jueves, 15 de enero de 2026

ESCÚCHATE

Es frecuente que las personas cercanas nos den consejos. A veces, estos consejos parecen mandatos. Últimamente, además, ya lo comenté en otra entrada, puedes encontrar muchos de estos consejos o mandatos en las redes.

Las personas que nos encontramos en pleno proceso de cuestionarnos a dónde queremos dirigir nuestra vida, entre las que me incluyo, estamos más expuestas a recibir estos consejos. Escuchamos lo que debemos hacer. Lo procesamos, y a veces, nos sentimos mal porque no somos capaces de seguir estos consejos. Sentimos que nos hemos fallado a nosotros mismos, y a la persona que nos está acompañando en el proceso, por no seguir sus instrucciones.

Te piden que te alejes de las personas que no te valoran, y yo me pregunto ¿qué significa que no te valoran?. ¿Que no te escriben mensajes, al menos, tres veces al día?. ¿Que no te llaman todos los días?. ¿Que no te juran amor eterno antes de la quinta cita?. ¿Quizás yo misma estoy lanzando señales de que no valoro al otro?. Etiquetan, sentencian, nos miden a todas las personas con los mismos parámetros, sin tener en cuenta que cada uno arrastra su mochila, y la combinación de esas dos personas y cada una de sus mochilas, en un momento determinado, implican una conexión única que no se puede cuantificar ni juzgar.

Lo peor es que muchos de los consejos que escucho van en contra de mi experiencia personal. Se podría decir que las relaciones que he tenido refutan prácticamente todos los principios que escucho. Relaciones que para la mayoría serían idílicas fueron un fracaso, y relaciones que serían tildadas como desastrosas, resultaron ser muy buenas durante mucho tiempo. Lo que está claro es que con los estándares que, supuestamente, hoy deberíamos establecer y sostener, yo no debería haber iniciado ninguna relación.

En definitiva, para aquellas y aquellos que os estéis preguntando si optáis por el contacto cero, por ignorar las señales, o seguir al milímetro los consejos de familiares, amigos, o el algoritmo en las redes, yo también me sumo a dar consejos. Haced lo que queráis. Haced lo que sintáis que tenéis que hacer. 

No os sintáis culpables por dejar la relación. 

No os sintáis culpables por seguir en la relación. 

No os sintáis culpables por no escuchar los consejos.

Si decidís no decidir, está bien. Si decidís decidir, está bien.

Cada persona tiene su proceso, y nadie te puede forzar a tomar decisiones, porque al final, quien lo vivirá, quién lo sufrirá, quien lo experimentará, quien tendrá que vivir con lo que ocurra, eres tú. Nadie más. Ni familiares, ni amigos, ni terapeutas, ni coaches. Sólo tú, ante tus decisiones. Ante tu vida. Así que, escúchate en libertad. Sólo tú tienes la respuesta.


sábado, 10 de enero de 2026

PRIVILEGIADOS

- No dejas que te quieran, - le digo.

Él se queda un momento en silencio. Después, contesta, pero no presto atención a lo que me dice. No se lo he dicho para que conteste. Lo he dicho sólo para que lo escuche, como hicieron conmigo en el pasado, en varias ocasiones.

A veces, es necesario que alguien nos muestre el bloqueo y el sabotaje que nos hacemos a nosotros mismos. A veces, es necesario que alguien nos diga esta frase, aunque sea una falacia, porque el amor no pide permiso para ser. Simplemente, es, a pesar de que la persona destinataria de ese amor no quiera ser amado, o incluso, ignore que es amado.

Confundimos ser amado con disponibilidad emocional. A veces, nos sentimos en la obligación de corresponder al amor que otra persona siente por nosotros, sin ser conscientes de que sentir, o el hecho de poder inspirar en otra persona ese sentimiento, es ya suficiente.

Paradójicamente, la misma persona que unos días antes había admitido no dejar que le quisieran, me dice "Somos unos privilegiados por sentir lo que sentimos. Piensa en cuántas personas no pueden experimentar esto". Tiene razón, pero ahí está la contradicción. Por un lado, rechazamos sentir y sentirnos amados, y por otro, nos percibimos como privilegiados por ambas cosas.

lunes, 5 de enero de 2026

ALMAS VIEJAS

Dicen que las personas con almas viejas aparentan ser más jóvenes. 

Ayer hablaba de esto con un familiar porque una tercera persona le había dicho que yo aparento más joven de lo que soy. Muchas personas me lo han dicho. Se sorprenden de mi edad. 

