sábado, 21 de febrero de 2026

TUVE UN ALMENDRO

Hoy he dado un paseo largo por el Parque Lineal del Manzanares por su paso por Butarque. El río traía más agua que de costumbre, debido a las lluvias de estos días y el deshielo que las altas temperaturas está provocando. 

El camino se encontraba bordeado por los almendros en flor, que desprendían ese olor dulce tan característico. Recordé aquel tiempo en el que tenía un almendro y además de disfrutar de su agradable olor, comía sus almendras.

A veces, tengo la sensación de haber vivido tantas vidas, tan distintas... acompañada por diferentes personas.

En ocasiones, sentía que estaba en el lugar adecuado pero con la persona equivocada. Otras veces, pensaba que estaba en el sitio correcto y la persona con la que tenía que vivir esa situación.

Otras veces, me sentía sola, a pesar de estar sólo a unos centímetros de mi pareja, y en ocasiones, sentía que casi podía tocar a mi pareja a pesar de estar separados por miles de kilómetros.

Recordé algo que había vivido unos meses atrás, cuando alguien había gritado mi nombre, casi con desesperación, a pesar de que yo sólo estaba a unos metros, pero no podía verme porque un obstáculo físico lo impedía. Sentí como si estuviésemos en un bosque oscuro, inundado por la niebla, que impedía que nos viésemos, aunque estuviésemos tan cerca. Sentí el temor de la otra persona a perderme.

Mientras caminaba por el parque, hilando todos estos pensamientos, escuchaba en los cascos "A little respect", del grupo Erasure, "Oh baby, please, give a little respect to me". Mis ojos se inundaron de lágrimas.

miércoles, 18 de febrero de 2026

¿QUÉ PODRÍA SALIR MAL?

Los dos tenían la misma herida. Habían aprendido a ser autosuficientes, a no molestar, a no pedir ayuda. 

Cuando alguien intentaba facilitarles las cosas, se sentían extraños, como no dignos, no merecedores y, a la vez, sentían que estaban generando una deuda con la otra persona, que después tendrían que recompensar con creces. 

Por eso no les gustaba que les ayudasen. No sé sentían bien aceptando la ayuda, y además, se sentían una carga para la otra persona. 

La misma herida provocaba una inseguridad en los vínculos. No se creían suficientes. Sobrepensaban. Interpretaban las circunstancias de los demás como falta de interés. A la vez, tenían miedo al compromiso, a perder la libertad, a que les hicieran daño, y cuando sentían que el vínculo se estrechaba, ponían distancia. 

A veces, incluso, comenzaban relaciones con terceras personas, pensando dejar antes de que les dejaran, o simplemente, como plan B. Diversificaban el riesgo de la pérdida para amortiguar el dolor. 

Dos personas con un largo historial de relaciones y fracasos. Sentimientos de culpa y sensación de que acabarían solos.

Y un día se encontraron. Su reconocimiento de la misma herida en el otro provocó un vínculo rápido e intenso. ¿Qué podría salir mal?.

viernes, 6 de febrero de 2026

ANESTESIADA

El dependiente buscó el libro entre las estanterías. Yo no lo había encontrado. 
- Tendría que estar aquí, -me dijo-. Pero no lo encuentro.
Salí decepcionada de La Casa del Libro. La Gran Vía no presentaba su bullicio habitual. Demasiado calor. ¿Dónde podría encontrarlo?... De repente, recordé aquella librería pequeña de Malasaña, mi segunda casa en esa época en la que rondaba los veinte años. A pesar del calor, comencé a caminar en esa dirección.
- Por supuesto que tengo el libro..."La voz humana", de Jean Cocteau, -repitió en un susurro el dueño de aquella pequeña librería, mientras se encaminaba a una de las estanterías. 
Unos minutos más tarde, salí feliz del establecimiento, con el libro entre las manos. 
Había visto el monólogo representado varias veces, con la compañía de teatro en la que participaba mi amiga Henar. 
Me gustaba la profundidad de los sentimientos, cómo transmitía la desesperación y entendías la situación con pocas frases, pero precisas.
Pasaba las tardes grabándome en un cassette, interpretando el papel. Me gustaba ponerme en la piel de esa mujer e intentar sentir lo que sentía. Como si decir lo que decía pudiese invocar emociones en mí. Quería experimentar cómo se siente, cuando amas tanto a alguien, hasta el punto de no importarte no ser la elegida, con tal de retener al ser amado. 
Interpretar el papel me ayudaba a intuir sentir lo que era incapaz. En aquel momento, donde la anestesia emocional era tan fuerte, que no podía sentir, aunque lo intentara con todas mis fuerzas. A veces, me he sentido así. Ahora también, pero ya sé que ni siquiera Jean Cocteau podrá despertarme.

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