sábado, 14 de marzo de 2026

NUEVA VERSIÓN

Me puso sobre la pista alguien muy cercano, hace unos meses. "Mi hija dice que no querría tener un novio como yo". Lo dijo mirando al vacío, evitando mi mirada, intentando no mostrar emoción, mientras yo pulsaba el botón del ascensor. Le pregunté por qué, pero no contestó. No era necesario que contestara. Esa frase se ha quedado suspendida en mi mente durante todos estos meses.

El otro día, escuchando el podcast de Gabriel Rolón del que hablo en otra entrada del blog, recordé esa frase, cuando el psicoanalista hablaba sobre la pregunta que nos haríamos a nosotros mismos, si somos la persona que queremos ser.

Pensé también en que mi hijo adolescente ha comenzado su incursión en el mundo sentimental, y observo en él patrones que yo también he tenido, pero sobretodo, pienso en qué tipo de vínculo está creando, y si él elegiría a una pareja como yo.

Mezclando todas estas cuestiones en mi cabeza, llegué a la conclusión de que no me gustaría que mi hijo tuviese una pareja como yo, y que además, tampoco soy la persona que me gustaría ser. Al menos, no en su totalidad.

"¿Qué tengo que cambiar para ser la persona que quiero ser?", me pregunté. Lo sabía. No era necesario pensar. Comencé a hacer los cambios necesarios. Primero, en mi forma de analizar las cosas. Me di cuenta de los impulsos que me movían en mi anterior versión. Los retuve. Analicé. Ya no encajaban. Deseché. Los cambié por los que encajan con mi nueva "yo".


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