No sé si tengo un alma vieja, o un espíritu joven que me impulsa a estar en movimiento constante, tanto física como mentalmente.

La creatividad sigue desbordándome. Estos días estoy amasando arcilla, dándole forma de piedra plana. Lo pinto y dibujo una runa celta de protección, que regalaré a las personas cercanas. 

En el pasado, hacía esto periódicamente, pero el ritmo frenético de la vida consiguió que lo olvidase. He tenido que aburrirme y encontrarme completamente sola durante cuatro días para recordar este ritual, que se incluye en el impulso irrefrenable de cuidar a los demás. La diferencia ahora es que además de cuidar a los demás, me cuido yo.

Mientras amaso y pinto, reflexiono sobre situaciones del pasado, que se repiten en el presente. Se establece un debate interior, entre el ego y la consciencia, en el que nunca llegan a acuerdos. Cambio de opinión constantemente. Esta vez, evito ser dura conmigo misma y los demás, aunque a veces crea que no merecen mi presencia en sus vidas. 

He estado antes en este lugar, y sé que sólo es cuestión de tiempo. No es necesario tomar decisiones drásticas. Sólo tengo que seguir con mi vida, y el tiempo colocará las cosas en su sitio.

Recuerdo aquel primer "espejo" que encontré demasiado joven como para ser consciente de que su comportamiento, que tanto me enfadaba, era el mismo que yo tenía. Ambos fuimos replicando el patrón, en nuestras sucesivas relaciones. Él pudo cambiarlo hace un tiempo. Ahora, es mi oportunidad hacerlo también, aunque suponga pérdida. Y mientras amaso y pinto, envuelta en estos pensamientos, mi alma vieja me recuerda "Todo pasa".

viernes, 2 de enero de 2026

CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Anoche terminé de ver la primera parte de la serie que adapta la novela de Gabriel García Márquez, "Cien años de soledad". Debo esperar a la mitad de año para ver la continuación.

Recuerdo cuando, siendo una niña, leí la novela como lectura obligatoria en el instituto. No podía dejar de leerla. Cuando ya me había acostado, seguía leyéndola en la cama, hasta las dos o tres de la madrugada. 

Era curioso porque Macondo me resultaba un lugar familiar, al igual que sus habitantes y las cosas "extraordinarias" que ocurrían. Es más, me transmitía paz. Me sentía transportada a casa. Para mí, el realismo mágico era normal. Estaba acostumbrada a las historias que mi abuela y mi madre me habían contado sobre mi familia, plagada de situaciones inverosímiles, extrañas coincidencias, o muertos que aparecían como si estuviesen todavía vivos. Ellas, las dos mujeres, eran el pilar familiar, como lo es Úrsula. La mujer, la madre, la abuela que sostiene a todos, incluso, a un pueblo. Capaz de poner límites con una autoridad indiscutible, y sobreponerse a las situaciones más dramáticas y dolorosas de manera inmediata para continuar sosteniendo a los que aún hay que sostener. Llorar sí, pero rearmada. El corazón destrozado, pero en pie. 

Macondo, situado junto a un río, a una ciénaga y al mar, me recordaba a Viveiro, la villa en la que mi abuela y mi madre habían nacido. Mi refugio. El lugar al que acudo cuando necesito paz.

Mientras pensaba en la historia de Macondo, recordé el taller donde Melquiades enseñó a José Arcadio la alquimia. A la vez, recordé algo que hice durante un tiempo, en el pasado. Algo que me daba paz porque, mientras lo hacía, sabía que tenía que hacerlo. Era una tarea pendiente que hacía con agrado, sintiéndome realizada, porque lo que creaba no era para mí, sino para las personas que tengo cerca.

Sin pensarlo, busqué en el armario la bolsa con los materiales que tenía olvidados. Las pinturas estaban bien, pero la arcilla estaba dura, así que la mezclé con agua y la amasé hasta darle la consistencia perfecta para ser moldeada. 

Estos días, aprovechando que sigo sola en casa, convertiré el salón en mi taller.


jueves, 1 de enero de 2026

FALSOS PREDICADORES

Estos días, que estoy de vacaciones, tengo tiempo para momentos de aburrimiento y aprovecho para visitar las redes sociales.

