Te sientes como un árbol, y quizás por eso dibujas árboles. De manera inconsciente, te dibujas a ti. Tienes ramas largas y un tronco fuerte. Tus raíces son profundas. Eres un árbol resiliente, que ha resistido todas las tormentas.
Tu energía lo inunda todo a tu alrededor, como la sombra que da un árbol. Cambias la vida de las personas que te conocen, aunque quizás no seas consciente de esto, o no quieras serlo.
Eres un árbol protector. Cuidas todo lo que tienes a tu alrededor. Las personas, los animales... Y me pregunto, ¿quién te cuida a ti?. ¿Quién riega esas raíces profundas que te sujetan?. Imagino que un poco cada una de las personas que nos acercamos a ti, que nos cobijamos bajo tu sombra.
Contigo he entendido mi mecanismo de defensa, porque tienes el mismo. El mío es más sutil. Disimulo, pero acaba igual. Me voy desconectando de los demás cuando el vínculo me exige lo que yo entiendo como demasiado, cuando siento que estoy perdiendo mi libertad, cuando siento que empiezo a dejar de ser yo. Me desconecto hasta que me voy por completo.
Ahora empiezo a entender que el problema no eran los otros. El problema era yo, que cambiaba para adaptarme a lo que el otro esperaba de mí, en lugar de irme al principio, cuando descubría que no querían ver cómo soy, que lo que pretendían era que yo cambiase y me amoldase a lo que ellos querían. Cambiaba esperando su validación y que me quisieran, y en ese juego, yo me perdía.
Estos meses, cuando entendí qué me ocurre, comencé a trabajar en mí. Ya no soy la misma persona que conociste. He cambiado mi forma de pensar y de actuar. No necesito a nadie para sentirme completa, porque me siento bien como estoy. Me siento en paz, en calma, enfocada en el día a día, en los niños, ahora en Pancho, en el trabajo, en mis amigos y amigas, y en mí.
A la vez, quiero disfrutar de ti, tan adulto a veces, y otras veces, tan niño, que me enseña cómo le gustan las cosas. Cómo arroparse en la cama, cómo cocinar, cómo lavarse las manos, cómo colocar los vasos, dónde dejar los huevos en la nevera...
Me gusta cobijarme en la sombra de tu árbol, y a la vez, regar tus raíces. Ayudarnos mutuamente a crecer y cuidarnos a nuestra manera. Sólo hacer lo que nos apetezca, y hacerlo porque queremos hacerlo, no por obligación, sino como buenos amigos.


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