domingo, 9 de julio de 2023

HA VUELTO A PASAR...

Ha vuelto a pasar...otro pez saltó fuera del acuario. Ocurrió, de nuevo, por la mañana, cuando apagué la luz del salón después de desayunar. 

Tras apagar la luz, me quedé unos segundos comprobando la temperatura del acuario tropical. Estaba agachada, mirando el termómetro de este acuario cuando escuché un ruido seco en el acuario marino.

Fue un ruido extraño, como un golpe en el cristal del acuario, algo improbable provocado por el skimmer y el filtro. Debía haber hecho ese ruido otra cosa. Fui a mirar. Y le vi... 

Vulpinos estaba sobre el cristal que cubre el acuario. Inmóvil. Con sus colores de camuflaje. 

Me acerqué rápidamente, y sin pensarlo dos veces, le empujé levemente. Estaba muy cerca del borde del cristal, unos centímetros más y caería de nuevo al acuario. Toqué sus púas, venenosas, con la mano, y él saltó asustado, cayendo al agua de nuevo. 

Esta vez, el pez se salvó. Esta vez las condiciones permitieron que se salvara. 

He colocado una red sobre el acuario. No es muy resistente, ya que los huecos que debo dejar libres para el skimmer, filtro, dispensador de comida, ventiladores...no permite que esté sujeta con firmeza, pero al menos, algo hará...

Lo que no puede evitar es que mire al suelo junto al acuario o sobre su cristal cada vez que entro en el salón, por si otro pez hubiese saltado.

jueves, 9 de marzo de 2023

El pez dentro del acuario

Hace un par de semanas, ocurrió algo que nunca me había pasado en los trece años que hace que tengo acuarios. Uno de los peces del acuario marino saltó fuera, cayendo al suelo. Era por la mañana, muy temprano. Encendí la luz del salón para preparar la mesa con el desayuno. Había hecho un par de viajes del salón a la cocina, y viceversa, sin percatarme. Cuando lo vi por primera vez, me pareció una hoja de alguno de los potos del salón, pero cuando me fijé, me di cuenta horrorizada de que era uno de los peces, al que llamábamos el unicornio porque tenía algo parecido a un cuerno en la cabeza. Llamé a mi hijo para que me ayudase a meterle de nuevo en el acuario, pero él se quedó paralizado, sin saber qué hacer. Cogí al pez con un papel y me dispuse a introducirle de nuevo en el acuario, pero en el último momento me arrepentí. Pensé que si ya estaba muerto, podría poner en peligro la salud del resto de los habitantes del acuario, dudé y el pez cayó de nuevo al suelo. Sin pensar, fui a por la bolsa de la basura y allí eché al pez. Me sentí muy mal durante todo el día porque no podía dejar de pensar que quizás podría haberle salvado. Quizás estaba todavía vivo cuando decidí no meterle de nuevo en el acuario. Me sentí muy culpable. Sentí que le había fallado. Mis hijos me dijeron que no me preocupase, que seguro que ya estaba muerto cuando le vi, y realmente, tienen razón. Esta anécdota me enseñó algo más de mí, y es que a veces intento salvar cosas imposibles. Meto el pez en el acuario una y otra vez, a pesar de que siga saltando fuera. Si no lo hago, siento que estoy fallando. No sólo al pez, a mí también. Creo que tengo que aprender a dejar que el pez se quede fuera del acuario, y muera. Al fin y al cabo, fue él quien saltó, aunque no supiera qué consecuencias tendría hacerlo.

domingo, 15 de enero de 2023

Aunque a veces no lo parezca, somos libres...