Sé que existe una burbuja digital en la que el algoritmo te vuelve su prisionero y sólo te muestra contenido relacionado con búsquedas en internet o conversaciones en chats, y como últimamente, reflexiono con amigas sobre las relaciones, no sólo de pareja, también familiares, pues el algoritmo lo sabe...así que me muestra contenido sobre relaciones.

De este contenido, hay cosas muy interesantes. Personas que explican de manera didáctica los mecanismos de los distintos tipos de apego, o nuestras respuestas emocionales, pero también hay otras personas que se dirigen a su observador con un tono dictatorial, incluso, con desprecio. Vamos, que casi te sientes insultada. Te dicen lo que tienes que hacer, y si no lo haces, prácticamente eres una estúpida. 

Siempre me han sorprendido estas actitudes hacia los demás, que juzgan y les dicen a los otros de manera inequívoca lo que tienen que hacer. Me sorprende que no sean capaces de darse cuenta de que cada persona y circunstancia son diferentes, y me preocupa que, cada vez más, sobre todo las personas jóvenes, toman como referencia indiscutible lo que ven en internet, sin poner en duda la manipulación a la que pueden estar sometidos con esos contenidos, y es que vivimos en un mundo en el que cualquiera con un móvil puede erigirse en el poseedor de la verdad absoluta y ser seguido por personas que no sólo no cuestionan sus contenidos, sino que siguen sus recomendaciones como si de un Dios se tratase.


martes, 30 de diciembre de 2025

ELIMINAR

He cambiado de móvil. El que tenía cumpliría seis años en unos meses y su lentitud me desesperaba, además, quería un móvil con NFC para conectarlo al coche, así que he comprado uno con esa conectividad y además 5G. Me las prometía felices hasta que he intentado conectarlo al coche...Daba error. He consultado el manual y he comprobado que este modelo, el PRO, no está entre los agraciados...Habrá que esperar a una actualización del coche...

Ésa no ha sido la única sorpresa que me he encontrado con mi nuevo móvil...Cuando se ha hecho la transferencia de datos, no ha copiado los contactos añadidos en el último año. Muchos se han quedado fuera... Afortunadamente, conservo el anterior móvil y he copiado los contactos nuevos. No todos. Algunos se han quedado fuera de todos modos. He aprovechado también para revisar toda la agenda, algo que tenía pendiente desde hacía mucho tiempo...

He eliminado números de personas con las que no tengo contacto desde hace años. Otras, que ni siquiera sé quienes son. Direcciones de correos de la época en la que estaba en la asociación, con nombres como "disidentes"... Incluso, he eliminado el contacto de personas que fallecieron hace años...

Mientras eliminaba contactos, pensaba que se podría contar media vida con estas revisiones de agenda. Antes, con las agendas en papel, no era tan fácil eliminar. Siempre te quedaría el tachón del nombre que querías eliminar de tu presente. Cuando tu mirada tropezase con ese enjambre de boli azul o mancha de corrector, recordarías que esa persona estuvo en tu vida y ya no está.

Ahora, la tecnología te permite seleccionar el contacto y pulsar la papelera. Así de fácil. El contacto desaparece inmediatamente y nunca, nada, en esa agenda, te recordará que en algún momento ese nombre tuvo allí su lugar.

sábado, 27 de diciembre de 2025

CONSCIENCIA

Sigo escribiendo entradas "ocultas" en fechas antiguas, no por esconderlas, sino porque forman parte del pasado. Se quedaron pendientes de ser dichas, de ser plasmadas, de darles vida para poder ser procesadas.

En estos días, alejada de las obligaciones laborales, y a pesar de una vida familiar intensa, tengo más tiempo para la reflexión. También ayuda la charla con amigas, que atraviesan situaciones en las que he estado en multitud de ocasiones.

Ahora, que he avanzado a nivel personal, que observo mis pensamientos y entiendo su origen, también puedo verlo en los demás. Ahora soy capaz de ver las cosas de una manera muy clara y con profundidad. Es como cuando dejas de mirar un cuadro que te gusta, y comienzas a observarlo, analizando el punto de fuga, la textura, la composición, la luminosidad... No te quedas sólo pensando que ese cuadro te gusta. Lo analizas y entiendes por qué te gusta.

De esta manera, cuando alguien me da un consejo, me explica su forma de ver las cosas, se molesta conmigo, o aprueba algo de lo que digo, sé de dónde viene ese comentario. Sé que está hablando desde su herida, su ego, o su consciencia, y puedo discernir qué parte de su discurso realmente es constructiva y qué no, y sin lugar a dudas, me quedo sólo con la parte constructiva, con la que me aporta, con la que viene desde la abundancia, y deshecho la que viene desde la carencia.

Lo mejor de todo, es que he perdido el miedo a decir lo que pienso, lo que siento y a poner límites, a decir qué temas podemos hablar y qué no, porque una vez que ves clara la intención de los demás, sabes qué camino quieres o no transitar junto a esa persona.

También he constatado una vez más que cuando intentas forzar "soltar" sin estar listo, lo único que haces es activar en la otra persona el ego, provocando una reacción que va en contra de tu objetivo de alejarte, y que comienza una lucha interior que lejos de darte paz, provoca un desgaste emocional agotador que te hace dudar de lo que quieres o creías que querías. 

Solemos querer atravesar el dolor lo antes posible, sin ser conscientes de que todo proceso lleva su tiempo, y que en lugar de querer forzar "soltar", la vida será quien haga que sueltes cuando llegue el momento.

También he aprendido a escuchar sin juzgar, aunque lo que digan me hiera. A entender los distintos puntos de vista, los ritmos, los tiempos, los deseos, los miedos... He aprendido a controlar el impulso de querer cambiar las actitudes de los demás, aunque crea que es un error lo que están haciendo. Todos tenemos el derecho a equivocarnos, a perder oportunidades, a crecer errando, o no... porque es posible que esté dando por hecho que la otra persona está tomando una decisión equivocada, y sea yo quien lo esté, porque no hay una verdad absoluta, y lo importante es que cada uno siga su camino, siendo consecuente con los resultados de sus decisiones.

Para llegar aquí, me ha ayudado alguien que habla sin filtros y no duda en seguir con su cuaderno de ruta, "hasta los 55 años o quizás, menos", y que como él dice, siempre estaremos en contacto "pase lo que pase". Gracias, Gabriel.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

ADIOS 2025

Unas Navidades más. Un año más que finaliza. 2025 comenzó siendo un año duro. Una prueba para mi fortaleza física y mental, con decisiones pospuestas del año anterior, que se enquistaron y necesitaban ser tomadas.

Cuando mi cuerpo comenzó a responder a mis esfuerzos por recuperar las rutinas, llegó el momento de las decisiones. Fueron dolorosas pero necesarias, y aunque no fueron recibidas con agrado por las personas implicadas, me liberaban a mí pero, sobre todo a ellas, y es que aunque cuando tomo este tipo de decisiones, las otras personas lo viven como un agravio, en realidad se trata de un acto de liberación para mí y, principalmente para ellas, porque si "suelto" es para dejar espacio en sus vidas a lo que tiene que llegar que, siempre, se tratará de un paso más en su evolución, ni mejor ni peor, simplemente, distinto y necesario.

Soltar supuso reconstruir. Ser consciente y observar esas partes de mí que había bloqueado durante años. Esa consciencia culminó cuando me senté frente a alguien y le dije "Yo soy como tú", y ahí comenzó una amistad donde, casi sin esfuerzo, crecemos juntas.

Poco antes de la mitad de año, mi cuerpo ya permitía un tímido regreso a la normalidad, que culminó con la total autonomía al hacerme con, sin duda, mi gran amor de este año... mi coche automático e híbrido enchufable, que me lleva y me trae aunque tenga molestias en mi pierna, y me ahorra el gasto en gasolina. Además, corrige mi dirección y me frena cuando es necesario. No puedo pedirle más.

He retomado el contacto con amigas que, aunque siempre estaban presentes en mi pensamiento, eramos incapaces de concretar encontarnos físicamente, y lo hemos conseguido. Espero poder mantenerlo.

Me he encontrado con personas creativas que han sumado y suman en mi vida de una manera que no imaginan. Escriben, dibujan, componen, tocan instrumentos, cantan...y remueven mis cimientos emocionales. 

Son ese tipo de personas que, una vez sabes que existen, siempre querrás tener en tu vida, aunque a veces guardes distancia para evitar que su intensidad te arrastre, pierdas de vista tu centro y quién eres. Esas personas podrían eliminar de un plumazo tu voluntad si quisieran, y aunque no lo hagan porque su espíritu libre no quiere acarrear esa responsabilidad, nunca se debe bajar la guardia con ellas.

Ha sido un año de introspección, reconstrucción, reencuentro conmigo misma, aceptación, crecimiento, descubrimiento y preparación para un nuevo año en el que, estoy segura, recogeré los frutos de lo sembrado.


Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid