jueves, 22 de octubre de 2026

IMPULSO IMPROVISADO

A los dos les gustaba quedar por la noche, tarde, casi improvisando. A veces, una noche que parecía anodina acababa siendo especial cuando decidían verse en el último momento. 

Aquella noche fue una de esas noches. 

Decidieron caminar. Primero, a través del parque que conocían tan bien. Después, por la ciudad. Sin rumbo. Sólo caminando y hablando de todas esas cosas inconfesables que no podían hablar con nadie más. 

Caminaron durante horas. Ella sintió que los pies no sólo no pesaban, sino que una fuerza externa los empujaba. Era como si se sintiera transportada.

Pasaron por delante de su casa y él propuso entrar, pero ella no quiso. 

Siguieron caminando hasta llegar al lugar donde él había dejado su coche. Le propuso sentarse en un pequeño muro para seguir hablando.

Cuando miraron la hora, era tarde. Una vez más, el tiempo transcurría más rápido de lo habitual cuando estaban juntos. 

- Es extraño. He sentido como si una fuerza tirase de mis pies al caminar. No me costaba nada andar, -dijo él.
- He sentido lo mismo, -confesó ella. 

Él la llevó hasta su coche, aunque estaban muy cerca. Aparcó y le propuso mostrarle la música que había estado escuchando últimamente. Ella aceptó. 

Reclinaron los asientos y se quedaron relajados, escuchando las melodías nostálgicas, que hablaban de amor. 

Ella, con los ojos cerrados, estiró su brazo. A mitad de camino, su mano se encontró con la mano de él. Poco a poco, entrelazaron sus dedos, y así se quedaron unos minutos, con las manos agarradas.

Ella tuvo la sensación que había tenido más veces. Él alargaba el encuentro, como si creyera que, en algún momento, podría llegar el último y nunca más disfrutarían de su compañía, de su conversación, de la energía que circulaba entre ellos, de la paz que sentían al estar juntos, de cómo el tiempo transcurría veloz, de la fuerza invisible que les impulsaba...



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