Hace casi dos meses, algo hizo que volviese a mi centro de una manera abrupta y profunda. Significó un "despertar" de conciencia que me devolvió a mi esencia. La esencia de aquella niña que había nacido despierta y que había tenido que olvidar para poder encajar.
La niña que miraba a los adultos pensando "todavía no se han enterado de cómo funciona esto".
Esa niña había empezado a ser programada por las creencias, patrones, mandatos, normas no escritas de su familia y la sociedad en la que había nacido. No sólo lo que ya arrastraba de su árbol genealógico, sino también lo que aquellos adultos daban como cierto, la desdibujaban y reescribían su personalidad.
Así que aquella niña aprendió a callar, a no molestar, a seguir las normas, a facilitar, a aceptar...y cada cesión significaba alejarse de ella, olvidar lo que sabía, esconder su esencia.
Sin embargo, ahora toda esa programación está desapareciendo, y esa niña vuelve a tomar el control, recordándole quién es, y qué debe hacer para lograr su propósito y redirigir su vida.
Sabe que ahora encajará aún menos de lo que ya lo hacía, pero se siente liberada porque dicta sus propias normas, sin sentirse culpable, eliminando las lealtades invisibles, la necesidad de tener el control, sin tener que guardar silencio para no molestar, sin necesidad de ser perfecta para ser validada y aceptada, porque ahora ya lo que piensen sobre ella en el exterior, no le importa. Tiene la validación de la persona más importante de su vida... ella misma.



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