viernes, 1 de mayo de 2026

OTRA DIMENSIÓN

 Ya le había ocurrido otras dos veces.

La primera fue en la cocina de su casa, cuando dos personas que no deberían haberse conocido, lo hicieron. Ella era el único punto en común,  uniéndole a cada uno de ellos en un vínculo muy fuerte.

De repente, la realidad se dividió en dos, como cuando eliges dividir la pantalla en el ordenador, y cada uno muestra un documento o web diferentes, pero en este caso, no se trataba de documentos, sino de vidas.

En un lado, salía la vida que vivía, y en el otro lado, una vida completamente diferente, pero en ambas estaban las otras dos personas. Si bien en su vida actual, esas dos personas no tenían un vínculo entre ellas, en la otra vida, ambos eran familia.

La visión de esas dos vidas al mismo tiempo, experimentando las emociones, y recordando los diferentes acontecimientos que habían llevado hasta esa escena, que era la misma, pero con dos significados completamente diferentes, la provocaron un mareo repentino, que la obligó a apoyarse en la pared para no caer.

En la segunda ocasión, se encontraba en la casa de él. El personaje masculino del anterior desdoblamiento de realidad. Fue al baño. Hasta allí la siguieron el gato y la perra. Se vio reflejada en el espejo junto a ellos y se sintió transportada. En esta ocasión, no veía dos realidades. Se encontraba completamente dentro de otra realidad, en la que no era una invitada, sino la persona que habitaba esa casa, junto a los dos animales, y el hombre que la esperaba en el salón, ajeno a su percepción. Permaneció inmóvil durante unos segundos y se recompuso. Cuando salió del baño, todo giraba a su alrededor. Se recostó en el sofá junto a él, le explicó lo que le había ocurrido. Él le pidió que permaneciera tranquila y esperase a que el mareo remitiera.

La tercera vez ocurrió en un escenario completamente diferente. Era de noche. Los niños dormían. Ella se despertó y vio al perro sentado junto a ella, incorporado, mirándola, en alerta, como si algo acabase de suceder. Se levantó y recorrió la casa a oscuras. Los niños no estaban. Sólo ella con el perro. Volvió a la habitación. Se sentó un momento en la cama. El perro seguía alerta. Volvió a levantarse y a recorrer la casa. Los niños dormían en sus camas. Tranquila, se acostó de nuevo. El perro saltó a la cama junto a ella y durmió toda la noche acurrucado a su lado, como si temiera sentirse solo si algo extraño volvía a ocurrir.

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