Ahora que Shakira está ventilando su ruptura con Piqué a través de sus canciones, en una versión mejorada de las entrevistas en el Hola, pero con más creatividad y rédito económico que los que ofrece el papel couché, es el momento de escribir esta reflexión que, precisamente, lleva tiempo rumiando en mi cabeza. Lo curioso de esta historia Shakira vs. Piqué es que hay retractores y defensores de los dos bandos, y provoca comentarios de todo tipo en Internet y en los medios de comunicación, demostrando una vez más que el ser humano se debe aburrir mucho y que las vidas insulsas crean espectadores de las vidas ajenas, pero esa es otra reflexión que abordaré en otro momento. Volviendo a la reflexión inicial, entiendo perfectamente que Shakira se sienta dolida. En una ruptura suele haber una de las partes que no está de acuerdo, pero independientemente de esto, creo que es importante tener claro a estas alturas de la historia,-la historia de la humanidad, no de la historia Shakira vs. Piqué-, que en nuestra sociedad occidental existe algo que se llama "libertad". Todos somos libres para amar y elegir a la persona con la que queremos compartir nuestra vida, -no olvidemos que la vida es "nuestra", aunque hayamos jurado amor eterno a otra persona-, si una tercera persona aparece en una relación de pareja es porque algo faltaba en esa relación, algo no iba bien, al menos para uno de los componentes de esa pareja, y lo ha encontrado en otra parte. Tendemos a pensar que nos pertenecen los otros, como si se tratasen de objetos, y algunas personas a pesar de ser infelices, aceptan continuar en esas relaciones, siendo esclavos de su pareja, de los convencionalismos, de los hábitos, del "qué dirán", -queda la tranquilidad que será menos mediático que Shakira vs. Piqué-. Para terminar, a las personas que se sienten abandonadas... quizás podrían pensar si eran felices en esa relación, si creen que faltaba algo...podrían hacer un poco de autocrítica desde la calma y seguramente encontrarán los motivos que hicieron que el otro se sintiese atraído por otra persona. Pero principalmente, ser consciente de que somos libres para empezar y dejar relaciones.

martes, 6 de diciembre de 2022

Tropezando en la misma piedra

Los humanos somos animales de costumbres. Nos sentamos en los mismos sitios, tendemos a comportarnos siempre de la misma manera, no importa dónde estemos, en el trabajo, en el coche, en el transporte público, con amigos, con las parejas, con nuestros hijos, nuestros padres, nuestra familia en general. Repetimos patrones, y aunque lo evitemos, volvemos a hacer lo mismo sin darnos cuenta. En esas estoy ahora...repitiendo patrones, y preguntándome si me he equivocado en mis últimas decisiones. El problema es cuando arrastramos a otros, cuando tú no eres el único imnplicado, y todo tu mundo cambia, y a la vez haces cambiar el mundo de los otros. El efecto mariposa. Tus decisiones desencadenan acontecimientos que hacen tomar decisiones, a su vez, a otros, y sus vidas cambian. Y una vez que has hecho cambiar sus vidas, y la tuya, te preguntas si habrías tomado la decisión equivocada, y te planteas esperar, dar una oportunidad a que las cosas sean diferentes esta vez, pero la base es la misma, y el sentimiento, de tristeza es el mismo que antaño, cuando decidiste cambiar de vida. Otros protagonistas, pero la misma historia, y lo peor es darse cuenta de que tu subconsciente está buscando lo mismo, de nuevo. ¿Cómo corregirnos?, ¿cómo reconducir esos patrones?. ¿Estoy destinado a vivir siempre las mismas situaciones?. Al final, mi teoría juvenil de que la vida es un círculo va a ser cierta.

martes, 30 de agosto de 2022

LA PAREJA DE BAILE

Hace unas entradas, hablé de las fuerzas invisibles que nos empujan y que manejan nuestras vidas sin que nosotros seamos conscientes. http://banduaplace.blogspot.com/2022/05/lo-que-no-vemos.html?m=1 

Casualidades, coincidencias, que permiten que nos unamos y separemos en nuestras vidas. Compañeros de colegio, de trabajo, vecinos, amigos de amigos... Una cantidad ingente de personas con las que nos cruzamos en la vida. A veces, dos o tres veces en lugares impensables. Todos tenemos anécdotas al respecto. La vida es un baile con todas estas personas con las que coincidimos. Con algunas bailamos más tiempo, otras pasan por nuestras vidas como aquella pareja de baile que te saca a bailar porque está solo mientras sus amigos están bailando con otras parejas. Sólo por no estar solo.

Otras veces, encontramos una pareja de baile que da los mismos pasos que nosotros, como si se tratara de nuestra imagen en el espejo.  Incluso, cuando nos miramos a los ojos, tenemos la sensación de que nos estamos mirando a nosotros mismos, y no sabemos si se trata de nuestra imagen reflejada o si realmente,  estamos bailando con una persona tan parecida a nosotros que da miedo...

domingo, 12 de junio de 2022

SABER DECIR ADIÓS

En mi bolso llevo tres pares de juegos de llaves. Las llaves de mi casa, las llaves de la casa de mis padres, y las llaves de la casa de mi pareja. Uno de estos juegos, sobra y será entregado a su propietario en breve, cuando haya recogido la ropa y demás enseres personales que tengo en su casa.

Efectivamente, he decidido dejar la relación de pareja en la que he estado un total de siete años, contando también los primeros meses en los que aún no se tiene claro qué se quiere de una pareja...al menos, yo no lo tenía claro, pero él menos...

