Mi rutina ha cambiado con la llegada de Pancho. Madrugo más por las mañanas para poder sacarle antes de ir a trabajar, y estoy en la calle hasta las once de la noche, aproximadamente, cada día, para darle su último paseo. Los fines de semana, a veces, hasta más tarde.
Se acabó despertarme los fines de semana y comenzar a escribir todavía sentada en la cama. Puedo hacerlo, pero siempre después de haber sacado a Pancho a la calle y darle el desayuno.
He dejado de escuchar podcasts mientras paseo, porque prefiero escuchar los sonidos del entorno si Pancho viene conmigo. De esta manera, soy consciente del canto de los pájaros, del ruido del agua en el río, del murmullo del viento entre las copas de los árboles.
Sigo disfrutando de momentos como ahora mismo. Un sábado que los niños están con su padre. No tengo que pensar en preparar comida para ellos. Puedo estar sentada en el sofá, escribiendo, con Pancho tumbado a mi lado, y los peces payaso y Vulpinus observándome desde el acuario marino, a ver si me acerco a darles comida, de nuevo.
Disfruto de esta soledad relativa, rodeada de animales pacíficos, que se encuentran alineados conmigo, como si nuestras energías se hubiesen equilibrado para darnos paz.
Así me siento también respecto a él. No hay un reclamo ansioso. Me deja ser. Él mismo necesita esos momentos de soledad e introspección, de los que siempre se disculpa, pero que yo entiendo tan bien, tanto su necesidad de paz como el impulso de explicarse, porque en el pasado, algunas personas se enfadaban cuando yo explicaba que me sentía feliz aunque ellos no estuviesen conmigo. Quizás, confundían la felicidad con la compañía, sin querer entender que puedes sentirte muy solo e infeliz acompañado, y muy acompañado y feliz en soledad.
De esa aparente contradicción, quizás surge la calma y paz que siento en general, incluso, cuando permanecemos abrazados en silencio, mientras escuchamos música y dormitamos, dejando que el otro sea. Siendo conscientes de que no podemos exigir al otro lo que no somos capaces de dar. Dos almas libres que se eligen aquí y ahora, sin expectativas, sin obligaciones, sin reproches. Simplemente, siendo, como Pancho junto a mí en el sofá, como los peces payaso y Vulpinus en el acuario, nadando en calma, dejàndose llevar por la corriente.




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