Hace mucho tiempo que dejé de ver la televisión. Lo único que he visto en los últimos meses han sido películas o series en streaming, pero desde hace unas semanas, ni siquiera puedo hacerlo, porque tengo la impresión de estar perdiendo el tiempo si no me dedico a escribir en mi proyecto. No el blog, otra cosa.
La cuestión es que nunca me han gustado las noticias. Quizás, porque mi padre nos obligaba a verlas a la hora de la comida y de la cena. Siempre me ha recordado al sermón que los curas dan en las iglesias. Sólo sirven para manipular a las masas. La mayoría de las cosas que cuentan están tergiversadas, son verdades a medias, o incluso, mentiras.
Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Yo no puedo tirarla, obviamente. He utilizado a los medios, cuando estaba en la asociación de vecinos y en el trabajo. Notas de prensa, reportajes....durante siete años, me volví una especialista de la manipulación en el buen sentido, porque nuestro objetivo era visibilizar la necesidad de recursos públicos para un barrio joven, pero si mi objetivo hubiese sido otro, aunque moralmente no lo habría hecho, podría hacerlo por capacidad, y realmente, fui consciente de lo fácil que sube la audiencia con un titular sensacionalista.
También he vivido ser calumniada en los medios de comunicación, esta vez en el mundo laboral. No podían decir mi nombre, porque soy personal técnico, pero hablaban de una gestión determinada en la que no se dijo ni una palabra cierta. Tampoco nadie me llamó para contrastar la información que estaban dando, algo que dice mucho del nivel de los medios en cuestión.
Ahora, que la sociedad está cada vez más polarizada, empujada por la política, es cuando aún más, evito ver o escuchar las noticias. Sé lo que ocurre, pero no profundizo, ni leo opiniones. Tengo una idea muy clara de lo que está pasando. Sé cuales son las intenciones de unos y de otros, y no me voy a sumar a ningún egregor, que utilice mi energía para sus propios fines. Ninguno deberíamos hacerlo.


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