Siento que, tras la necesidad de cerrar filas, vuelvo a ser yo... Siento que mi esencia fluye de nuevo, clara y libre, como el agua discurriendo entre las piedras, ladera abajo.
Sé que está de moda el contacto cero, pero esa metodología no va conmigo. Tengo la impresión de que estoy castigando o chantajeando emocionalmente a una persona que me importa.
Puedo alejarme unos días, por autoprotección, para intentar aclarar qué es lo que quiero y necesito en ese momento, pero después debo ser yo de nuevo, o viviré en una contradicción, reprimiendo una parte de mí, que acabará saliendo por otro lado.
Ahora soy consciente de en qué momentos he actuado y hablado desde la herida, desde el ego, centrando toda mi atención en hechos dolorosos que no dejan de ser más que una anécdota. Algo que yo también hice, y que me pueden recriminar de igual forma, con la diferencia de que la otra parte sentía cierta incomodidad por sus actos y me lo transmitió, pero yo lo oculté por completo, además de no sentirme mal por ello.
Cuando la herida comienza a curar, y puedes alejarte, intentas observar los hechos de una manera aséptica, sin la carga del dolor, sin las ganas de revancha, sin las ganas de herir al otro de la misma manera que te has sentido herida, sin darnos cuenta de que comenzamos un bucle de daño a otro ser.
Entonces, es cuando me miro y me pregunto "¿por qué haces esto?, a ti te gusta ayudar a la gente, y más cuando son personas que te importan, y en este caso, estás jugando a dañar a otra persona a la que quieres, que es importante para ti. ¿Dónde quedas tú?". Te ocultas bajo la herida, bajo el ego exacerbado, bajo todos los consejos que encuentras en internet sobre contacto cero, frases hechas para activar la herida en la otra persona...Sin ser consciente de que cada uno tiene que buscar su camino para poner límites a sí mismo y protegerse.
Porque los límites te los tienes que poner tú, no al otro, al que además le estás cargando con la responsabilidad de que guarde silencio, de que guarde distancia contigo, ¿para qué?. Para no tener que hacerlo tú.
Si no te habla, tal como le has ordenado, además, refuerzas la idea de que es una persona a la que no le importas, que no merece la pena, que has tomado la mejor decisión que podías tomar...poniéndote más fácil ese contacto cero que has decretado, como la reina roja de Alicia en el país de las maravillas "¡Que le corten la cabeza!".
Vuelcas en el otro tu responsabilidad de querer contacto cero, para hacértelo más fácil, y te regocijas pensando en las veces que ha tenido el impulso de hablarte, pero no puede hacerlo porque tú se lo has prohibido. Y pìenso, ¿dónde queda todo el amor que le tenías?. ¿Ha desaparecido de un plumazo sólo porque te has sentido herida?. ¿Me siento bien actuando como una persona que no soy?. ¿Me siento bien haciendo daño a otra persona que me importa?.
Y te das cuenta de la trampa en la que tu propia mente te ha metido, porque has dejado el control de tus actos a tu herida, sin importarte las consecuencias, ni ser consciente de que te traicionas a ti misma.
Todos estos pensamientos me llevan siempre más allá. Me llevan a cuestionar las creencias, el modelo de sociedad en el que vivimos, amplificado además ahora por las redes sociales, plagadas de gurús que te dan lecciones de cómo debes manejar tus emociones. ¿Y dónde quedas tú?. ¿Dónde está la individualidad?. ¿Dónde está la esencia de cada persona?. En muchas ocasiones, reprimida bajo toneladas de recetas mágicas de platos envenenados de dolor para el otro.
Ahora soy consciente de que cada uno vivimos una realidad diferente, en función de lo que queremos ver. Amplificamos las cosas que nos gustan y minimizamos las que nos disgustan, creando una realidad alternativa. Cuando confrontamos nuestra realidad con la realidad del otro, nos damos cuenta del quiebre, y depositamos la culpa en el otro, sin ser conscientes de nuestras propias carencias. Y en medio de todo esto, aplicamos el contacto cero para hacer culpable al otro de que su realidad no encaje con la nuestra...
Esta mañana, reflexionando sobre todo esto...me he preguntado: "Ahora, que ves las cosas con perspectiva, que ya no sientes tu herida, ¿qué es lo que quieres hacer?".
- "Ser yo", - me he respondido a mí misma.
Y me he sentido agradecida por vivir la experiencia que estoy viviendo, por retomar el control sobre mi vida.
He recuperado mi energía, percibiendo cientos de caminos posibles, sin sentir culpa, sin remordimientos, sin el peso de una lealtad invisible de un proyecto de vida que sólo existía en mi mente, sin miedos...abierta a seguir experimentando este juego que es la vida, pero sin traicionarme, sin causar dolor a los demás, queriéndome más, con mis propios límites claros, sabiendo qué acepto y qué no en mi vida, aprovechando el momento de quiebre para evolucionar en mi camino y elevar mi frecuencia.


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