martes, 22 de septiembre de 2026

DESCONEXIÓN

Me gusta estar en su habitación, aunque a él no le gusta porque cree que está demasiado desorganizada. También me gusta tumbarme en su lado de la cama.

Antes, él había recogido el lavavajillas. Yo le había intentado ayudar sacando las cucharas, pero mezclé las grandes con las pequeñas y eso no le gustó.  ¿Cómo puede ser tan parecido a mí?. Así que hice lo que me gustaría que alguien hiciera conmigo. Saqué uno a uno los vasos, los platos...se los acercaba y él los colocaba. Lo hicimos rápida y rítmicamente. Sin hablar. No era necesario.

Me sirvió el café y preguntó con qué lo quería. "Con canela", -le dije. Él me mostró el bote que tenía delante. También lo toma así.

Pensaba en eso, tumbada en su lado de la cama, cuando me di cuenta de que él me había puesto la mano en el muslo, buscando mi contacto. En otro momento, yo me habría acercado y le habría abrazado, pero no quería hacerlo. 

Sentía una desconexión emocional profunda y entendí que conectarme a mí de aquella manera tan intensa, me había introducido en una burbuja infranqueable, incluso, para él.

Unas horas antes, le había dicho que yo era también un árbol, como él, que cada cosa de la que me había dado cuenta sobre él, también estaba dentro de mí.
Él me había hablado de sus sospechas de que mi cambio de actitud fuese una estrategia. Lo negué, a pesar de que aún no había comprobado hasta qué punto llegaba mi desconexión.

Al bajar las escaleras, durante unos segundos, sentí un desdoblamiento de realidad, pero no lo sostuve. Me salí de la situación. Las piernas flaqueaban, debido al intercambio de energía.

Le dolía la garganta y le pregunté si quería que me fuese. Me dijo que no, que quería enseñarme unos documentales. Nos sentamos a verlos, pero el sueño me vencía. Él me miraba de vez en cuando, para asegurarse de que seguía despierta. Me gusta cuando me mira, mientras yo hago como que no me doy cuenta de que lo hace.

Ya eran las dos de la madrugada...Otra vez, el tiempo pasa tan rápido cuando estamos juntos...

jueves, 17 de septiembre de 2026

DESPROGRAMACIÓN

Hace casi dos meses, algo hizo que volviese a mi centro de una manera abrupta y profunda. Significó un "despertar" de conciencia que me devolvió a mi esencia. La esencia de aquella niña que había nacido despierta y que había tenido que olvidar para poder encajar.

La niña que miraba a los adultos pensando "todavía no se han enterado de cómo funciona esto".

Esa niña había empezado a ser programada por las creencias, patrones, mandatos, normas no escritas de su familia y la sociedad en la que había nacido. No sólo lo que ya arrastraba de su árbol genealógico, sino también lo que aquellos adultos daban como cierto, la desdibujaban y reescribían su personalidad.

Así que aquella niña aprendió a callar, a no molestar, a seguir las normas, a facilitar, a aceptar...y cada cesión significaba alejarse de ella, olvidar lo que sabía, esconder su esencia.

Sin embargo, ahora toda esa programación está desapareciendo, y esa niña vuelve a tomar el control, recordándole quién es, y qué debe hacer para lograr su propósito y redirigir su vida.

Sabe que ahora encajará aún menos de lo que ya lo hacía, pero se siente liberada porque dicta sus propias normas, sin sentirse culpable, eliminando las lealtades invisibles, la necesidad de tener el control, sin tener que guardar silencio para no molestar, sin necesidad de ser perfecta para ser validada y aceptada, porque ahora ya lo que piensen sobre ella en el exterior, no le importa. Tiene la validación de la persona más importante de su vida... ella misma.

sábado, 12 de septiembre de 2026

EL ARTE DE AMAR, DE ERICH FROMM

Estudié a Erich Fromm en la Universidad. Recuerdo haber leído "Del tener al ser". En su día, me impactó, y ahora vuelvo a revisitar la obra de este sociólogo, psicólogo, filósofo y humanista alemán, que en 1956 escribió "El arte de amar".

Estos días, estoy escuchando a Enric Corbera, del que hablaré en otro post, y ha mencionado en múltiples ocasiones este libro, por lo que he decidido leerlo. Sinceramente, creo que aparece en el momento más apropiado de mi vida, aunque como dice Enric Corbera, las casualidades no existen, y cierto es, porque sus enseñanzas me han llevado hasta este clásico que, creo todos los adolescentes deberían leer y analizar en los institutos.

Podría hacer un análisis de cada capítulo del libro, pero me voy a centrar en lo que realmente resuena conmigo en este momento de mi vida, y aunque él habla del amor fraternal, materno, el amor a uno mismo y el erótico, yo voy a centrarme en este último, que se basa en la unión profunda y exclusiva con una sola persona, combinando el deseo físico y la entrega espiritual. 

La primera idea revolucionaria es que él no ve encontrar el amor como un golpe de suerte, sino como un arte, como la pintura, la escritura o cualquier otro arte que hay que cultivar, con esfuerzo, práctica, conocimiento y madurez. Para mí, la madurez es la clave, en mi caso.

Él no se refiere al enamoramiento inicial, en el que realmente estamos proyectando en el otro lo que nos gustaría que fuese, sino en construir el amor, tras esa fase inicial.

El amor es entonces una decisión consciente y un compromiso, donde debemos dejar de lado el egoísmo para poder conectar con la esencia del otro. 

También habla de la necesidad de desarrollar cuatro pilares, que son la preocupación real por la vida de la persona a la que amamos, responder a sus necesidades, aceptarle como es, sin intentar cambiarle, y conocer al otro sin querer controlarle.

Me parece muy interesante también el amor a uno mismo, conocerse y aceptarse primero para, después, poder amar a los demás. Si no te amas, si no sabes qué es realmente el amor porque no lo experimentas contigo, no puedes darlo a los demás.

Sin duda, una lectura para revisitar cuando el ego hable y se pierda el norte. Lo tendré como libro de cabecera. A todos los que me leéis, por favor, leedlo si no lo habéis hecho.

viernes, 11 de septiembre de 2026

VIDA PIRATA


Mi último paseo junto a la playa, antes de regresar a casa. Entre las dunas, veo los mástiles de veleros fondeados. Sonrío al recordar aquellos veranos en los que casi no pisaba tierra, permaneciendo por semanas en un velero. Carlos, mi compañero de aventuras en aquel momento, lo llamaba "la vida pirata". Por supuesto, lo era. Despertarte, mecida por las olas, fondeando en las Islas Cíes, no tenía precio.

En esta ocasión, mi viaje ha resultado más de deberes que de ocio, pero estoy satisfecha porque he avanzado en tareas pendientes. La obra en el piso ha finalizado, y he aclarado un tema importante con el Ayuntamiento.

He avanzado solicitando documentos que arrojen luz, y que nos señalen si vale la pena embarcarnos en un pleito judicial o no.

Me he reencontrado con mi familia y amistades de la adolescencia y juventud.

He seguido desmenuzando las lealtades y secretos familiares. He rescatado a aquella niña despierta, a la que tuve que hacer callar para poder encajar. Esa niña ha tomado, de nuevo, el timón. Es de ella de donde vienen las certezas.

A medida que avanzo, sigue cambiando mi manera de ver las cosas, y eso afecta a todo lo que me rodea, incluida mi vida cotidiana, soltando la exigencia de tener que ser perfecta en todo, a costa de mi descanso y de mi salud.

A pesar de las múltiples incidencias de estos días, he mantenido la calma. Me siento en paz, aunque ya no disfrute "la vida pirata", que algo me dice, volverá.

domingo, 6 de septiembre de 2026

EGREGOR

Hace mucho tiempo que dejé de ver la televisión. Lo único que he visto en los últimos meses han sido películas o series en streaming, pero desde hace unas semanas, ni siquiera puedo hacerlo, porque tengo la impresión de estar perdiendo el tiempo si no me dedico a escribir en mi proyecto. No el blog, otra cosa.

La cuestión es que nunca me han gustado las noticias. Quizás, porque mi padre nos obligaba a verlas a la hora de la comida y de la cena. Siempre me ha recordado al sermón que los curas dan en las iglesias. Sólo sirven para manipular a las masas. La mayoría de las cosas que cuentan están tergiversadas, son verdades a medias, o incluso, mentiras.

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Yo no puedo tirarla, obviamente. He utilizado a los medios, cuando estaba en la asociación de vecinos y en el trabajo. Notas de prensa, reportajes....durante siete años, me volví una especialista de la manipulación en el buen sentido, porque nuestro objetivo era visibilizar la necesidad de recursos públicos para un barrio joven, pero si mi objetivo hubiese sido otro, aunque moralmente no lo habría hecho, podría hacerlo por capacidad, y realmente, fui consciente de lo fácil que sube la audiencia con un titular sensacionalista.

También he vivido ser calumniada en los medios de comunicación, esta vez en el mundo laboral. No podían decir mi nombre, porque soy personal técnico, pero hablaban de una gestión determinada en la que no se dijo ni una palabra cierta. Tampoco nadie me llamó para contrastar la información que estaban dando, algo que dice mucho del nivel de los medios en cuestión.

Ahora, que la sociedad está cada vez más polarizada, empujada por la política, es cuando aún más, evito ver o escuchar las noticias. Sé lo que ocurre, pero no profundizo, ni leo opiniones. Tengo una idea muy clara de lo que está pasando. Sé cuales son las intenciones de unos y de otros, y no me voy a sumar a ningún egregor, que utilice mi energía para sus propios fines. Ninguno deberíamos hacerlo.



miércoles, 2 de septiembre de 2026

QUISIERA DECIRLE...

Nadie. Nunca. Había leído con tanto interés lo que yo escribía. Ni había analizado mi escritura con el mimo que él lo hace. Desde luego, él no encaja en el perfil que había descrito en la entrada La regla del blog. Quizás, sea porque los dos nos resistimos a identificarnos como pareja.

Él dice que veo en él detalles que otras personas no captan, pero él también ve en mí cosas que otras personas han sido incapaces de ver, a pesar de haber convivido conmigo durante años. Creo que por eso me acabaron perdiendo. Sentirme invisible provocó que mi interés por ellos fuera desapareciendo, como la arena se escapa entre los dedos, lenta pero inexorablemente.

Se me rompió el corazón cuando me confesó que temía el día que la perra muriese, a pesar de que aún es joven. Pensé en su hija, viviendo ya independiente dentro de unos años. Sus anclajes más cercanos, de los que me había dicho en una ocasión, tras un intento infructuoso por su parte de dar más consistencia a nuestra relación, que la perra y su hija eran todo lo que él necesitaba, cuando en realidad sé que ellas son sus únicos apegos seguros, -además de sus padres y hermanos, que están lejos-. Los únicos seres que le brindan amor incondicional.

Tantas veces he callado...me he contenido, y no le he dicho, por miedo a abrumarle, que con él he aprendido a amar incondicionalmente, a pesar de que crea que no es merecedor de amor.

Quisiera decirle que, aunque a veces, necesito tomar distancia, y alejarme, para recuperar mi centro, yo soy un anclaje, un apego seguro para él. Nunca me iré. Yo estaré siempre, y aunque sé que no le gusta pedir ayuda a nadie, yo se la daré incondicionalmente si la necesita.

Porque igual que él ha roto el patrón de La regla del blog, está provocando que yo rompa mis patrones, y aunque pierda el control al saltar al vacío de la incertidumbre, estoy confiando en que el proceso es el correcto.

Él me ha empujado a entender lo que valgo, y por eso reivindico, con más fuerza que nunca, lo que quiero en mi vida, aunque mis deseos ahora no encajen con los suyos. En lugar de vivir esta situación como pérdida, tenemos la oportunidad de aprender a seguir caminando juntos, respetando al otro, sin perdernos de vista, y sintiéndonos un refugio seguro donde lamernos las heridas de la vida, "pase lo que pase".

lunes, 31 de agosto de 2026

NO SÉ CÓMO LO SÉ, PERO LO SÉ

Siempre, desde la más tierna infancia, he tenido certezas. Ya he hablado de las certezas en varias ocasiones. 

Cuando he tomado decisiones radicales en mi vida, ha sido porque sabía que tenía que hacerlo, a pesar de que la gran mayoría de personas que estaban a mi alrededor, me dijesen que era una locura.

Así me encuentro ahora mismo, de nuevo. Tengo un propósito y sé lo que tengo que hacer para conseguirlo. Sin lugar a dudas. La vida está conspirando ahora mismo para que lo haga. Todo apunta a que debo hacerlo, a pesar de que haya personas que lo cuestionen.

También sé que será un éxito, que traerá cosas buenas a mi vida, y que ayudará a otras personas. Por este motivo, lo voy a hacer.


martes, 25 de agosto de 2026

VACÍO

Cuando la mente y las acciones entran en coherencia, la frecuencia se eleva. Siento sensaciones nuevas en mi cuerpo, entre ellas, un rechazo físico a lo que no está alineado conmigo, él incluido. 

"He visto la tristeza en tus ojos cuando has entrado en la casa, y yo también la he sentido en mis ojos", me dice.

Nos actualizamos sobre nuestras vidas, sentados tranquilamente en el salón. Él tiene que distraerse para no sentir el vacío. Hace alguna objeción a lo que le cuento. Los dos revelamos que el otro se nos aparece en sueños. Nos damos un abrazo largo, apretado, consciente... La energía fluye entre nuestros cuerpos. Hablamos de nuestros hijos, como si las cosas fueran a seguir como antes. 

Mientras caminamos, pienso que, antes de que se dé cuenta, habré desaparecido de su vida, y no porque sea necesario mantener la distancia para evitar el dolor, sino porque compartiré con alguien todo lo que no puedo compartir con él. Ya no tendrá cabida en mi vida. Pertenecerá al pasado. Dejará de aparecer en este blog. Nadie responderá al eco del vacío, aunque intente distraerse. Será demasiado tarde. Habrá perdido el tren, como dijo una vez que le pasaría. 

Es tarde. Debo irme. Otra vez, el tiempo vuela cuando estamos juntos.

Me habla de una pareja de personas de unos setenta años, que ha visto esta tarde en el parque. "Estaban muy enamorados. Él no paraba de darle besos", me dice sonriendo, con los ojos brillantes. Creo que es la primera vez en toda la noche que le veo sonreír tan abiertamente. Es curioso que su sistema reticular se haya fijado precisamente en eso, cuando parece que rechaza todo lo emocional. Mientras le escucho, surge una imagen en mi cabeza. Una certeza. Estas malditas certezas... Le miro. Sigue sonriendo. Sus ojos aún brillan, mirando al vacío. Me pregunto si está viendo la misma imagen que yo.

sábado, 22 de agosto de 2026

LO QUE QUIERO

Me encuentro en un momento de paz en el que hacía mucho tiempo que no estaba.

La cotidianidad a veces irrumpe de manera violenta, pero soy capaz de contenerlo en ese espacio y tiempo en el que la realidad me asalta. Me permito sentir la molestia y, después, lo olvido. 

En este espacio de paz, observo infinitas posibilidades, sentada sobre la hierba, bajo la sombra de un gran sauce, cuyas ramas largas se descuelgan hasta tocar mi cabeza. El ruido de la corriente de un río cercano me acompaña. A mi alrededor, puedo ver cientos de puertas de madera, todas cerradas, esperando a ser abiertas.

No tengo prisa por abrirlas. Quiero disfrutar del momento. Sentir el vértigo de la incertidumbre, como cuando en la montaña rusa, comienzas a iniciar la bajada, absorbida por la inercia, y desearías detenerte a mitad de camino, antes de llegar a la meta para retrasar el final, para poder disfrutar de la sensación de paz, de incertidumbre, y del viento chocando contra tu cara. Los ojos cerrados, confiando en el resultado.

Siempre he disfrutado estos momentos placenteros de incertidumbre, amándome a mí por encima de todas las cosas, además de querer con toda mi alma a otras personas importantes en mi vida.

En medio de esta plenitud, he elaborado mis innegociables, las cosas que ya no admito. Sé lo que no quiero pero...¿sé lo que quiero?. El viento sopla de repente, alborotando las ramas del sauce...

¿Qué quiero?. Soy consciente de que, después de mucho tiempo, no dudo sobre lo que quiero. 

Quiero...

Un compañero de viaje leal y respetuoso, que también sepa lo que quiere, en quien poder confiar y que confíe en mí.

Con quien no sea necesario compartir todo, pero que esté presente cuando estemos juntos.

Alguien con quien sea suficiente una pequeña comunicación diaria. Sin obligaciones. Sin expectativas. Que entienda que, en ocasiones, no me apetece comunicarme, y eso no significa que no me importe. 

Que los silencios no pesen, sino que sean otro medio a través del que nos comuniquemos, sintiendo al otro aunque no hablemos.

Que parezca que el tiempo se desvanece cuando estamos juntos.

Que cada uno pueda seguir siendo quién es, sin perder su identidad, y que la ternura, la empatía y la comprensión estén presentes, incluso cuando haya conflictos y tratemos temas difíciles. 

Amar sin miedo, sin temor a perder al otro, sin enjaular, pensando sólo en el presente. Nos elegimos aquí y ahora, pero nada nos garantiza el mañana. El mañana hay que ganárselo.

Me levanto y miro a mi alrededor. Observo que falta una puerta, y sin dudar, camino hacia la pradera verde, donde las flores han brotado, inundando el paisaje de colores. A lo lejos, veo un pequeño terreno yermo. Era allí.

Cuando llego, veo el pozo, señalizado con aquellas pequeñas piedras alrededor. Me asomo. Sigue allí agazapado. Levanta la cabeza cuando me siente. Me mira con sus ojos negros almendrados. 

Sin pensarlo, me agacho, me apoyo en el suelo y extiendo uno de mis brazos hacia abajo, mientras me sujeto fuerte a la raíz de un árbol con la otra mano, para no caer. 

- Ven, -susurro. 

Se incorpora, y se estira hasta que una de sus manos se entrelaza con la mía. 

- Ahora lo entiendo, -dice él. 

- No iba a dejarte aquí, -contesto yo.

miércoles, 19 de agosto de 2026

CERTEZAS (2)

Hace casi un año, escribí en este blog una entrada titulada "Certezas". En esa ocasión, hablaba de las certezas que nos piden, en ocasiones, las personas con las que interactuamos, exigiendo una seguridad que nadie puede ofrecer, y sigo pensando lo mismo. Nadie puede dar certezas a otra persona.

Sin embargo, desde hace unas semanas, hay otro tipo de certezas que me rondan. En este caso, no son certezas que le pido a otra persona. Eso nunca lo haría, ni tampoco aceptaría que alguien me las pidiera. Se trata de certezas propias.

Actualmente, me encuentro inmersa en un proceso creativo complejo, ajeno a este soporte que utilizo ahora, y emergen recuerdos, vivencias desde la más tierna infancia, que me hace pensar en todas las certezas internas que he sentido. No en relación a otros directamente, sino sobre mí, aunque en ocasiones, afectase de alguna manera a las personas con las que me relacionaba.

Esas certezas nunca fallaron, y ahora me encuentro, a través de este nuevo proceso creativo, recibiendo muchas más certezas personales. Son propias, nadie más está involucrado, pero no puedo ignorar que siempre, después de tener conversaciones con determinadas personas, hay muchas frases o situaciones que se quedan suspendidas en mi memoria, y ahondan en las certezas.

Una de ellas, es ese juego de las monedas que él creía que podría resolver rápidamente, sin ser consciente de que mi foco no estaba puesto en el juego, sino en analizar cada palabra y gesto, de los dos, y ser capaz de sostener mi decisión de cerrar un ciclo y abrir otro, que nos deja sin certezas externas, pero que reafirma mi propia certeza de que es lo que tengo que hacer.

Muchas otras frases se han quedado suspendidas. Algunas confirman mis propias certezas, afianzándolas hasta límites insospechados, preguntándome cómo es posible que diga que desde que me conoce ha experimentado algo, que yo ya había experimentado anteriormente, pero que desde que le conozco, se ha incrementado de forma exponencial.

Me pregunto entonces cómo es posible que lo que alguien experimenta internamente, pueda influir en lo que otra persona experimenta, y hasta dónde puede escalar esta experiencia mientras el vínculo exista, y en ese momento, recuerdo el mantra "pase lo que pase", que nos hemos repetido desde que nos conocimos.

A la vez, el ruido interno lo ensucia todo. Analizo cosas que no me gustan, que me cuenta sin darles importancia, sin imaginar la sensación que deja en mí, replanteándome si es la persona que creo conocer. Entonces, me devuelve el reflejo. Yo también hago esas cosas. Y resuena su pregunta retórica "¿eres una adolescente?". No contesto, pero pienso que el que parece un adolescente es él. Entonces, surge de nuevo la certeza. La principal certeza propia. Efectivamente, "pase lo que pase".

domingo, 16 de agosto de 2026

EL TIEMPO NO EXISTE (2)

Hace semanas, que me ronda en la cabeza, de nuevo, esta frase, a pesar de que ya escribí una entrada con el mismo título hace unos meses.

Las personas que me conocen no suelen saber que los relojes analógicos, de agujas, no funcionan en los lugares en los que yo estoy.

Comencé a darme cuenta cuando me independicé. Mi madre me había regalado un reloj de cocina que siempre se atrasaba. Daba igual que cambiara las pilas, en pocos días, me daba cuenta de que estaba atrasado de nuevo, hasta que finalmente se paraba.

Compré entonces otro reloj para la cocina, y uno para él salón. En poco tiempo, volvió a ocurrir lo mismo, con los dos. En ese momento, me dí cuenta de que siempre tenía que poner en hora el reloj de pulsera. 

Hace muchos años que quité los relojes analógicos de las paredes de mi casa, y uso un reloj automático de pulsera, que normalmente tengo que ajustar la hora igualmente.

Últimamente, me he dado cuenta de que cuando estoy con determinadas personas, el tiempo transcurre mucho más rápido de lo habitual, no sólo para mí, sino también para la otra persona.

También circula una teoría que dice que el día ya no dura 24 horas, sino 16. Unos monjes tibetanos se dieron cuenta al descubrir que las velas que siempre se habían consumido en 24 horas, ahora duraban 8 horas más. Eso tendría sentido con la percepción de que el tiempo transcurre más rápido. Sin embargo, no explica por qué los relojes se atrasan cuando yo estoy cerca.

Tumbada en el sofá, junto a mi fiel compañero Pancho, pienso en todo esto y en mi mente aparece el cuadro La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí, una obra que siempre me había intrigado y que ahora comienzo a entender.

viernes, 14 de agosto de 2026

BLOG

Ha leído todas las entradas de este blog, e incluso, memorizado partes. A veces, me pregunta o me cuestiona sobre lo que escribo. Ahora no quiere escribir comentarios para intentar "desconectar" la intensidad, para no entrar en la misma dinámica del bucle. Mientras yo intento desvincularme emocionalmente, necesito vomitar mis emociones, y él necesita contenerlas.

Sabe que hay algunas entradas que no tienen fecha de publicación, y las encuentra aunque las oculte entre publicaciones de meses atrás. Las identifica porque el título es de color naranja, el color previo del hipervínculo antes de la lectura, tras la que se convierte en gris.

El blog se ha convertido en una guía de instrucciones, que lee para saber qué pienso y siento. Todo a la vista de cualquier persona que tropiece con estas líneas, pero con todo el sentido sólo para nosotros, que hemos experimentado, a fuego, el significado de cada frase. A veces, es un mensaje en código que sólo nosotros sabemos interpretar.

Es la radiografía de una relación que ha removido los cimientos de mis creencias, que ha provocado que me autoanalice hasta la extenuación, desmontando mi estructura emocional, y volviendo a reconstruirla con un paradigma completamente distinto, que se somatiza en mi cuerpo, ahora en un estado de paz y calma que muy pocas veces he experimentado. Ni una pizca de grasa. Todo músculo y hueso. Nada superfluo. Como es dentro, es fuera.

Todas las relaciones habían sido etiquetadas, sin lugar a dudas. Todas, salvo ésta, que ahora se ha convertido en otra cosa distinta a como comenzó, y que seguirá transformándose, no sabemos hacia dónde, pero que nunca desaparecerá, "pase lo que pase". Eso es lo único de lo que estamos seguros.

HACER CONSCIENTE LO INCONSCIENTE

Esta vida la has elegido tú. La has elegido muchas veces. Cada vez que no te sentías cómoda en una relación. Cuando sentías que estabas en el lugar correcto con la persona equivocada, siempre tenías la misma sensación de haberte precipitado, por no saber esperar. 

Nunca habrías sido una buena "Penélope", y aunque la vida te lo había demostrado en numerosas ocasiones, tú seguías ignorándolo. ¿Por qué no confías que ahora ocurra lo que siempre habría ocurrido si hubieses esperado?. 

Hasta el momento, siempre que has pensado "confía", tenías razón. Tu precipitación es la consecuencia de querer tener el control. No dejas que las cosas ocurran. Las buscas, las persigues. No dejas que fluyan. Fuerzas algo que no debería pasar y consigues lo contrario de lo que quieres. Te alejas más de tu objetivo. Sabes muy bien qué ocurrirá ahora. Lo mismo que todas las veces. Pero ahora ya no puedes ignorarlo. Eres consciente y puedes cambiar el patrón por primera vez.

Carl Jung dijo "Hasta que hagas consciente lo inconsciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino".  Y tú ahora ya eres consciente.

Mi diálogo interno continuó hasta que sentí una claridad mental abrumadora, un nivel de consciencia que nunca había experimentado. Escribí mis innegociables.

Pronto llegaron "las pruebas", que superé, una tras otra. Sentí que era fiel a mí misma. Logré lo que llevaba tanto tiempo buscando, coherencia interna y externa. De esta manera, lo que está fuera se ordena, y se descarta por sí mismo.

Experimenté felicidad...era como si hubiese encontrado, por fin, mi camino. No es que lo pensara, es que lo experimentaba. Era un punto de inflexión. Una evolución, una actualización del sistema, sin opciones de reset. 

Estaba rompiendo mis patrones y construyendo un nuevo presente. Mi energía había cambiado.

Estaba ocurriendo lo que tenía que ocurrir y tenía que dejar que el proceso finalizase por sí mismo. Sin prisas. Sin miedos.

martes, 11 de agosto de 2026

SANAR

Siento que, tras la necesidad de cerrar filas, vuelvo a ser yo... Siento que mi esencia fluye de nuevo, clara y libre, como el agua discurriendo entre las piedras, ladera abajo.
Sé que está de moda el contacto cero, pero esa metodología no va conmigo. Tengo la impresión de que estoy castigando o chantajeando emocionalmente a una persona que me importa. 
Puedo alejarme unos días, por autoprotección, para intentar aclarar qué es lo que quiero y necesito en ese momento, pero después debo ser yo de nuevo, o viviré en una contradicción, reprimiendo una parte de mí, que acabará saliendo por otro lado. 
Ahora soy consciente de en qué momentos he actuado y hablado desde la herida, desde el ego, centrando toda mi atención en hechos dolorosos que no dejan de ser más que una anécdota. Algo que yo también hice, y que me pueden recriminar de igual forma, con la diferencia de que la otra parte sentía cierta incomodidad por sus actos y me lo transmitió, pero yo lo oculté por completo, además de no sentirme mal por ello. 
Cuando la herida comienza a curar, y puedes alejarte, intentas observar los hechos de una manera aséptica, sin la carga del dolor, sin las ganas de revancha, sin las ganas de herir al otro de la misma manera que te has sentido herida, sin darnos cuenta de que comenzamos un bucle de daño a otro ser. 
Entonces, es cuando me miro y me pregunto "¿por qué haces esto?, a ti te gusta ayudar a la gente, y más cuando son personas que te importan, y en este caso, estás jugando a dañar a otra persona a la que quieres, que es importante para ti. ¿Dónde quedas tú?". Te ocultas bajo la herida, bajo el ego exacerbado, bajo todos los consejos que encuentras en internet sobre contacto cero, frases hechas para activar la herida en la otra persona...Sin ser consciente de que cada uno tiene que buscar su camino para poner límites a sí mismo y protegerse. Porque los límites te los tienes que poner tú, no al otro, al que además le estás cargando con la responsabilidad de que guarde silencio, de que guarde distancia contigo, ¿para qué?. Para no tener que hacerlo tú. 
Si no te habla, tal como le has ordenado, además, refuerzas la idea de que es una persona a la que no le importas, que no merece la pena, que has tomado la mejor decisión que podías tomar...poniéndote más fácil ese contacto cero que has decretado, como la reina roja de Alicia en el país de las maravillas "¡Que le corten la cabeza!". 
Vuelcas en el otro tu responsabilidad de querer contacto cero, para hacértelo más fácil, y te regocijas pensando en las veces que ha tenido el impulso de hablarte, pero no puede hacerlo porque tú se lo has prohibido. Y pìenso, ¿dónde queda todo el amor que le tenías?. ¿Ha desaparecido de un plumazo sólo porque te has sentido herida?. ¿Me siento bien actuando como una persona que no soy?. ¿Me siento bien haciendo daño a otra persona que me importa?. Y te das cuenta de la trampa en la que tu propia mente te ha metido, porque has dejado el control de tus actos a tu herida, sin importarte las consecuencias, ni ser consciente de que te traicionas a ti misma. 
Todos estos pensamientos me llevan siempre más allá. Me llevan a cuestionar las creencias, el modelo de sociedad en el que vivimos, amplificado además ahora por las redes sociales, plagadas de gurús que te dan lecciones de cómo debes manejar tus emociones. ¿Y dónde quedas tú?. ¿Dónde está la individualidad?. ¿Dónde está la esencia de cada persona?. En muchas ocasiones, reprimida bajo toneladas de recetas mágicas de platos envenenados de dolor para el otro. 
Ahora soy consciente de que cada uno vivimos una realidad diferente, en función de lo que queremos ver. Amplificamos las cosas que nos gustan y minimizamos las que nos disgustan, creando una realidad alternativa. Cuando confrontamos nuestra realidad con la realidad del otro, nos damos cuenta del quiebre, y depositamos la culpa en el otro, sin ser conscientes de nuestras propias carencias. Y en medio de todo esto, aplicamos el contacto cero para hacer culpable al otro de que su realidad no encaje con la nuestra... Esta mañana, reflexionando sobre todo esto...me he preguntado: "Ahora, que ves las cosas con perspectiva, que ya no sientes tu herida, ¿qué es lo que quieres hacer?". - "Ser yo", - me he respondido a mí misma. Y me he sentido agradecida por vivir la experiencia que estoy viviendo, por retomar el control sobre mi vida. 
He recuperado mi energía, percibiendo cientos de caminos posibles, sin sentir culpa, sin remordimientos, sin el peso de una lealtad invisible de un proyecto de vida que sólo existía en mi mente, sin miedos...abierta a seguir experimentando este juego que es la vida, pero sin traicionarme, sin causar dolor a los demás, queriéndome más, con mis propios límites claros, sabiendo qué acepto y qué no en mi vida, aprovechando el momento de quiebre para evolucionar en mi camino y elevar mi frecuencia.

lunes, 10 de agosto de 2026

CONFIAR

Cuando Pancho, mi compañero canino llegó a mi vida, la última experiencia que había tenido con otro perro había sido con Jacky, mi compañero durante la adolescencia cuando aún vivía con mis padres.
Jacky era un perro desconfiado. No permitía que accedieran a casa personas que no conocía, y no dejaba que ningún extraño se acercara a él.
Cuando yo entraba en casa, él venía corriendo por el pasillo, frenando con sus patas delanteras en mis piernas. Él estaba siempre conmigo, tumbado debajo de mi silla, mientras yo escribía o estudiaba. Dormía también en mi habitación, en su cesta. 
Nunca subió a las camas porque no sabíamos cómo iba a reaccionar.
A veces, sin saber por qué, mientras le acariciabas, te mordía. No podíamos confiar en él.
Aprendí a no confiar en los perros, a no tocarles, a mantenerme alejada, por seguridad.
Después de que Jacky muriese, no volví a pensar en convivir con perros, hasta que hace unos meses, algo me hizo pensar en la opción de vivir de nuevo con uno de ellos.
Entonces, adopté a Pancho, un perro de unos tres años, que habían abandonado en un pantano.
Cuando le conocí, intenté mantener un poco la distancia, pero fue imposible. Nada más llegar a casa, que era de noche, saltó a mi cama, para dormir conmigo. Pasé la noche intranquila, sin saber si en un momento dado, podría ponerse nervioso y morderme, pero no ocurrió.
También estuve alerta cuando mis hijos le daban besos y él les chupaba, pero muy rápido, me di cuenta de que Pancho era muy diferente a Jacky. Puedes confiar en él. Es un perro equilibrado y tranquilo. Incluso, se acerca con cautela a otros perros, y se aleja si detecta algún comportamiento agresivo en sus congéneres.
Pancho me ha devuelto la confianza en los perros. 
Mientras llegaba a esta conclusión, pensé en que, quizás, en algún momento, conozca a un Pancho de dos patas, que me devuelva la confianza en los hombres.

sábado, 8 de agosto de 2026

DESPIERTA


Era todavía una adolescente. Iba en una moto que conducía una de mis mejores amigas. Delante de nosotras, dos amigas más iban en otra moto. Éramos felices. Íbamos riendo. De repente, entramos en un túnel y la imagen se congeló en unos minutos interminables. Sólo veía la imagen congelada de mis amigas en la moto de delante, el pelo largo, rizado y cobrizo de una de ellas, al viento, pero la secuencia no cambiaba. Algo extraño ocurría. Fue entonces cuando me sentí trasladada a la camilla de un hospital. Estaba tumbada boca abajo. Sentía que mi cuerpo estaba cubierto de sangre. Había muchas personas alrededor de la camilla, que se movían nerviosos. Un hombre gritó "¡La perdemos!". Sentía que mi corazón bombeaba muy rápido, en taquicardia. Perdía la energía vital, pero ganaba otro tipo de energía sutil. Entonces, sentí que mi alma se iba desprendiendo de cada una de las células de mi cuerpo, comenzando por los dedos de los pies. Se iba despegando como cuando separas el adhesivo de una pegatina, poco a poco, en orden. Fui consciente de que estaba muriendo.

Entonces, me dije a mí misma "Despierta. Es un sueño". Poco a poco, fui despertando. Ya no estaba sobre una camilla, sino sobre mi cama, aunque mi cuerpo aún no estaba completo, mi corazón seguía latiendo en taquicardia, mi energía había cambiado. "Tranquila. Recupera el control", me dije a mí misma. El corazón fue recuperando su ritmo, y mi alma se había apegado de nuevo a mi cuerpo, aunque mi energía seguía diferente. "Por eso no me gustan las motos", pensé.

Me incorporé poco a poco en la cama, siendo plenamente consciente de lo que acababa de ocurrir, y sin darme cuenta, me vi en medio de un campo. Era un campo verde, lleno de flores. Había árboles alrededor, y los pájaros cantaban alegres. Olía a hierba fresca. El sol me acariciaba suavemente. Disfruté del paisaje, hasta que me llamó la atención una zona, no muy grande, sin hierba. Me acerqué para averiguar de qué se trataba.

Al llegar allí, me di cuenta de que había un agujero grande en el suelo. Era un pozo. Sin señalizar, sólo con unas piedras alrededor. Era muy peligroso. Me asomé con cuidado a su interior, y entonces le vi. Abajo del todo, agazapado, mirándome desde abajo, con esos ojos negros almendrados que tan bien conozco. No dijimos nada. Sólo nos miramos. Fue entonces cuando recordé aquella serie de Netflix que los dos habíamos visto años antes, por separado, y de la que él me había hablado porque le había impactado "Detrás de sus ojos". A mí también me había dejado impresionada. En esa serie también había un pozo en el que alguien había quedado atrapado. Entendí que no podía ayudarle. Cada uno tiene su proceso. Levanté una mano y la moví, como despedida. Miré a mi alrededor, y me sentí aliviada de estar fuera de aquel pozo. Lentamente, comencé a alejarme. 

domingo, 2 de agosto de 2026

TRANSITAR EL DOLOR

He estado en este lugar otras muchas veces. Un lugar donde la frustración, la decepción y el dolor lo inundan todo.

A veces, he atravesado este páramo yermo más deprisa que otras, pero sé que lo cruzaré. Todo pasa, y cuando lo hace, nos parece absurdo haber vivido esta experiencia por alguien que no lo merecía.

Muchas veces, el sufrimiento existe sólo porque inventamos narrativas que nunca ocurrirán. Damos por finalizadas historias que no terminan. Damos por hecho situaciones que nunca se darán. En ocasiones, el tiempo da la vuelta a las tornas, y es el otro quien atraviesa lo que tú ya transitaste.

En todo caso, hay que dejar fuera el ego, ser sincero y consecuente con uno mismo, y apartarte de las personas que te hieren, queriendo o sin querer, pero lo hacen.

sábado, 1 de agosto de 2026

RECORTES VERANIEGOS

 - Tienes el pelo naranja, - dice mi hija.

- Lo sé. Es lo que tiene mi pelo, tiene que cambiarse de color en cuanto llega a la playa.

Sólo hace dos días que estamos aquí, pero hasta mi pelo ya lo tiene interiorizado.

Me sigo levantando pronto, para sacar a Pancho. Más tarde, el asfalto se vuelve impracticable para sus almohadillas, y aunque vaya por la sombra, hasta llegar al césped, siempre hay tramos que sortear.

Los mismos tres hombres del día anterior, comen unos bocadillos, sentados en el suelo, a la sombra de un pequeño muro. Imagino que es su descanso laboral para desayunar.

- Hay una persona durmiendo....-susurra una mujer detrás de mí. Viene con una barra de pan debajo del brazo. La mujer vuelve a insistir-. Hay un hombre durmiendo ahí...

- Sí. Ya estaba ayer, -contesté.

La mujer parece decepcionada porque no me escandalice. Para las personas que viven alejadas de "lo social" que una persona duerma en la calle es un escándalo. Y lo es, pero ya estoy tan acostumbrada a saber cuántas personas viven en la calle, que para mí no es escandaloso verles. Lo que es escandaloso es que la vivienda sea un artículo de lujo.

Más adelante, hay un abuelo empujando en un columpio a un nieto de corta edad. Ambos parecen felices. El binomio perfecto.

Pancho y yo pasamos junto a un hombre, de unos ochenta años, con un bastón, sentado en un banco. Tiene unos folios en la mano. Los miro disimuladamente. Escrito a máquina, unos versos centrados en el papel, que lee con nostalgia. Quizás los ha escrito él. Quizás, los escribió alguien que ya no está. Me pregunto cómo se leerán las poesías cuando yo tenga ochenta años, o los hubiese cumplido si muero antes. ¿Seguirán existiendo los papeles o se leerá en un tipo de dispositivos que ahora somos incapaces de imaginar?. ¿Alguien leerá estas palabras acordándose de mí con nostalgia?. 

lunes, 27 de julio de 2026

LA ODISEA (SIN SPOILERS)

He ido a ver La Odisea, de Nolan. No voy a hablar de la película en sí. No voy a destripar el argumento, aunque muchas personas ya sabíamos lo que íbamos a ver. La historia es antigua e, incluso, mi generación disfrutamos de su argumento en la más tierna infancia con unos dibujos animados en los que Odiseo, Ulises, capitaneaba una nave espacial.

La cuestión es que la historia me ha hecho reflexionar. Ahora, de nuevo, que mi vida emocional se siente como el intento de regresar a una Ítaca que nunca fue más que una utopía. 

Me identifico con rasgos de distintos personajes. El Odiseo que muere de éxito en Troya, y se siente culpable precisamente porque a pesar de que ha logrado la victoria, ha sacrificado sus principios para ello. El Odiseo que sabe que alguien está esperándole, pero no es capaz de recordar quién. Sabe que el lugar y la persona son los equivocados, pero es incapaz de definir a dónde debe ir y quién está esperándole.

La Circe que es capaz de quitar "el disfraz" a los hombres, dejando al descubierto su verdadera identidad.

La Calypso que anhela encontrar un compañero de viaje para su vida eterna.

La Penélope que tiene el convencimiento de que Odiseo volverá, aunque yo nunca he tenido ni tendré la paciencia que ella tiene. 

Viendo la película, me di cuenta de quién era mi Odiseo particular. Sus gestos, su forma de andar... cuando aún estaba en la isla de la amnesia, algo trajo a mi presente a un Odiseo que hace muchos años, se sorprendió de que su Penélope no le hubiera esperado. 

- ¿Qué soy yo, entonces?, -me preguntó todavía con la carta que un enamorado me había escrito, y que yo le había dejado leer, como prueba de que no iba a guardar fidelidad a su inconsistencia.

Ese Odiseo sigue agazapado en mi vida. Oculto en los pliegues de la memoria, ambos conscientes de lo que pudo ser y no será. Recuerdo nuestra última conversación telefónica, hace ahora un año, donde yo le había puesto un límite claro. El silencio al otro lado de la línea, pero yo podía leer sus pensamientos. Tras titubear, reconoció que siempre había tenido esa curiosidad por experimentar lo que ninguno de los dos quisimos en su momento. Mi propuesta era todo o nada. Él tuvo miedo a perder la estabilidad de una Calypso, por la promesa de una Penélope que elegiría a otro pretendiente en cuanto él izara velas.

Un Odiseo y una Penélope que saben que el otro es el adecuado, si fueran capaces de mantener la coherencia de sus personajes, pero ¿qué sentido tiene si ninguno de los dos guarda su esencia?.

viernes, 24 de julio de 2026

PEDIR PERAS AL OLMO

A veces, pedimos peras al olmo. Somos así. Aunque el olmo nos esté avisando de que no puede dar peras, nosotros seguimos pacientemente esperando a que alguna pera caiga.

Yo soy una de esas personas que cree que con tesón y paciencia, todo se puede, incluso,  hasta que un olmo te dé peras, pero obviamente, estoy equivocada. Es cierto que en alguna ocasión se ha obrado el milagro, pero no en este caso que me ha recordado hoy esta frase.

Mi tesón y paciencia no han sido suficientes, y me he cansado de esperar. Es hora de colocar las cosas en su sitio y buscar un peral si lo que quiero son peras.

Quiero mucho al olmo, pero tengo que encontrar un peral. De paso, dejo hueco en el olmo para que otra persona venga a pedirle peras, a ver si alguien consigue obrar el milagro.

lunes, 20 de julio de 2026

COMO ANTES

Cada noche, me visitaba en sueños, aunque durante el día mi cabeza estuviese ocupada en otras cosas y en otras personas... Personas interesantes e interesadas en construir conmigo.

Pero...cosas del subconsciente, en mis sueños sólo aparecía quien no quería construir, quien rechazaba el compromiso porque lo interpretaba como falta de libertad, aunque siguiera presente de alguna manera, después de que yo marcase unos límites muy claros que nunca podría traspasar. 

NUNCA. 

Se lo recalqué aquella noche, que insinuó que quizás en algún momento, las cosas podrían ser como antes. 

Nunca más serían como antes, eso lo tenía claro. Yo lo tenía claro. Quien no lo tenía claro era mi subconsciente, que lo traía todas las noches para hacer que las cosas fueran como antes.

viernes, 10 de julio de 2026

DÍAS DE PLAYA

Nunca me ha gustado el ambiente playero. Me refiero a los lugares donde se concentra un gran número de personas, en poco espacio y durante breve tiempo, principalmente, las semanas comprendidas entre julio y agosto.

No me gustan las playas atestadas de gente, en las que siempre hay un gran número de sombrillas y sillas solas, en primera línea de mar, que alguien colocó a primera hora de la mañana, principalmente alguno de los abuelos, para que la prole pueda disfrutar de tocar las olas con los pies sin moverse de la silla, o mirar a la inmensidad del mar, sin nadie delante. No cuentan con que tendrán un desfile constante de gente que pasea por la orilla, o que juega a las palas.

Yo soy uno de los estorbos que pasea por la orilla. Nunca me ha gustado tumbarme en la arena a tomar el sol. Necesito moverme, y además es lo que aprendí de pequeña con mi abuela y mi madre. Ellas siempre paseaban de lado a lado de la playa, daba igual lo larga que ésta fuera.

Mientras paseo de lado a lado, escucho las conversaciones, observo sus gestos. Algunas parejas con niños pequeños, pero la mayoría se trata de familias extensas. Todo el clan trasladado a la playa.

Sin embargo, hay momentos en los que me quedo quieta unos minutos. Al salir del agua, me siento en la toalla, me quito la parte de arriba del biquini, me tumbo, y me seco un momento al sol. Vuelta y vuelta. Poco tiempo, pero el suficiente como para analizar el árbol genealógico de las personas que están a mi alrededor. Establecer las alianzas y lealtades, y cuál de sus familiares le está estropeando a cada uno las vacaciones, porque en ningún clan se salvan de criticar, al menos, a uno de los suyos. Y yo pienso "qué ganas de fastidiarse los días de descanso".

miércoles, 8 de julio de 2026

TARDE DE DOMINGO

- Tienes unas manos muy bonitas.

- Tú también tienes unas manos muy bonitas, -me responde.

-  Me gusta lo que le has contestado, -le digo cuando me enseña su respuesta a una persona en Facebook-. Escribes muy bien.

- Tú sí que escribes muy bien. 

Comenzamos a hablar en inglés, para que no nos entiendan en el restaurante.

- Podemos usar la misma toalla, -me dice después.

- ¿En qué piensas?, -pregunto.

- En nada. Sólo te miro.

Cuando me voy, me mira fijamente. 

- Si me miras así, me vas a hacer llorar, -le digo.

- I'll let you know.

Una misma alma en dos cuerpos

Cuando estaban juntos, perdían la noción del tiempo. Las horas parecían minutos. Siempre arañaban las horas al sueño. Daba igual lo cansados que estuvieran, encontraban la manera de verse después de las obligaciones familiares y laborales.

Aquella tarde, el plan comenzó más tarde de lo esperado. La idea inicial tuvo que acortarse, pero él encontró una alternativa, casi mejor que la idea original, en la que pudieron alargar la noche.

A oscuras, observaban la luna amarilla saliendo por detrás de las montañas. Miraban el cielo, señalando los aviones, las estrellas y luces que imaginaron de origen alienígena. Él vio una estrella fugaz.

Los perros, que habían hecho buenas migas, de vez en cuando, perseguían el reflejo de la luna en las ondas del agua, o ladraban a algo que ellos no podían ver en la oscuridad.

Su plan inicial de comportarse sólo como si fueran amigos, había fracasado.

Entrada la madrugada, comenzaron a sentir frío, y decidieron regresar a casa. Como siempre, la conversación no decaía, pero fue tomando unos derroteros controvertidos.

Él propuso alargar la noche en su casa, y delante de dos tazas de café, ambos confesaron.

Los dos reconocieron haber imaginado lo que el otro había hecho. Ella se indignó. Él aparentó no sentirse molesto, pero rumiaba... 

Ella ya había intentado irse antes."Lo nuestro es cíclico", dijo él. La contuvo cuando ella se levantó para irse. "No digas o hagas algo de lo que te vas a arrepentir", pidió él. Ella se contuvo. Él reconoció que solía proyectarse en el futuro haciendo cosas con ella. De hecho, horas antes, él había dicho que tenían que hacer distintas actividades juntos. 

Él le pidió que le diera la mano. Ella agarró su mano, y él colocó su otra mano sobre la de ella. Guardó silencio, cabizbajo. 

"Es difícil de explicar", -dijo él.- "Pero cuando me has dado la mano, he recordado un sueño que tuve. Era un niño y estaba en un parque. Una niña vino a buscarme. No recuerdo la cara de la niña. Era todo muy inocente, éramos sólo niños... Ella quería que entrase en un lugar, pero yo no quería". Luego, le explicó que podría enamorarse de ella, pero que intentaba controlarlo porque no quería perder su libertad.

Ella le dijo que no se puede controlar estar enamorado de alguien, y que ella ya lo estaba de él, pero que no se trataba de eso, sino de la conexión tan fuerte que había entre ellos, que iba más allá del enamoramiento, cuando ambos podían sentir lo que le ocurría al otro, casi escuchar sus pensamientos. 

Dos personas tan parecidas, dos espejos reflejando imágenes tan intensas al otro, no podría soportarse demasiado tiempo.

La madrugada había avanzado, de nuevo, sin que ellos fuesen conscientes. Estaban cansados. Luna había vomitado. Ella cogió papel para limpiar. Él la siguió con una bolsa para tirar el papel. "Lo limpias igual que yo", dijo él. "Como tantas otras cosas que hacemos igual", pensó ella.

Se abrazaron. Se besaron. 

Ella calló lo que había pensado días antes, cuando él hizo un comentario que la dejó preocupada por su salud y pensó que si algo le ocurría a él, ella le cuidaría. Esperó que ese pensamiento no se tratara de una de esas certezas que la habían perseguido desde niña.

Ella condujo hasta casa, herida por una confirmación. Pensó en él, que tendría que digerir y procesar una sospecha que se había hecho real. Sintió entonces los pensamientos intrusivos de él al verla conectada al WhatsApp, hasta altas horas de la madrugada, hablando con alguien que no era él.

Una misma alma en dos cuerpos, que utiliza a personajes secundarios, para herirse a sí misma, y aprender una lección que todavía no sabemos cuál será. "Olvídate de los demás. Esto es sólo sobre nosotros", le había dicho él.


martes, 7 de julio de 2026

LUNA



Cada vez que ella se acordaba de él, subía a su estado de WhatsApp la foto que él hizo la última noche que estuvieron juntos.

Era la foto de la luna, suspendida sobre el embalse, reflejada en sus aguas. Una luna que se había asomado tímidamente tras una colina y que había avanzado rápidamente hasta lo alto del cielo. 

La velocidad de la luna fue la prueba de lo rápido que pasaba el tiempo cuando estaban juntos. 

Subir esa foto a su estado era su forma de decirle "sigues en mi mente".

lunes, 6 de julio de 2026

EL HOMBRE QUE SE HACE FOTOS DEL LADO DERECHO

Una vez que fui capaz de soltar la proyección que me había hecho de él como pareja, quedó únicamente el hombre que se hace fotos del lado derecho.

El hombre que, sin pedírselo, me había hecho un retrato y me lo había regalado con una dedicatoria.

El hombre que leía mi blog para poder saber qué era lo que sentía y pensaba y que, a veces, hacía comentarios.

El hombre que, desde el primer momento, temió que yo desapareciera de su vida.

El hombre que me presentó a su hija, y que conoció a mis hijos, cuando comimos todos juntos aquel domingo.

El hombre que se coloca detrás de mí en los conciertos, agarrándome por detrás.

El hombre que me recuerda a un adolescente cuando se pone nervioso.

El hombre que envía audios a horas intempestivas, mezclando el español y el inglés.

El hombre que me propone visitar lugares inconfesables.

El hombre que coge la guitarra y me da un concierto improvisado en cualquier momento.

El hombre con un corazón inmenso que teme herir y que le hieran.

El hombre al que le gusta molestar a los patos del parque.

El hombre que se preocupa por todos los que le rodean.

El hombre que te pide que leas la letra de las canciones que te enseña.

El hombre con el que puedo hablar de cosas que no puedo hablar con otras personas.

El hombre que se hace fotos siempre del lado derecho...

Había soltado aquella imagen ideal de pareja que nunca sería, pero no quería soltar al hombre real que conocía tan bien.

Así que, tras pensarlo mucho, le hice una pregunta, casi infantil, y él contestó "of course".

domingo, 14 de junio de 2026

UN ARBOL

Te sientes como un árbol, y quizás por eso dibujas árboles. De manera inconsciente, te dibujas a ti. Tienes ramas largas y un tronco fuerte. Tus raíces son profundas. Eres un árbol resiliente, que ha resistido todas las tormentas. 
Tu energía lo inunda todo a tu alrededor, como la sombra que da un árbol. Cambias la vida de las personas que te conocen, aunque quizás no seas consciente de esto, o no quieras serlo. 
Eres un árbol protector. Cuidas todo lo que tienes a tu alrededor. Las personas, los animales... Y me pregunto, ¿quién te cuida a ti?. ¿Quién riega esas raíces profundas que te sujetan?. Imagino que un poco cada una de las personas que nos acercamos a ti, que nos cobijamos bajo tu sombra. 
Contigo he entendido mi mecanismo de defensa, porque tienes el mismo. El mío es más sutil. Disimulo, pero acaba igual. Me voy desconectando de los demás cuando el vínculo me exige lo que yo entiendo como demasiado, cuando siento que estoy perdiendo mi libertad, cuando siento que empiezo a dejar de ser yo. Me desconecto hasta que me voy por completo. 
Ahora empiezo a entender que el problema no eran los otros. El problema era yo, que cambiaba para adaptarme a lo que el otro esperaba de mí, en lugar de irme al principio, cuando descubría que no querían ver cómo soy, que lo que pretendían era que yo cambiase y me amoldase a lo que ellos querían. Cambiaba esperando su validación y que me quisieran, y en ese juego, yo me perdía. 
Estos meses, cuando entendí qué me ocurre, comencé a trabajar en mí. Ya no soy la misma persona que conociste. He cambiado mi forma de pensar y de actuar. No necesito a nadie para sentirme completa, porque me siento bien como estoy. Me siento en paz, en calma, enfocada en el día a día, en los niños, ahora en Pancho, en el trabajo, en mis amigos y amigas, y en mí. 
A la vez, quiero disfrutar de ti, tan adulto a veces, y otras veces, tan niño, que me enseña cómo le gustan las cosas. Cómo arroparse en la cama, cómo cocinar, cómo lavarse las manos, cómo colocar los vasos, dónde dejar los huevos en la nevera... 
Me gusta cobijarme en la sombra de tu árbol, y a la vez, regar tus raíces. Ayudarnos mutuamente a crecer y cuidarnos a nuestra manera. Sólo hacer lo que nos apetezca, y hacerlo porque queremos hacerlo, no por obligación, sino como buenos amigos.

sábado, 30 de mayo de 2026

DEJAR SER

Mi rutina ha cambiado con la llegada de Pancho. Madrugo más por las mañanas para poder sacarle antes de ir a trabajar, y estoy en la calle hasta las once de la noche, aproximadamente, cada día, para darle su último paseo. Los fines de semana, a veces, hasta más tarde.

Se acabó despertarme los fines de semana y comenzar a escribir todavía sentada en la cama. Puedo hacerlo, pero siempre después de haber sacado a Pancho a la calle y darle el desayuno.

He dejado de escuchar podcasts mientras paseo, porque prefiero escuchar los sonidos del entorno si Pancho viene conmigo. De esta manera, soy consciente del canto de los pájaros, del ruido del agua en el río, del murmullo del viento entre las copas de los árboles. 

Sigo disfrutando de momentos como ahora mismo. Un sábado que los niños están con su padre. No tengo que pensar en preparar comida para ellos. Puedo estar sentada en el sofá, escribiendo, con Pancho tumbado a mi lado, y los peces payaso y Vulpinus observándome desde el acuario marino, a ver si me acerco a darles comida, de nuevo.

Disfruto de esta soledad relativa, rodeada de animales pacíficos, que se encuentran alineados conmigo, como si nuestras energías se hubiesen equilibrado para darnos paz.

Así me siento también respecto a él. No hay un reclamo ansioso. Me deja ser. Él mismo necesita esos momentos de soledad e introspección, de los que siempre se disculpa, pero que yo entiendo tan bien, tanto su necesidad de paz como el impulso de explicarse, porque en el pasado, algunas personas se enfadaban cuando yo explicaba que me sentía feliz aunque ellos no estuviesen conmigo. Quizás, confundían la felicidad con la compañía, sin querer entender que puedes sentirte muy solo e infeliz acompañado, y muy acompañado y feliz en soledad.

De esa aparente contradicción, quizás surge la calma y paz que siento en general, incluso, cuando permanecemos abrazados en silencio, mientras escuchamos música y dormitamos, dejando que el otro sea. Siendo conscientes de que no podemos exigir al otro lo que no somos capaces de dar. Dos almas libres que se eligen aquí y ahora, sin expectativas, sin obligaciones, sin reproches. Simplemente, siendo, como Pancho junto a mí en el sofá, como los peces payaso y Vulpinus en el acuario, nadando en calma, dejàndose llevar por la corriente.


sábado, 9 de mayo de 2026

Pancho llegó a la familia un jueves, a las dos de la madrugada

Hace unas semanas que comparto mi cama con alguien. Él espera paciente cada noche a que le deje tumbarse a mi lado. Cuando le llamo por su nombre y doy una palmadita sobre el edredón, sube de un salto y se acurruca junto a mí, pegado a mi espalda, aunque va cambiando de postura durante la noche, en silencio. Por la mañana, espera paciente a que me duche, me vista y me prepare. Cuando ve que salgo de la habitación, baja de la cama dando un salto, y me acompaña hasta la entrada, donde le pongo la correa para salir a la calle.

"Barrabás llegó a la familia por el mar, apuntó la niña Clara con su delicada memoria". Desde hace unos días, la primera frase del libro "La casa de los espíritus", ronda mi memoria. Esa primera frase me atrapó, hace más de treinta años, cuando leí el libro siendo una adolescente, y como ocurrió con "Cien años de soledad", todo lo que describían, me resultaba tan familiar, que pensaba que la realidad era realmente esas historias, mientras mi vida insulsa de estudiante adolescente era un mero disfraz que debía vestir, para que mi identidad de otra Clara no fuera descubierta.

Pancho llegó a la familia un jueves, a las dos de la madrugada. Me lo trajo un chico que se lo encontró abandonado en un pantano. Él se lo había quedado durante unos meses, mientras buscaba a alguien que se lo quedara definitivamente. Yo le encontré, por una serie de casualidades, a pesar de que nos separaban cientos de kilómetros.

Antes de tomar la decisión, senté a los niños en el sofá. Necesitaría su ayuda al mediodía, cuando ellos llegaran del instituto antes que yo del trabajo. Tendrían que sacarle a la calle. Los dos estaban dispuestos. Iria, con su madurez habitual, me preguntó "Mamá, ¿estás segura?. Un perro conlleva mucho trabajo y responsabilidad". Le contesté que lo sabía. Ya había tenido un perro. Me lo regaló mi tía cuando era una adolescente, y mis padres me dejaron claro que yo era su única responsable. Así fue durante muchos años. No fue fácil porque Jacky era un caniche desconfiado y territorial, que no permitía carantoñas, ni arrumacos. No permitía que personas ajenas a la familia se acercaran a nosotros. Si yo estaba en casa, estaba conmigo donde yo estuviese. Si yo no estaba, se quedaba con mi madre. Era un perro muy inteligente, que entendía todo lo que hablábamos. Desconfiado y asustadizo, atacaba como prevención. Conservo la marca de uno de sus dientes en una mano, a pesar de que no solía ser agresivo conmigo. Nunca lo fue con mi madre, a la que identificaba como la dispensadora de comida. Con mi padre y mi hermano era distinto. Les mordía cuando menos lo esperaban, al igual que a los invitados, a los que nunca podíamos dejar a solas con él. 

Con unos quince años, le detectaron un tumor en los riñones y mi madre, sin decirnos nada, para evitarnos el sufrimiento, tomó la decisión de dormirle. Para ella fue muy duro ser quien le llevase hasta el veterinario aquella mañana. A veces lloraba recordándole. "Cuando vio que le dejaba allí, me miró como preguntándome por qué me iba sin él", me decía ella con los ojos llenos de lágrimas. Podía imaginar la mirada de esos ojos negros penetrantes, con los que se comunicaba de manera tan eficiente sin necesidad de palabras. "A veces, escucho sus pisadas detrás de mí en la cocina", seguía ella. Yo también le escuchaba. 

Las primeras horas con Pancho fueron cruciales para entender que no todos los perros son desconfiados o agresivos. Cuando le vi en persona por primera vez, y le toqué, él respondió a mi caricia, con lametones y subiendo por mis piernas. Después de una breve conversación con el chico que me lo trajo, cogí la correa y se vino conmigo como si me conociera de toda la vida. Husmeó la urbanización, el portal, las escaleras y toda la casa. Insistió en las puertas de las habitaciones de los niños, que estaban cerradas porque ellos dormían en el interior. Me puse el pijama y me senté en la cama. Él tenía una cesta preparada en mi habitación, pero en lugar de acostarse en ella, dio un salto y se tumbó en la cama junto a mí. Me sentí inquieta porque nunca le había permitido a Jacky subir a mi cama. No habría podido dormir tranquila. También me desperté muchas veces durante esa primera noche, comprobando si Pancho continuaba a mi lado. Esa primera noche, quizás sin saberlo, Pancho comenzó a darme una lección de confianza que todavía continúa. A veces, la vida pone en nuestro camino las experiencias necesarias para sanar, y en ese proceso estoy, hasta que este libro finalice, como "La casa de los espíritus", "Y a mí me lo dictan ellas, que son las verdaderas dueñas de este relato".

viernes, 1 de mayo de 2026

OTRA DIMENSIÓN

 Ya le había ocurrido otras dos veces.

La primera fue en la cocina de su casa, cuando dos personas que no deberían haberse conocido, lo hicieron. Ella era el único punto en común,  uniéndole a cada uno de ellos en un vínculo muy fuerte.

De repente, la realidad se dividió en dos, como cuando eliges dividir la pantalla en el ordenador, y cada uno muestra un documento o web diferentes, pero en este caso, no se trataba de documentos, sino de vidas.

En un lado, salía la vida que vivía, y en el otro lado, una vida completamente diferente, pero en ambas estaban las otras dos personas. Si bien en su vida actual, esas dos personas no tenían un vínculo entre ellas, en la otra vida, ambos eran familia.

La visión de esas dos vidas al mismo tiempo, experimentando las emociones, y recordando los diferentes acontecimientos que habían llevado hasta esa escena, que era la misma, pero con dos significados completamente diferentes, la provocaron un mareo repentino, que la obligó a apoyarse en la pared para no caer.

En la segunda ocasión, se encontraba en la casa de él. El personaje masculino del anterior desdoblamiento de realidad. Fue al baño. Hasta allí la siguieron el gato y la perra. Se vio reflejada en el espejo junto a ellos y se sintió transportada. En esta ocasión, no veía dos realidades. Se encontraba completamente dentro de otra realidad, en la que no era una invitada, sino la persona que habitaba esa casa, junto a los dos animales, y el hombre que la esperaba en el salón, ajeno a su percepción. Permaneció inmóvil durante unos segundos y se recompuso. Cuando salió del baño, todo giraba a su alrededor. Se recostó en el sofá junto a él, le explicó lo que le había ocurrido. Él le pidió que permaneciera tranquila y esperase a que el mareo remitiera.

La tercera vez ocurrió en un escenario completamente diferente. Era de noche. Los niños dormían. Ella se despertó y vio al perro sentado junto a ella, incorporado, mirándola, en alerta, como si algo acabase de suceder. Se levantó y recorrió la casa a oscuras. Los niños no estaban. Sólo ella con el perro. Volvió a la habitación. Se sentó un momento en la cama. El perro seguía alerta. Volvió a levantarse y a recorrer la casa. Los niños dormían en sus camas. Tranquila, se acostó de nuevo. El perro saltó a la cama junto a ella y durmió toda la noche acurrucado a su lado, como si temiera sentirse solo si algo extraño volvía a ocurrir.

domingo, 5 de abril de 2026

REGLA 80/20

A raíz de ver la serie Adolescencia, y entender en qué se basa la regla 80/20, de la que hablan, además del término "incel" para calificar a los hombres que sienten que viven un celibato involuntario, me preocupa hacia dónde pueden derivar estos pensamientos y la influencia que pueden tener en mis hijos adolescentes, y en nuestra sociedad en general.

Voy a simplificar mucho estos conceptos. Básicamente, son hombres que piensan que el 80% de las mujeres, nos fijamos en el 20% de los hombres, y que ellos, al no estar incluidos en ese 20%, se ven obligados a no poder mantener relaciones sexuales, si no es pagando a una mujer por acostarse con ellos.

En primer lugar, se está cosificando a la mujer. Se parte de que todas las mujeres somos iguales, y que nos interesan el mismo tipo de hombres. No he profundizado en cuál debe ser el estereotipo de hombre que nos atrae, pero puedo imaginar que debe ser físicamente atractivo, -alto, fuerte, guapo-, y con un alto poder adquisitivo. Por tanto, todos los hombres que no cumplen esos strandares, serían invisibles para la mayoría de las mujeres. Ante el miedo al fracaso, algunos hombres deciden que son "incel", ocultando una baja autoestima y una absoluta incapacidad de autocrítica. La culpa es de las mujeres y esos hombres que cumplen los supuestos strandares para hacerles más atractivos, y que les desbancan simplemente por existir. Los incel son meras víctimas de esas mujeres empoderadas y de esos hombres tocados por la suerte al nacer.

Estas teorías no ven más allá de sus narices, obviando que cada ser humano es diferente e irrepetible, que cada persona se siente atraída por determinadas cualidades del otro, y que el mundo de las relaciones no se circunscribe sólo al sexo, habiendo muchos otros sentimientos y emociones que se desencadenan en el mundo relacional como son la empatía, el cariño, el amor, el compromiso, la lealtad, la ternura...que son los que realmente crean el vínculo entre dos personas.

Sin embargo, parece que ese movimiento se desvincula por completo de lo emocional, reduciéndolo todo a la probabilidad que tienen de acostarse con mujeres, y creyendo que si no van a tener éxito, entonces se autoproclaman célibes involuntarios, que es lo más cómodo, porque no les supone esfuerzo y además, la culpa es de todos los demás. Las mujeres, en general, y ese 20% de hombres que ellos calificarían de exitosos.

No me sorprende que una parte de la sociedad, afortunadamente, por el momento, no muy numerosa, llegue a este tipo de conclusiones. En un mundo en el que prima la ley del mínimo esfuerzo, y la paradoja de las redes, en la que cuanto más conectados estamos, más soledad hay, y donde los algoritmos nos muestran sólo lo que queremos ver, es el mejor campo de cultivo para que este tipo de movimientos tenga éxito.

En el año 2014, hace ya doce años, hablé en este blog sobre cómo los roles entre los hombres y las mujeres están cambiando.

El reto

Un reto aún mayor

Al margen de los roles

Reflexiones varias 

El hombre proveedor económicamente ya no tiene sentido en un mundo occidental en el que las mujeres somos proveedoras económicamente también. Los roles tradicionales se han desdibujado, y esto implica que, tanto hombres como mujeres, tengamos la necesidad de aprender a relacionarnos con el otro más allá de esos roles, entendiendo al otro como un igual, y no como un rival. Cada uno con sus peculiaridades, más allá de su género, y entender que todos y todas tenemos fortalezas, debilidades, inseguridades, deseos y emociones.

Pensamientos como la regla 80/20 o el movimiento incel, simplifica y cosifica al otro, y nos aleja de verle como un ser autónomo e independiente, con sus propias ideas y gustos, con cuya interacción nos entendemos y crecemos como persona, dándonos la posibilidad de construir vínculos y relaciones sanas, que a su vez, contribuyan a fortalecer los cimientos de sociedades plurales, conscientes de la riqueza que aporta cada persona, a nivel individual, con sus potencialidades, que unidas a las potencialidades de los demás, garantice el apoyo y el cuidado mutuo, alejado del odio y los miedos sin fundamento.

Creo que nos corresponde a los que hoy somos adultos, y que hemos crecido en entornos donde las redes no existían, en hacer entender a nuestros hijos e hijas que todos hemos sufrido inseguridades, como parte del crecimiento y evolución de nuestra personalidad, y que deben ser conscientes de ellas, e integrarlas como algo normal, a lo que hay que enfrentarse y superar, en lugar de que sea lo que los defina y los limite en la capacidad de tener una vida plena.


ADOLESCENCIA (SPOILER)

Me la habían recomendado en múltiples ocasiones, pero lo había pasado por alto, hasta que un comentario de alguien el otro día me recordó que la tenía pendiente. 

Desconocía la trama. Sólo sabía que se trataba sobre la adolescencia. Me ha gustado. Creo que aborda un problema que tenemos como sociedad, en el que convergen múltiples factores de los que hablaré en otra entrada. Ahora mismo, sólo voy a centrarme en la serie, de manera cronológica.

En primer lugar, me gusta cómo la cámara sigue a los personajes, convirtiéndose en un personaje más. Con sus movimientos, consigue meterte en el medio de la acción, como si fueras un espía invisible.

Algo que me ha llamado la atención es la naturalidad con la que trata el comportamiento de los distintos profesionales. Desde el cuerpo de la policía, como el profesorado, la psicóloga que hace la valoración en el centro de internamiento, o el vigilante. Describe la cotidianidad, vulnerabilidad, el conflicto interno, la sensibilidad, la humanidad, la ineficacia, la negligencia o el desbordamiento de algunos de esos profesionales, huyendo de los arquetipos idealizados para confrontarles con las situaciones que se dan en la realidad cotidiana.

Hace un retrato descarnado de la realidad en los institutos. El bullying como un comportamiento normalizado, la falta de autoridad de los profesionales, el código propio con el que se comunican los adolescentes, totalmente desconocido por los adultos, incluidas las figuras parentales.

La conversación entre la psicóloga y el protagonista es muy reveladora. Se muestra a un chico frustrado, con muy baja autoestima, que se siente fracasado, a pesar de su corta edad. No ha llegado, ni cree que pueda hacerlo nunca, a cumplir las expectativas que supone que su familia y la sociedad ha volcado en él. Busca una aprobación que no llega. Sus ataques de ira contra la psicóloga, cuando le confronta, da una idea muy clara de cómo debió ser la escena que desembocó en el asesinato. La falta de herramientas para manejar el rechazo provoca una ira incontrolable, que unida a la oportunidad y al arma adecuada, finaliza en un hecho atroz.

La familia es señalada, convirtiéndose también en víctimas del crimen. Los padres se culpan. Se preguntan qué han hecho mal, qué cosas podrían haber hecho diferente. Hablan sobre él en pasado, como si ya no existiese. Cada uno lo maneja de manera distinta. El padre más con el peso de la culpa. La madre ambivalente, sintiéndose culpable pero también siendo consciente de que es imposible tener todo bajo control. La hermana tiene una visión más objetiva y real de la situación, quizás porque no siente la responsabilidad que presentan los progenitores.

La escena final del padre sustituyendo a su hijo por el peluche, arropándole en la cama, procurándole un lugar seguro, resume esa frustración de haber fracasado como padre protector.

Sin duda, una serie para reflexionar. Tanto las figuras paternas, como los profesionales, y los adolescentes. La serie no retrata un hecho aislado, sino una realidad de la que debemos ser conscientes. Esta vez el resultado ha sido un asesinato, pero en otros muchos casos, la misma situación se ha convertido en un suicidio.

Los componentes son los mismos. Situación de bullying, ideas de que no son suficiente, frustración, creer que su vida es y será un fracaso, silencio, introspección... Unido a una personalidad que todavía se está formando, se convierte en un cóctel mortal que le arrastra a él o a ella, o a otra persona que se cruza en su camino.

miércoles, 1 de abril de 2026

EL TIEMPO NO EXISTE

Me encontraba en ese santuario al que recurro siempre que puedo. Mi lugar de paz. Tumbada en la bañera, sumergida en el agua caliente, mi mente retrocedió más de 25 años atrás.

Un encuentro inesperado con alguien de mi pasado, me transportó a aquel momento en el que la empresa constructora de mi piso, me dio las llaves. Fue una tarde muy emocionante, donde todos los vecinos recibimos la preciada entrada a nuestras casas. Algunos ya eran amigos. Otros, desconocidos, pero la vida tenía preparadas muchas sorpresas para nosotros. De hecho, uno de estos vecinos, en aquel momento, desconocido, se convirtió en mi pareja durante ocho años, un tiempo después, pero eso ya es otra historia.

Aquella tarde, mi pareja de aquel momento, me dijo algo inapropiado. Algo que ya no recuerdo. Otro vecino, que estaba junto a nosotros, intervino y me ofreció llevarme a mi nueva casa si mi pareja no podía hacerlo.
Este vecino se encontraba solo. Había roto con su pareja, con la que había comprado el piso. La felicidad que la gran mayoría sentíamos, para él era una sensación agridulce.

No sé cómo, cuando llegamos a la urbanización, y subimos a los pisos, ya noche cerrada, y sin electricidad todavía, sólo alumbrados por linternas y la luz de la calle, este vecino que se encontraba solo, subió conmigo a mi casa. Recuerdo que nos acercamos a la ventana del salón y nos asomamos, en penumbras. Era noviembre y hacía frío. No recuerdo si había alguien más con nosotros en ese momento. Sólo le recuerdo a él. Después, fuimos nosotros quien le acompañamos a su casa.

Unas semanas más tarde, le encontramos con su ex pareja. Parecía que habían retomado la relación y nos alegramos por él. Todo lo demás, es historia.

Abrí los ojos y me vi sentada en la bañera, en uno de los baños de ese piso que acababa de estrenar. Ya había luz, y agua caliente. Habían pasado también más de 25 años, aunque para mí hubiesen transcurrido sólo unos segundos. Pensé entonces que el tiempo no existe. Es una construcción que nuestra mente necesita para darle sentido a los acontecimientos de nuestra existencia, pero podemos revisitar esos lugares y vivir de nuevo esos momentos, aunque no sea lo que realmente está experimentando nuestro cuerpo.

En esos pensamientos, resonó una frase de Rubén, una persona que fue muy importante para mí en una época determinada. "Vas a destrozar tu futuro si sigues pensando que la vida es circular". Me lo decía él, que presumía de saber "detener el tiempo". Y, en efecto, el tiempo se detiene, y hasta retrocede, y cuando te das cuenta, han pasado 25 años, has tenido hijos, has tenido otras parejas, otros trabajos, seres queridos que ya no están, has evolucionado, y no sabes por qué, personas del pasado aparecen de nuevo en tu vida. De repente. Sin buscarlos. Quizás, sólo para recordarte que la vida es sueño, que todo depende de tu percepción de las cosas, que puede que haya vidas paralelas en las que las cosas ocurrieron de otra manera, y hay retazos que, de vez en cuando, se cuelan en esta vida que ahora percibes como única, cuando no se trata más que de un encadenamiento de variables y decisiones determinadas que hacen que las cosas sean como percibes que son.

Recuerdo entonces la mirada de una perra, con su cabeza apoyada en mis rodillas, y un gato sentado a mi lado, mirándome fijamente. En ese momento, sentí que los tres estábamos atrapados en otra vida posible. Escuché entonces su voz "La perra se comporta diferente cuando tú estás en la casa."

martes, 17 de marzo de 2026

ELEGIDO

Hay personas que lo llenan todo. No hay espacio para nadie más. Incluso, sin quererlo, sin proponérselo, casi evitándolo. Cuando te das cuenta, a pesar de que no quieras, estás atrapado. 

Te ayudan a evolucionar en muchos aspectos de tu vida. A nivel intelectual, creativo, espiritual... Dibujan, escriben, tocan algún instrumento, cantan, componen... Las conversaciones nunca decaen. Los silencios están llenos de significado, a través de miradas que hablan.

Intentas alejarte. Valoras otras opciones... Al final, te preguntas por qué sigues buscando algo que ya tienes. Anticipas la pérdida. No puede ser tan perfecto. La realidad es que nadie más tiene cabida si ellos están presentes. Ni siquiera en su ausencia, sientes que se han ido. Les has elegido sin ser consciente. 

sábado, 14 de marzo de 2026

NUEVA VERSIÓN

Me puso sobre la pista alguien muy cercano, hace unos meses. "Mi hija dice que no querría tener un novio como yo". Lo dijo mirando al vacío, evitando mi mirada, intentando no mostrar emoción, mientras yo pulsaba el botón del ascensor. Le pregunté por qué, pero no contestó. No era necesario que contestara. Esa frase se ha quedado suspendida en mi mente durante todos estos meses.

El otro día, escuchando el podcast de Gabriel Rolón del que hablo en otra entrada del blog, recordé esa frase, cuando el psicoanalista hablaba sobre la pregunta que nos haríamos a nosotros mismos, si somos la persona que queremos ser.

Pensé también en que mi hijo adolescente ha comenzado su incursión en el mundo sentimental, y observo en él patrones que yo también he tenido, pero sobretodo, pienso en qué tipo de vínculo está creando, y si él elegiría a una pareja como yo.

Mezclando todas estas cuestiones en mi cabeza, llegué a la conclusión de que no me gustaría que mi hijo tuviese una pareja como yo, y que además, tampoco soy la persona que me gustaría ser. Al menos, no en su totalidad.

"¿Qué tengo que cambiar para ser la persona que quiero ser?", me pregunté. Lo sabía. No era necesario pensar. Comencé a hacer los cambios necesarios. Primero, en mi forma de analizar las cosas. Me di cuenta de los impulsos que me movían en mi anterior versión. Los retuve. Analicé. Ya no encajaban. Deseché. Los cambié por los que encajan con mi nueva "yo".


viernes, 13 de marzo de 2026

¿MERECE LA PENA?

Intentando entenderle, se entendió a ella misma. Se dio cuenta de que ella tenía su mismo comportamiento, aunque más sutil, más sofisticado, en silencio...porque ella no contaba lo que sentía, como él sí hacía.

Entendiéndole, comprendió porqué había terminado todas sus relaciones. Entendió por qué se fue y también que estaba haciendo lo mismo con él. Fue consciente de que se estaba desconectando poco a poco, y en silencio, como quien abandona una habitación en plena noche, mientras su amante duerme tranquilo en la cama que han compartido, de puntillas y con los zapatos en la mano, para no hacer ruido, para no despertarle. De esta manera, cuando él despierte, ella estará lo suficientemente lejos como para que la huida sea un éxito. Él no tendrá capacidad de reacción. 

Por este motivo, ella callaba. Si él no escribía mensajes, ella tampoco. A veces, escribía algo neutro, y cuando él contestaba, ella tardaba en responder. Tampoco decía nada si habían hablado sobre quedar, pero finalmente, él no confirmaba. Se trataba de un motivo más para alejarse. Iba acumulando motivos, razones para alejarse sin culpa.

Ahora, que era consciente, tenía la opción de continuar con esa dinámica o cambiarla. Podía intentar explicarse. Avisar de que sentía que se desconectaba, que quería ir al cine, salir a cenar, que echaba de menos compartir canciones antes de irse a dormir... Pero le resultaba muy difícil cambiar su comportamiento y además, se preguntaba si merecía la pena hacer el esfuerzo con él que, al fin y al cabo, sería quien abandonaría la habitación a hurtadillas si ella no lo hacía antes.

Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid