miércoles, 2 de septiembre de 2026

QUISIERA DECIRLE...

Nadie. Nunca. Había leído con tanto interés lo que yo escribía. Ni había analizado mi escritura con el mimo que él lo hace. Desde luego, él no encaja en el perfil que había descrito en la entrada La regla del blog. Quizás, sea porque los dos nos resistimos a identificarnos como pareja.

Él dice que veo en él detalles que otras personas no captan, pero él también ve en mí cosas que otras personas han sido incapaces de ver, a pesar de haber convivido conmigo durante años. Creo que por eso me acabaron perdiendo. Sentirme invisible provocó que mi interés por ellos fuera desapareciendo, como la arena se escapa entre los dedos, lenta pero inexorablemente.

Se me rompió el corazón cuando me confesó que temía el día que la perra muriese, a pesar de que aún es joven. Pensé en su hija, viviendo ya independiente dentro de unos años. Sus anclajes más cercanos, de los que me había dicho en una ocasión, tras un intento infructuoso por su parte de dar más consistencia a nuestra relación, que la perra y su hija eran todo lo que él necesitaba, cuando en realidad sé que ellas son sus únicos apegos seguros, -además de sus padres y hermanos, que están lejos-. Los únicos seres que le brindan amor incondicional.

Tantas veces he callado...me he contenido, y no le he dicho, por miedo a abrumarle, que con él he aprendido a amar incondicionalmente, a pesar de que crea que no es merecedor de amor.

Quisiera decirle que, aunque a veces, necesito tomar distancia, y alejarme, para recuperar mi centro, yo soy un anclaje, un apego seguro para él. Nunca me iré. Yo estaré siempre, y aunque sé que no le gusta pedir ayuda a nadie, yo se la daré incondicionalmente si la necesita.

Porque igual que él ha roto el patrón de La regla del blog, está provocando que yo rompa mis patrones, y aunque pierda el control al saltar al vacío de la incertidumbre, estoy confiando en que el proceso es el correcto.

Él me ha empujado a entender lo que valgo, y por eso reivindico, con más fuerza que nunca, lo que quiero en mi vida, aunque mis deseos ahora no encajen con los suyos. En lugar de vivir esta situación como pérdida, tenemos la oportunidad de aprender a seguir caminando juntos, respetando al otro, sin perdernos de vista, y sintiéndonos un refugio seguro donde lamernos las heridas de la vida, "pase lo que pase".

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