Me gusta estar en su habitación, aunque a él no le gusta porque cree que está demasiado desorganizada. También me gusta tumbarme en su lado de la cama.
Antes, él había recogido el lavavajillas. Yo le había intentado ayudar sacando las cucharas, pero mezclé las grandes con las pequeñas y eso no le gustó. ¿Cómo puede ser tan parecido a mí?. Así que hice lo que me gustaría que alguien hiciera conmigo. Saqué uno a uno los vasos, los platos...se los acercaba y él los colocaba. Lo hicimos rápida y rítmicamente. Sin hablar. No era necesario.
Me sirvió el café y preguntó con qué lo quería. "Con canela", -le dije. Él me mostró el bote que tenía delante. También lo toma así.
Pensaba en eso, tumbada en su lado de la cama, cuando me di cuenta de que él me había puesto la mano en el muslo, buscando mi contacto. En otro momento, yo me habría acercado y le habría abrazado, pero no quería hacerlo.
Sentía una desconexión emocional profunda y entendí que conectarme a mí de aquella manera tan intensa, me había introducido en una burbuja infranqueable, incluso, para él.
Unas horas antes, le había dicho que yo era también un árbol, como él, que cada cosa de la que me había dado cuenta sobre él, también estaba dentro de mí.
Él me había hablado de sus sospechas de que mi cambio de actitud fuese una estrategia. Lo negué, a pesar de que aún no había comprobado hasta qué punto llegaba mi desconexión.
Al bajar las escaleras, durante unos segundos, sentí un desdoblamiento de realidad, pero no lo sostuve. Me salí de la situación. Las piernas flaqueaban, debido al intercambio de energía.
Le dolía la garganta y le pregunté si quería que me fuese. Me dijo que no, que quería enseñarme unos documentales. Nos sentamos a verlos, pero el sueño me vencía. Él me miraba de vez en cuando, para asegurarse de que seguía despierta. Me gusta cuando me mira, mientras yo hago como que no me doy cuenta de que lo hace.
Ya eran las dos de la madrugada...Otra vez, el tiempo pasa tan rápido cuando estamos juntos...


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