lunes, 10 de agosto de 2026

CONFIAR

Cuando Pancho, mi compañero canino llegó a mi vida, la última experiencia que había tenido con otro perro había sido con Jacky, mi compañero durante la adolescencia cuando aún vivía con mis padres.
Jacky era un perro desconfiado. No permitía que accedieran a casa personas que no conocía, y no dejaba que ningún extraño se acercara a él.
Cuando yo entraba en casa, él venía corriendo por el pasillo, frenando con sus patas delanteras en mis piernas. Él estaba siempre conmigo, tumbado debajo de mi silla, mientras yo escribía o estudiaba. Dormía también en mi habitación, en su cesta. 
Nunca subió a las camas porque no sabíamos cómo iba a reaccionar.
A veces, sin saber por qué, mientras le acariciabas, te mordía. No podíamos confiar en él.
Aprendí a no confiar en los perros, a no tocarles, a mantenerme alejada, por seguridad.
Después de que Jacky muriese, no volví a pensar en convivir con perros, hasta que hace unos meses, algo me hizo pensar en la opción de vivir de nuevo con uno de ellos.
Entonces, adopté a Pancho, un perro de unos tres años, que habían abandonado en un pantano.
Cuando le conocí, intenté mantener un poco la distancia, pero fue imposible. Nada más llegar a casa, que era de noche, saltó a mi cama, para dormir conmigo. Pasé la noche intranquila, sin saber si en un momento dado, podría ponerse nervioso y morderme, pero no ocurrió.
También estuve alerta cuando mis hijos le daban besos y él les chupaba, pero muy rápido, me di cuenta de que Pancho era muy diferente a Jacky. Puedes confiar en él. Es un perro equilibrado y tranquilo. Incluso, se acerca con cautela a otros perros, y se aleja si detecta algún comportamiento agresivo en sus congéneres.
Pancho me ha devuelto la confianza en los perros. 
Mientras llegaba a esta conclusión, pensé en que, quizás, en algún momento, conozca a un Pancho de dos patas, que me devuelva la confianza en los hombres.

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