendo la vida que quieres vivir, si eres la persona que quieres ser, si crees que ha llegado el momento de cambiar patrones o cambiar el sentido de cómo vives las relaciones. 

He disfrutado escuchándolo. Me quedo con unas cuantas reflexiones que creo ayudarían también a algunas de las personas con las que me relaciono. Dejo aquí el enlace al podcast, por si quieres disfrutarlo. 

Mil gracias a los creadores del canal y a Gabriel Rolón.

Podcast Tengo un plan. Gabriel Rolón

Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid