sábado, 8 de agosto de 2026

DESPIERTA


Era todavía una adolescente. Iba en una moto que conducía una de mis mejores amigas. Delante de nosotras, dos amigas más iban en otra moto. Éramos felices. Íbamos riendo. De repente, entramos en un túnel y la imagen se congeló en unos minutos interminables. Sólo veía la imagen congelada de mis amigas en la moto de delante, el pelo largo, rizado y cobrizo de una de ellas, al viento, pero la secuencia no cambiaba. Algo extraño ocurría. Fue entonces cuando me sentí trasladada a la camilla de un hospital. Estaba tumbada boca abajo. Sentía que mi cuerpo estaba cubierto de sangre. Había muchas personas alrededor de la camilla, que se movían nerviosos. Un hombre gritó "¡La perdemos!". Sentía que mi corazón bombeaba muy rápido, en taquicardia. Perdía la energía vital, pero ganaba otro tipo de energía sutil. Entonces, sentí que mi alma se iba desprendiendo de cada una de las células de mi cuerpo, comenzando por los dedos de los pies. Se iba despegando como cuando separas el adhesivo de una pegatina, poco a poco, en orden. Fui consciente de que estaba muriendo.

Entonces, me dije a mí misma "Despierta. Es un sueño". Poco a poco, fui despertando. Ya no estaba sobre una camilla, sino sobre mi cama, aunque mi cuerpo aún no estaba completo, mi corazón seguía latiendo en taquicardia, mi energía había cambiado. "Tranquila. Recupera el control", me dije a mí misma. El corazón fue recuperando su ritmo, y mi alma se había apegado de nuevo a mi cuerpo, aunque mi energía seguía diferente. "Por eso no me gustan las motos", pensé.

Me incorporé poco a poco en la cama, siendo plenamente consciente de lo que acababa de ocurrir, y sin darme cuenta, me vi en medio de un campo. Era un campo verde, lleno de flores. Había árboles alrededor, y los pájaros cantaban alegres. Olía a hierba fresca. El sol me acariciaba suavemente. Disfruté del paisaje, hasta que me llamó la atención una zona, no muy grande, sin hierba. Me acerqué para averiguar de qué se trataba.

Al llegar allí, me di cuenta de que había un agujero grande en el suelo. Era un pozo. Sin señalizar, sólo con unas piedras alrededor. Era muy peligroso. Me asomé con cuidado a su interior, y entonces le vi. Abajo del todo, agazapado, mirándome desde abajo, con esos ojos negros almendrados que tan bien conozco. No dijimos nada. Sólo nos miramos. Fue entonces cuando recordé aquella serie de Netflix que los dos habíamos visto años antes, por separado, y de la que él me había hablado porque le había impactado "Detrás de sus ojos". A mí también me había dejado impresionada. En esa serie también había un pozo en el que alguien había quedado atrapado. Entendí que no podía ayudarle. Cada uno tiene su proceso. Levanté una mano y la moví, como despedida. Miré a mi alrededor, y me sentí aliviada de estar fuera de aquel pozo. Lentamente, comencé a alejarme. 

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