martes, 25 de agosto de 2026

VACÍO

Cuando la mente y las acciones entran en coherencia, la frecuencia se eleva. Siento sensaciones nuevas en mi cuerpo, entre ellas, un rechazo físico a lo que no está alineado conmigo, él incluido. 

"He visto la tristeza en tus ojos cuando has entrado en la casa, y yo también la he sentido en mis ojos", me dice.

Nos actualizamos sobre nuestras vidas, sentados tranquilamente en el salón. Él tiene que distraerse para no sentir el vacío. Hace alguna objeción a lo que le cuento. Los dos revelamos que el otro se nos aparece en sueños. Nos damos un abrazo largo, apretado, consciente... La energía fluye entre nuestros cuerpos. Hablamos de nuestros hijos, como si las cosas fueran a seguir como antes. 

Mientras caminamos, pienso que, antes de que se dé cuenta, habré desaparecido de su vida, y no porque sea necesario mantener la distancia para evitar el dolor, sino porque compartiré con alguien todo lo que no puedo compartir con él. Ya no tendrá cabida en mi vida. Pertenecerá al pasado. Dejará de aparecer en este blog. Nadie responderá al eco del vacío, aunque intente distraerse. Será demasiado tarde. Habrá perdido el tren, como dijo una vez que le pasaría. 

Es tarde. Debo irme. Otra vez, el tiempo vuela cuando estamos juntos.

Me habla de una pareja de personas de unos setenta años, que ha visto esta tarde en el parque. "Estaban muy enamorados. Él no paraba de darle besos", me dice sonriendo, con los ojos brillantes. Creo que es la primera vez en toda la noche que le veo sonreír tan abiertamente. Es curioso que su sistema reticular se haya fijado precisamente en eso, cuando parece que rechaza todo lo emocional. Mientras le escucho, surge una imagen en mi cabeza. Una certeza. Estas malditas certezas... Le miro. Sigue sonriendo. Sus ojos aún brillan, mirando al vacío. Me pregunto si está viendo la misma imagen que yo.

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