Por tanto, otro adiós...a veces tengo la impresión de ir dejando un reguero de cadáveres a mi paso...me obligan a sentirme culpable, en cierto modo, de ser yo quien siempre toma la iniciativa de dejar las relaciones que no funcionan. Siempre ha sido así. Siempre he sido yo quien ha dado el paso cuando he entendido que la relación que se mantiene de manera artificial, hace tiempo que podría haber dejado de respirar autónomamente si no estuviésemos ciegos los dos que la componemos, o no queremos verlo, y que por costumbre, por pereza, o por miedo a la soledad, no acabamos de dejar, dejando en el armario un cadáver cuyo hedor es más pestilente cuanto más tiempo pasa.

Siempre he sido yo la culpable. La "mala", y aunque intente explicar los motivos objetivos por los que esa relación no funciona, es lo mismo, para ellos el motivo siempre es que ha aparecido otra persona en mi vida, aunque eso nunca ha sido cierto.

Hace más de veinte años, tuve que tomar la decisión de dejar mi primera relación estable duradera. Esa fue la relación en la que más demoré mi decisión. La presión social, familiar y de algunos amigos y algunas amigas, contribuyeron a que la toma de la decisión se alargase en el tiempo, con consecuencias devastadoras para mí...

Cuando fui consciente de la presión que el entorno hace de manera generalizada, -obviamente, siempre hay excepciones-, a mantener esas relaciones que no funcionan, tomé la decisión de dejarme guiar únicamente por mi criterio a partir de ese momento. El criterio es ser feliz, ser tú mismo, sentirte libre, y a la vez compartir una parte de tu vida con otra persona en la que confías, que te escucha y te apoya de manera incondicional, y por supuesto, puede esperar lo mismo por mi parte.

Tanto fue así que cuando comencé mi siguiente relación, le hice saber cuál era mi postura sobre esto. "Yo estaré contigo mientras sea feliz y me sienta bien". Él se echó a reír, supongo que creía que siempre podría cumplir esas premisas, pero no fue así, y diez años y dos hijos en común después, ni me sentía feliz con él, ni me sentía bien, ni acompañada, ni escuchada...

Fue una decisión difícil de tomar porque implicaba reorganizar la vida de dos adultos y dos niños pequeños, pero sólo fue cuestión de tiempo llegar a acuerdos satisfactorios para todos, y mis hijos están creciendo sabiendo que cuando sean mayores y tengan una relación de pareja que no funciona, la mejor decisión es dejarla. No sólo lo piensan, también lo verbalizan , -mi hija de nueve años recomendó que un amigo que está pasando una situación difícil con su pareja se divorciara-.

Sinceramente, me siento bien sabiendo que mis hijos se sentirán libres para tomar esa decisión.

Otra cosa fundamental cuando dejamos las relaciones es la culpa, como he mencionado antes. Nosotros nos sentimos culpables por tomar la decisión, la otra persona te hace sentir culpable por tomar la decisión, y en general, todos te señalan como culpable por haber dejado la relación.

En esos momentos, yo sólo pienso en mí. Pienso en mi vida, pienso si quiero seguir viviendo una vida en la que no soy yo, en la que no me siento bien, y pienso que sólo tenemos una vida. Cuando muera, no quiero que mi último pensamiento sea que viví la vida que otros quisieron que viviera, sino que he vivido la vida que he querido vivir a pesar de las presiones y los convencionalismos, y si las personas a las que dejo creen que las he dejado por otra persona, es que no han entendido nada durante el tiempo que han compartido conmigo.

En definitiva, creo que deberíamos aprender a decir adiós, a despojarnos de la culpa, a ser nosotros mismos, y a vivir la vida que queremos,. realmente, vivir.

miércoles, 4 de mayo de 2022

LO QUE NO VEMOS

Nuestros sentidos perciben una mínima parte de lo que ocurre a nuestro alrededor. La ciencia nos ha demostrado que hay fuerzas o energías, invisibles para nuestra vista, que influyen en cada momento y en cada situación, haciendo que las cosas funcionen en el mundo como lo conocemos.

En estas fuerzas, incluyo también las conexiones que existen entre los seres vivos y, especialmente, entre los humanos, que como entes similares, se hace más evidente esta conexión.

Cada persona tiene una sensibilidad hacia estas conexiones. Quizás, para algunas, pasan desapercibidas. 


Para otras, pueden sentir y experimentar que existe algo que influye en nuestra vida, pero lo mantienen al margen. 


Para otras, entre las que me incluyo, estas energías son muy evidentes, quizás en momentos en los que por determinadas circunstancias, estemos más abiertos a experimentarlas, e incluso influyen en nuestra toma de decisiones.


Personalmente, en ocasiones, estas energías se manifiestan en los sueños, o en sensaciones fugaces que encuentran cobijo en nuestro subconsciente, y que permiten que sepas cosas, tengas la certeza de algo, aunque no haya ninguna razón lógica que haya podido llevar a tu consciencia a tener esa evidencia.


La cuestión es cómo estas energías ocultas influyen en nuestra toma de decisiones, y la toma de conciencia de que cada una de nuestras decisiones, por mínima que sea, -hacer un viaje, coger un vagón de tren, salir de copas con tus amigas-, puede determinar el camino por el que discurrirá tu vida.


Recuerdo un tipo de libros que leía cuando era pequeña, en los que en determinados momentos de la historia, el lector podía elegir qué decisión tomaban los protagonistas y, en función de eso, el libro tendría finales diferentes.


Me parecía una lección muy interesante para hacer entender a los más pequeños que nuestras decisiones tienen consecuencias. No sólo para nosotros mismos, sino también para nuestro entorno, incluidos nuestros seres queridos.


Esta reflexión me ha recordado una circunstancia que se dio hace mucho tiempo y que puede ser representativa de lo que intento explicar.


Tenía unos 21 años o 22 años, y había comenzado una relación de pareja con una persona con la que había conectado de manera especial, tanto mental como físicamente. La relación estaba todavía formándose, y las inseguridades de esas primeras relaciones hicieron acto de presencia cuando me comunicó que se iba un fin de semana al pueblo de un amigo suyo, junto a más personas, incluida una ex novia con la que había dejado la relación poco antes de conocerme.


Como comentaba, mi inseguridad disparó todas las alarmas ante el temor de que en el viaje se reavivara esa relación que acababa de finalizar, y en aquella época todavía no estaba generalizado el uso del teléfono móvil, por lo que hasta el domingo por la noche, que él volvería a su casa, me encontraba con la incertidumbre de qué estaría ocurriendo.


Sin embargo, cuando él me llamó ese domingo por la tarde, además de contarme su fin de semana con todo detalle, también me dijo que no había podido dejar de pensar en mí en ningún momento, pero que donde había tenido sensaciones muy intensas, en las que incluso creía que yo estaba con él, presente de manera física, era en el coche de su amigo con el que habían hecho el viaje.


Se sentía muy desconcertado por esas sensaciones que nunca había sentido, pero yo sí las había percibido  en otras ocasiones, y supe por dónde podríamos empezar a buscar la explicación. De esta manera, descubrimos que su amigo era hijo de un compañero de trabajo de mi padre, al que casualmente, mi padre había regalado nuestro viejo coche cuando compró uno nuevo.


Totalmente sorprendente que en la Comunidad de Madrid, donde vivimos casi siete millones de personas, coincidiera que mi padre regalase un coche al hijo de un compañero en el que también viajaría una pareja de su hija, pero ocurrió, y esta persona con la que tenía esa conexión tan intensa, percibió la energía que mi cuerpo dejó en ese coche, después de tantos años de uso. Una sensación tan intensa en la que sentía que yo estaba de manera física en ese momento.


Estas energías están presentes en nuestro día a día e influyen de manera imperceptible en nosotros, que nos sentimos seres tan racionales, pero que en el fondo, sólo alcanzamos a conocer una mínima parte de lo que nos rodea, sin ser conscientes que la mayoría de nuestras decisiones están motivadas por aquello que no vemos.

 

jueves, 10 de febrero de 2022

El pequeño amigo

 - Emergencias…¿dígame?

El silencio por respuesta al otro lado de la línea.

- Emergencias… dígame –el recepcionista insistía. Estaba acostumbrado a que, en ocasiones, se hiciese esperar la respuesta.

- Hola… por favor, vengan rápido…se ha caído…

La débil voz sonaba nerviosa y entrecortada. 

- ¿Dónde se encuentra?. ¿La persona que se ha caído está consciente?

- No lo sé… vengan rápido…Calle… Hermosilla 12… Tercero A

- De acuerdo. Una ambulancia sale para allá.

Cuando el equipo de emergencias llegó al piso, nadie les abrió la puerta. Dentro, el muñeco aún sostenía el teléfono entre sus pequeñas manos. Junto a él, yacía el cuerpo inerte del ventrílocuo.


Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid