viernes, 24 de julio de 2026

PEDIR PERAS AL OLMO

A veces, pedimos peras al olmo. Somos así. Aunque el olmo nos esté avisando de que no puede dar peras, nosotros seguimos pacientemente esperando a que alguna pera caiga.

Yo soy una de esas personas que cree que con tesón y paciencia, todo se puede, incluso,  hasta que un olmo te dé peras, pero obviamente, estoy equivocada. Es cierto que en alguna ocasión se ha obrado el milagro, pero no en este caso que me ha recordado hoy esta frase.

Mi tesón y paciencia no han sido suficientes, y me he cansado de esperar. Es hora de colocar las cosas en su sitio y buscar un peral si lo que quiero son peras.

Quiero mucho al olmo, pero tengo que encontrar un peral. De paso, dejo hueco en el olmo para que otra persona venga a pedirle peras, a ver si alguien consigue obrar el milagro.

lunes, 20 de julio de 2026

COMO ANTES

Cada noche, me visitaba en sueños, aunque durante el día mi cabeza estuviese ocupada en otras cosas y en otras personas... Personas interesantes e interesadas en construir conmigo.

Pero...cosas del subconsciente, en mis sueños sólo aparecía quien no quería construir, quien rechazaba el compromiso porque lo interpretaba como falta de libertad, aunque siguiera presente de alguna manera, después de que yo marcase unos límites muy claros que nunca podría traspasar. 

NUNCA. 

Se lo recalqué aquella noche, que insinuó que quizás en algún momento, las cosas podrían ser como antes. 

Nunca más serían como antes, eso lo tenía claro. Yo lo tenía claro. Quien no lo tenía claro era mi subconsciente, que lo traía todas las noches para hacer que las cosas fueran como antes.

viernes, 10 de julio de 2026

DÍAS DE PLAYA

Nunca me ha gustado el ambiente playero. Me refiero a los lugares donde se concentra un gran número de personas, en poco espacio y durante breve tiempo, principalmente, las semanas comprendidas entre julio y agosto.

No me gustan las playas atestadas de gente, en las que siempre hay un gran número de sombrillas y sillas solas, en primera línea de mar, que alguien colocó a primera hora de la mañana, principalmente alguno de los abuelos, para que la prole pueda disfrutar de tocar las olas con los pies sin moverse de la silla, o mirar a la inmensidad del mar, sin nadie delante. No cuentan con que tendrán un desfile constante de gente que pasea por la orilla, o que juega a las palas.

Yo soy uno de los estorbos que pasea por la orilla. Nunca me ha gustado tumbarme en la arena a tomar el sol. Necesito moverme, y además es lo que aprendí de pequeña con mi abuela y mi madre. Ellas siempre paseaban de lado a lado de la playa, daba igual lo larga que ésta fuera.

Mientras paseo de lado a lado, escucho las conversaciones, observo sus gestos. Algunas parejas con niños pequeños, pero la mayoría se trata de familias extensas. Todo el clan trasladado a la playa.

Sin embargo, hay momentos en los que me quedo quieta unos minutos. Al salir del agua, me siento en la toalla, me quito la parte de arriba del biquini, me tumbo, y me seco un momento al sol. Vuelta y vuelta. Poco tiempo, pero el suficiente como para analizar el árbol genealógico de las personas que están a mi alrededor. Establecer las alianzas y lealtades, y cuál de sus familiares le está estropeando a cada uno las vacaciones, porque en ningún clan se salvan de criticar, al menos, a uno de los suyos. Y yo pienso "qué ganas de fastidiarse los días de descanso".

miércoles, 8 de julio de 2026

TARDE DE DOMINGO

- Tienes unas manos muy bonitas.

- Tú también tienes unas manos muy bonitas, -me responde.

-  Me gusta lo que le has contestado, -le digo cuando me enseña su respuesta a una persona en Facebook-. Escribes muy bien.

- Tú sí que escribes muy bien. 

Comenzamos a hablar en inglés, para que no nos entiendan en el restaurante.

- Podemos usar la misma toalla, -me dice después.

- ¿En qué piensas?, -pregunto.

- En nada. Sólo te miro.

Cuando me voy, me mira fijamente. 

- Si me miras así, me vas a hacer llorar, -le digo.

- I'll let you know.

Una misma alma en dos cuerpos

Cuando estaban juntos, perdían la noción del tiempo. Las horas parecían minutos. Siempre arañaban las horas al sueño. Daba igual lo cansados que estuvieran, encontraban la manera de verse después de las obligaciones familiares y laborales.

Aquella tarde, el plan comenzó más tarde de lo esperado. La idea inicial tuvo que acortarse, pero él encontró una alternativa, casi mejor que la idea original, en la que pudieron alargar la noche.

A oscuras, observaban la luna amarilla saliendo por detrás de las montañas. Miraban el cielo, señalando los aviones, las estrellas y luces que imaginaron de origen alienígena. Él vio una estrella fugaz.

Los perros, que habían hecho buenas migas, de vez en cuando, perseguían el reflejo de la luna en las ondas del agua, o ladraban a algo que ellos no podían ver en la oscuridad.

Su plan inicial de comportarse sólo como si fueran amigos, había fracasado.

Entrada la madrugada, comenzaron a sentir frío, y decidieron regresar a casa. Como siempre, la conversación no decaía, pero fue tomando unos derroteros controvertidos.

Él propuso alargar la noche en su casa, y delante de dos tazas de café, ambos confesaron.

Los dos reconocieron haber imaginado lo que el otro había hecho. Ella se indignó. Él aparentó no sentirse molesto, pero rumiaba... 

Ella ya había intentado irse antes."Lo nuestro es cíclico", dijo él. La contuvo cuando ella se levantó para irse. "No digas o hagas algo de lo que te vas a arrepentir", pidió él. Ella se contuvo. Él reconoció que solía proyectarse en el futuro haciendo cosas con ella. De hecho, horas antes, él había dicho que tenían que hacer distintas actividades juntos. 

Él le pidió que le diera la mano. Ella agarró su mano, y él colocó su otra mano sobre la de ella. Guardó silencio, cabizbajo. 

"Es difícil de explicar", -dijo él.- "Pero cuando me has dado la mano, he recordado un sueño que tuve. Era un niño y estaba en un parque. Una niña vino a buscarme. No recuerdo la cara de la niña. Era todo muy inocente, éramos sólo niños... Ella quería que entrase en un lugar, pero yo no quería". Luego, le explicó que podría enamorarse de ella, pero que intentaba controlarlo porque no quería perder su libertad.

Ella le dijo que no se puede controlar estar enamorado de alguien, y que ella ya lo estaba de él, pero que no se trataba de eso, sino de la conexión tan fuerte que había entre ellos, que iba más allá del enamoramiento, cuando ambos podían sentir lo que le ocurría al otro, casi escuchar sus pensamientos. 

Dos personas tan parecidas, dos espejos reflejando imágenes tan intensas al otro, no podría soportarse demasiado tiempo.

La madrugada había avanzado, de nuevo, sin que ellos fuesen conscientes. Estaban cansados. Luna había vomitado. Ella cogió papel para limpiar. Él la siguió con una bolsa para tirar el papel. "Lo limpias igual que yo", dijo él. "Como tantas otras cosas que hacemos igual", pensó ella.

Se abrazaron. Se besaron. 

Ella calló lo que había pensado días antes, cuando él hizo un comentario que la dejó preocupada por su salud y pensó que si algo le ocurría a él, ella le cuidaría. Esperó que ese pensamiento no se tratara de una de esas certezas que la habían perseguido desde niña.

Ella condujo hasta casa, herida por una confirmación. Pensó en él, que tendría que digerir y procesar una sospecha que se había hecho real. Sintió entonces los pensamientos intrusivos de él al verla conectada al WhatsApp, hasta altas horas de la madrugada, hablando con alguien que no era él.

Una misma alma en dos cuerpos, que utiliza a personajes secundarios, para herirse a sí misma, y aprender una lección que todavía no sabemos cuál será. "Olvídate de los demás. Esto es sólo sobre nosotros", le había dicho él.


martes, 7 de julio de 2026

LUNA



Cada vez que ella se acordaba de él, subía a su estado de WhatsApp la foto que él hizo la última noche que estuvieron juntos.

Era la foto de la luna, suspendida sobre el embalse, reflejada en sus aguas. Una luna que se había asomado tímidamente tras una colina y que había avanzado rápidamente hasta lo alto del cielo. 

La velocidad de la luna fue la prueba de lo rápido que pasaba el tiempo cuando estaban juntos. 

Subir esa foto a su estado era su forma de decirle "sigues en mi mente".

lunes, 6 de julio de 2026

EL HOMBRE QUE SE HACE FOTOS DEL LADO DERECHO

Una vez que fui capaz de soltar la proyección que me había hecho de él como pareja, quedó únicamente el hombre que se hace fotos del lado derecho.

El hombre que, sin pedírselo, me había hecho un retrato y me lo había regalado con una dedicatoria.

El hombre que leía mi blog para poder saber qué era lo que sentía y pensaba y que, a veces, hacía comentarios.

El hombre que, desde el primer momento, temió que yo desapareciera de su vida.

El hombre que me presentó a su hija, y que conoció a mis hijos, cuando comimos todos juntos aquel domingo.

El hombre que se coloca detrás de mí en los conciertos, agarrándome por detrás.

El hombre que me recuerda a un adolescente cuando se pone nervioso.

El hombre que envía audios a horas intempestivas, mezclando el español y el inglés.

El hombre que me propone visitar lugares inconfesables.

El hombre que coge la guitarra y me da un concierto improvisado en cualquier momento.

El hombre con un corazón inmenso que teme herir y que le hieran.

El hombre al que le gusta molestar a los patos del parque.

El hombre que se preocupa por todos los que le rodean.

El hombre que te pide que leas la letra de las canciones que te enseña.

El hombre con el que puedo hablar de cosas que no puedo hablar con otras personas.

El hombre que se hace fotos siempre del lado derecho...

Había soltado aquella imagen ideal de pareja que nunca sería, pero no quería soltar al hombre real que conocía tan bien.

Así que, tras pensarlo mucho, le hice una pregunta, casi infantil, y él contestó "of course".

domingo, 14 de junio de 2026

UN ARBOL

Te sientes como un árbol, y quizás por eso dibujas árboles. De manera inconsciente, te dibujas a ti. Tienes ramas largas y un tronco fuerte. Tus raíces son profundas. Eres un árbol resiliente, que ha resistido todas las tormentas. 
Tu energía lo inunda todo a tu alrededor, como la sombra que da un árbol. Cambias la vida de las personas que te conocen, aunque quizás no seas consciente de esto, o no quieras serlo. 
Eres un árbol protector. Cuidas todo lo que tienes a tu alrededor. Las personas, los animales... Y me pregunto, ¿quién te cuida a ti?. ¿Quién riega esas raíces profundas que te sujetan?. Imagino que un poco cada una de las personas que nos acercamos a ti, que nos cobijamos bajo tu sombra. 
Contigo he entendido mi mecanismo de defensa, porque tienes el mismo. El mío es más sutil. Disimulo, pero acaba igual. Me voy desconectando de los demás cuando el vínculo me exige lo que yo entiendo como demasiado, cuando siento que estoy perdiendo mi libertad, cuando siento que empiezo a dejar de ser yo. Me desconecto hasta que me voy por completo. 
Ahora empiezo a entender que el problema no eran los otros. El problema era yo, que cambiaba para adaptarme a lo que el otro esperaba de mí, en lugar de irme al principio, cuando descubría que no querían ver cómo soy, que lo que pretendían era que yo cambiase y me amoldase a lo que ellos querían. Cambiaba esperando su validación y que me quisieran, y en ese juego, yo me perdía. 
Estos meses, cuando entendí qué me ocurre, comencé a trabajar en mí. Ya no soy la misma persona que conociste. He cambiado mi forma de pensar y de actuar. No necesito a nadie para sentirme completa, porque me siento bien como estoy. Me siento en paz, en calma, enfocada en el día a día, en los niños, ahora en Pancho, en el trabajo, en mis amigos y amigas, y en mí. 
A la vez, quiero disfrutar de ti, tan adulto a veces, y otras veces, tan niño, que me enseña cómo le gustan las cosas. Cómo arroparse en la cama, cómo cocinar, cómo lavarse las manos, cómo colocar los vasos, dónde dejar los huevos en la nevera... 
Me gusta cobijarme en la sombra de tu árbol, y a la vez, regar tus raíces. Ayudarnos mutuamente a crecer y cuidarnos a nuestra manera. Sólo hacer lo que nos apetezca, y hacerlo porque queremos hacerlo, no por obligación, sino como buenos amigos.

Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid