sábado, 8 de agosto de 2026

DESPIERTA


Era todavía una adolescente. Iba en una moto que conducía una de mis mejores amigas. Delante de nosotras, dos amigas más iban en otra moto. Éramos felices. Íbamos riendo. De repente, entramos en un túnel y la imagen se congeló en unos minutos interminables. Sólo veía la imagen congelada de mis amigas en la moto de delante, el pelo largo, rizado y cobrizo de una de ellas, al viento, pero la secuencia no cambiaba. Algo extraño ocurría. Fue entonces cuando me sentí trasladada a la camilla de un hospital. Estaba tumbada boca abajo. Sentía que mi cuerpo estaba cubierto de sangre. Había muchas personas alrededor de la camilla, que se movían nerviosos. Un hombre gritó "¡La perdemos!". Sentía que mi corazón bombeaba muy rápido, en taquicardia. Perdía la energía vital, pero ganaba otro tipo de energía sutil. Entonces, sentí que mi alma se iba desprendiendo de cada una de las células de mi cuerpo, comenzando por los dedos de los pies. Se iba despegando como cuando separas el adhesivo de una pegatina, poco a poco, en orden. Fui consciente de que estaba muriendo.

Entonces, me dije a mí misma "Despierta. Es un sueño". Poco a poco, fui despertando. Ya no estaba sobre una camilla, sino sobre mi cama, aunque mi cuerpo aún no estaba completo, mi corazón seguía latiendo en taquicardia, mi energía había cambiado. "Tranquila. Recupera el control", me dije a mí misma. El corazón fue recuperando su ritmo, y mi alma se había apegado de nuevo a mi cuerpo, aunque mi energía seguía diferente. "Por eso no me gustan las motos", pensé.

Me incorporé poco a poco en la cama, siendo plenamente consciente de lo que acababa de ocurrir, y sin darme cuenta, me vi en medio de un campo. Era un campo verde, lleno de flores. Había árboles alrededor, y los pájaros cantaban alegres. Olía a hierba fresca. El sol me acariciaba suavemente. Disfruté del paisaje, hasta que me llamó la atención una zona, no muy grande, sin hierba. Me acerqué para averiguar de qué se trataba.

Al llegar allí, me di cuenta de que había un agujero grande en el suelo. Era un pozo. Sin señalizar, sólo con unas piedras alrededor. Era muy peligroso. Me asomé con cuidado a su interior, y entonces le vi. Abajo del todo, agazapado, mirándome desde abajo, con esos ojos negros almendrados que tan bien conozco. No dijimos nada. Sólo nos miramos. Fue entonces cuando recordé aquella serie de Netflix que los dos habíamos visto años antes, por separado, y de la que él me había hablado porque le había impactado "Detrás de sus ojos". A mí también me había dejado impresionada. En esa serie también había un pozo en el que alguien había quedado atrapado. Entendí que no podía ayudarle. Cada uno tiene su proceso. Levanté una mano y la moví, como despedida. Miré a mi alrededor, y me sentí aliviada de estar fuera de aquel pozo. Lentamente, comencé a alejarme. 

domingo, 2 de agosto de 2026

TRANSITAR EL DOLOR

He estado en este lugar otras muchas veces. Un lugar donde la frustración, la decepción y el dolor lo inundan todo.

A veces, he atravesado este páramo yermo más deprisa que otras, pero sé que lo cruzaré. Todo pasa, y cuando lo hace, nos parece absurdo haber vivido esta experiencia por alguien que no lo merecía.

Muchas veces, el sufrimiento existe sólo porque inventamos narrativas que nunca ocurrirán. Damos por finalizadas historias que no terminan. Damos por hecho situaciones que nunca se darán. En ocasiones, el tiempo da la vuelta a las tornas, y es el otro quien atraviesa lo que tú ya transitaste.

En todo caso, hay que dejar fuera el ego, ser sincero y consecuente con uno mismo, y apartarte de las personas que te hieren, queriendo o sin querer, pero lo hacen.

sábado, 1 de agosto de 2026

RECORTES VERANIEGOS

 - Tienes el pelo naranja, - dice mi hija.

- Lo sé. Es lo que tiene mi pelo, tiene que cambiarse de color en cuanto llega a la playa.

Sólo hace dos días que estamos aquí, pero hasta mi pelo ya lo tiene interiorizado.

Me sigo levantando pronto, para sacar a Pancho. Más tarde, el asfalto se vuelve impracticable para sus almohadillas, y aunque vaya por la sombra, hasta llegar al césped, siempre hay tramos que sortear.

Los mismos tres hombres del día anterior, comen unos bocadillos, sentados en el suelo, a la sombra de un pequeño muro. Imagino que es su descanso laboral para desayunar.

- Hay una persona durmiendo....-susurra una mujer detrás de mí. Viene con una barra de pan debajo del brazo. La mujer vuelve a insistir-. Hay un hombre durmiendo ahí...

- Sí. Ya estaba ayer, -contesté.

La mujer parece decepcionada porque no me escandalice. Para las personas que viven alejadas de "lo social" que una persona duerma en la calle es un escándalo. Y lo es, pero ya estoy tan acostumbrada a saber cuántas personas viven en la calle, que para mí no es escandaloso verles. Lo que es escandaloso es que la vivienda sea un artículo de lujo.

Más adelante, hay un abuelo empujando en un columpio a un nieto de corta edad. Ambos parecen felices. El binomio perfecto.

Pancho y yo pasamos junto a un hombre, de unos ochenta años, con un bastón, sentado en un banco. Tiene unos folios en la mano. Los miro disimuladamente. Escrito a máquina, unos versos centrados en el papel, que lee con nostalgia. Quizás los ha escrito él. Quizás, los escribió alguien que ya no está. Me pregunto cómo se leerán las poesías cuando yo tenga ochenta años, o los hubiese cumplido si muero antes. ¿Seguirán existiendo los papeles o se leerá en un tipo de dispositivos que ahora somos incapaces de imaginar?. ¿Alguien leerá estas palabras acordándose de mí con nostalgia?. 

lunes, 27 de julio de 2026

LA ODISEA (SIN SPOILERS)

He ido a ver La Odisea, de Nolan. No voy a hablar de la película en sí. No voy a destripar el argumento, aunque muchas personas ya sabíamos lo que íbamos a ver. La historia es antigua e, incluso, mi generación disfrutamos de su argumento en la más tierna infancia con unos dibujos animados en los que Odiseo, Ulises, capitaneaba una nave espacial.

La cuestión es que la historia me ha hecho reflexionar. Ahora, de nuevo, que mi vida emocional se siente como el intento de regresar a una Ítaca que nunca fue más que una utopía. 

Me identifico con rasgos de distintos personajes. El Odiseo que muere de éxito en Troya, y se siente culpable precisamente porque a pesar de que ha logrado la victoria, ha sacrificado sus principios para ello. El Odiseo que sabe que alguien está esperándole, pero no es capaz de recordar quién. Sabe que el lugar y la persona son los equivocados, pero es incapaz de definir a dónde debe ir y quién está esperándole.

La Circe que es capaz de quitar "el disfraz" a los hombres, dejando al descubierto su verdadera identidad.

La Calypso que anhela encontrar un compañero de viaje para su vida eterna.

La Penélope que tiene el convencimiento de que Odiseo volverá, aunque yo nunca he tenido ni tendré la paciencia que ella tiene. 

Viendo la película, me di cuenta de quién era mi Odiseo particular. Sus gestos, su forma de andar... cuando aún estaba en la isla de la amnesia, algo trajo a mi presente a un Odiseo que hace muchos años, se sorprendió de que su Penélope no le hubiera esperado. 

- ¿Qué soy yo, entonces?, -me preguntó todavía con la carta que un enamorado me había escrito, y que yo le había dejado leer, como prueba de que no iba a guardar fidelidad a su inconsistencia.

Ese Odiseo sigue agazapado en mi vida. Oculto en los pliegues de la memoria, ambos conscientes de lo que pudo ser y no será. Recuerdo nuestra última conversación telefónica, hace ahora un año, donde yo le había puesto un límite claro. El silencio al otro lado de la línea, pero yo podía leer sus pensamientos. Tras titubear, reconoció que siempre había tenido esa curiosidad por experimentar lo que ninguno de los dos quisimos en su momento. Mi propuesta era todo o nada. Él tuvo miedo a perder la estabilidad de una Calypso, por la promesa de una Penélope que elegiría a otro pretendiente en cuanto él izara velas.

Un Odiseo y una Penélope que saben que el otro es el adecuado, si fueran capaces de mantener la coherencia de sus personajes, pero ¿qué sentido tiene si ninguno de los dos guarda su esencia?.

viernes, 24 de julio de 2026

PEDIR PERAS AL OLMO

A veces, pedimos peras al olmo. Somos así. Aunque el olmo nos esté avisando de que no puede dar peras, nosotros seguimos pacientemente esperando a que alguna pera caiga.

Yo soy una de esas personas que cree que con tesón y paciencia, todo se puede, incluso,  hasta que un olmo te dé peras, pero obviamente, estoy equivocada. Es cierto que en alguna ocasión se ha obrado el milagro, pero no en este caso que me ha recordado hoy esta frase.

Mi tesón y paciencia no han sido suficientes, y me he cansado de esperar. Es hora de colocar las cosas en su sitio y buscar un peral si lo que quiero son peras.

Quiero mucho al olmo, pero tengo que encontrar un peral. De paso, dejo hueco en el olmo para que otra persona venga a pedirle peras, a ver si alguien consigue obrar el milagro.

viernes, 10 de julio de 2026

DÍAS DE PLAYA

Nunca me ha gustado el ambiente playero. Me refiero a los lugares donde se concentra un gran número de personas, en poco espacio y durante breve tiempo, principalmente, las semanas comprendidas entre julio y agosto.

No me gustan las playas atestadas de gente, en las que siempre hay un gran número de sombrillas y sillas solas, en primera línea de mar, que alguien colocó a primera hora de la mañana, principalmente alguno de los abuelos, para que la prole pueda disfrutar de tocar las olas con los pies sin moverse de la silla, o mirar a la inmensidad del mar, sin nadie delante. No cuentan con que tendrán un desfile constante de gente que pasea por la orilla, o que juega a las palas.

Yo soy uno de los estorbos que pasea por la orilla. Nunca me ha gustado tumbarme en la arena a tomar el sol. Necesito moverme, y además es lo que aprendí de pequeña con mi abuela y mi madre. Ellas siempre paseaban de lado a lado de la playa, daba igual lo larga que ésta fuera.

Mientras paseo de lado a lado, escucho las conversaciones, observo sus gestos. Algunas parejas con niños pequeños, pero la mayoría se trata de familias extensas. Todo el clan trasladado a la playa.

Sin embargo, hay momentos en los que me quedo quieta unos minutos. Al salir del agua, me siento en la toalla, me quito la parte de arriba del biquini, me tumbo, y me seco un momento al sol. Vuelta y vuelta. Poco tiempo, pero el suficiente como para analizar el árbol genealógico de las personas que están a mi alrededor. Establecer las alianzas y lealtades, y cuál de sus familiares le está estropeando a cada uno las vacaciones, porque en ningún clan se salvan de criticar, al menos, a uno de los suyos. Y yo pienso "qué ganas de fastidiarse los días de descanso".

miércoles, 8 de julio de 2026

TARDE DE DOMINGO

- Tienes unas manos muy bonitas.

- Tú también tienes unas manos muy bonitas, -me responde.

-  Me gusta lo que le has contestado, -le digo cuando me enseña su respuesta a una persona en Facebook-. Escribes muy bien.

- Tú sí que escribes muy bien. 

Comenzamos a hablar en inglés, para que no nos entiendan en el restaurante.

- Podemos usar la misma toalla, -me dice después.

- ¿En qué piensas?, -pregunto.

- En nada. Sólo te miro.

Cuando me voy, me mira fijamente. 

- Si me miras así, me vas a hacer llorar, -le digo.

- I'll let you know.

Una misma alma en dos cuerpos

Cuando estaban juntos, perdían la noción del tiempo. Las horas parecían minutos. Siempre arañaban las horas al sueño. Daba igual lo cansados que estuvieran, encontraban la manera de verse después de las obligaciones familiares y laborales.

Aquella tarde, el plan comenzó más tarde de lo esperado. La idea inicial tuvo que acortarse, pero él encontró una alternativa, casi mejor que la idea original, en la que pudieron alargar la noche.

A oscuras, observaban la luna amarilla saliendo por detrás de las montañas. Miraban el cielo, señalando los aviones, las estrellas y luces que imaginaron de origen alienígena. Él vio una estrella fugaz.

Los perros, que habían hecho buenas migas, de vez en cuando, perseguían el reflejo de la luna en las ondas del agua, o ladraban a algo que ellos no podían ver en la oscuridad.

Su plan inicial de comportarse sólo como si fueran amigos, había fracasado.

Entrada la madrugada, comenzaron a sentir frío, y decidieron regresar a casa. Como siempre, la conversación no decaía, pero fue tomando unos derroteros controvertidos.

Él propuso alargar la noche en su casa, y delante de dos tazas de café, ambos confesaron.

Los dos reconocieron haber imaginado lo que el otro había hecho. Ella se indignó. Él aparentó no sentirse molesto, pero rumiaba... 

Ella ya había intentado irse antes."Lo nuestro es cíclico", dijo él. La contuvo cuando ella se levantó para irse. "No digas o hagas algo de lo que te vas a arrepentir", pidió él. Ella se contuvo. Él reconoció que solía proyectarse en el futuro haciendo cosas con ella. De hecho, horas antes, él había dicho que tenían que hacer distintas actividades juntos. 

Él le pidió que le diera la mano. Ella agarró su mano, y él colocó su otra mano sobre la de ella. Guardó silencio, cabizbajo. 

"Es difícil de explicar", -dijo él.- "Pero cuando me has dado la mano, he recordado un sueño que tuve. Era un niño y estaba en un parque. Una niña vino a buscarme. No recuerdo la cara de la niña. Era todo muy inocente, éramos sólo niños... Ella quería que entrase en un lugar, pero yo no quería". Luego, le explicó que podría enamorarse de ella, pero que intentaba controlarlo porque no quería perder su libertad.

Ella le dijo que no se puede controlar estar enamorado de alguien, y que ella ya lo estaba de él, pero que no se trataba de eso, sino de la conexión tan fuerte que había entre ellos, que iba más allá del enamoramiento, cuando ambos podían sentir lo que le ocurría al otro, casi escuchar sus pensamientos. 

Dos personas tan parecidas, dos espejos reflejando imágenes tan intensas al otro, no podría soportarse demasiado tiempo.

La madrugada había avanzado, de nuevo, sin que ellos fuesen conscientes. Estaban cansados. Luna había vomitado. Ella cogió papel para limpiar. Él la siguió con una bolsa para tirar el papel. "Lo limpias igual que yo", dijo él. "Como tantas otras cosas que hacemos igual", pensó ella.

Se abrazaron. Se besaron. 

Ella calló lo que había pensado días antes, cuando él hizo un comentario que la dejó preocupada por su salud y pensó que si algo le ocurría a él, ella le cuidaría. Esperó que ese pensamiento no se tratara de una de esas certezas que la habían perseguido desde niña.

Ella condujo hasta casa, herida por una confirmación. Pensó en él, que tendría que digerir y procesar una sospecha que se había hecho real. Sintió entonces los pensamientos intrusivos de él al verla conectada al WhatsApp, hasta altas horas de la madrugada, hablando con alguien que no era él.

Una misma alma en dos cuerpos, que utiliza a personajes secundarios, para herirse a sí misma, y aprender una lección que todavía no sabemos cuál será. "Olvídate de los demás. Esto es sólo sobre nosotros", le había dicho él.


sábado, 30 de mayo de 2026

DEJAR SER

Mi rutina ha cambiado con la llegada de Pancho. Madrugo más por las mañanas para poder sacarle antes de ir a trabajar, y estoy en la calle hasta las once de la noche, aproximadamente, cada día, para darle su último paseo. Los fines de semana, a veces, hasta más tarde.

Se acabó despertarme los fines de semana y comenzar a escribir todavía sentada en la cama. Puedo hacerlo, pero siempre después de haber sacado a Pancho a la calle y darle el desayuno.

He dejado de escuchar podcasts mientras paseo, porque prefiero escuchar los sonidos del entorno si Pancho viene conmigo. De esta manera, soy consciente del canto de los pájaros, del ruido del agua en el río, del murmullo del viento entre las copas de los árboles. 

Sigo disfrutando de momentos como ahora mismo. Un sábado que los niños están con su padre. No tengo que pensar en preparar comida para ellos. Puedo estar sentada en el sofá, escribiendo, con Pancho tumbado a mi lado, y los peces payaso y Vulpinus observándome desde el acuario marino, a ver si me acerco a darles comida, de nuevo.

Disfruto de esta soledad relativa, rodeada de animales pacíficos, que se encuentran alineados conmigo, como si nuestras energías se hubiesen equilibrado para darnos paz.

Así me siento también respecto a él. No hay un reclamo ansioso. Me deja ser. Él mismo necesita esos momentos de soledad e introspección, de los que siempre se disculpa, pero que yo entiendo tan bien, tanto su necesidad de paz como el impulso de explicarse, porque en el pasado, algunas personas se enfadaban cuando yo explicaba que me sentía feliz aunque ellos no estuviesen conmigo. Quizás, confundían la felicidad con la compañía, sin querer entender que puedes sentirte muy solo e infeliz acompañado, y muy acompañado y feliz en soledad.

De esa aparente contradicción, quizás surge la calma y paz que siento en general, incluso, cuando permanecemos abrazados en silencio, mientras escuchamos música y dormitamos, dejando que el otro sea. Siendo conscientes de que no podemos exigir al otro lo que no somos capaces de dar. Dos almas libres que se eligen aquí y ahora, sin expectativas, sin obligaciones, sin reproches. Simplemente, siendo, como Pancho junto a mí en el sofá, como los peces payaso y Vulpinus en el acuario, nadando en calma, dejàndose llevar por la corriente.


sábado, 9 de mayo de 2026

Pancho llegó a la familia un jueves, a las dos de la madrugada

Hace unas semanas que comparto mi cama con alguien. Él espera paciente cada noche a que le deje tumbarse a mi lado. Cuando le llamo por su nombre y doy una palmadita sobre el edredón, sube de un salto y se acurruca junto a mí, pegado a mi espalda, aunque va cambiando de postura durante la noche, en silencio. Por la mañana, espera paciente a que me duche, me vista y me prepare. Cuando ve que salgo de la habitación, baja de la cama dando un salto, y me acompaña hasta la entrada, donde le pongo la correa para salir a la calle.

"Barrabás llegó a la familia por el mar, apuntó la niña Clara con su delicada memoria". Desde hace unos días, la primera frase del libro "La casa de los espíritus", ronda mi memoria. Esa primera frase me atrapó, hace más de treinta años, cuando leí el libro siendo una adolescente, y como ocurrió con "Cien años de soledad", todo lo que describían, me resultaba tan familiar, que pensaba que la realidad era realmente esas historias, mientras mi vida insulsa de estudiante adolescente era un mero disfraz que debía vestir, para que mi identidad de otra Clara no fuera descubierta.

Pancho llegó a la familia un jueves, a las dos de la madrugada. Me lo trajo un chico que se lo encontró abandonado en un pantano. Él se lo había quedado durante unos meses, mientras buscaba a alguien que se lo quedara definitivamente. Yo le encontré, por una serie de casualidades, a pesar de que nos separaban cientos de kilómetros.

Antes de tomar la decisión, senté a los niños en el sofá. Necesitaría su ayuda al mediodía, cuando ellos llegaran del instituto antes que yo del trabajo. Tendrían que sacarle a la calle. Los dos estaban dispuestos. Iria, con su madurez habitual, me preguntó "Mamá, ¿estás segura?. Un perro conlleva mucho trabajo y responsabilidad". Le contesté que lo sabía. Ya había tenido un perro. Me lo regaló mi tía cuando era una adolescente, y mis padres me dejaron claro que yo era su única responsable. Así fue durante muchos años. No fue fácil porque Jacky era un caniche desconfiado y territorial, que no permitía carantoñas, ni arrumacos. No permitía que personas ajenas a la familia se acercaran a nosotros. Si yo estaba en casa, estaba conmigo donde yo estuviese. Si yo no estaba, se quedaba con mi madre. Era un perro muy inteligente, que entendía todo lo que hablábamos. Desconfiado y asustadizo, atacaba como prevención. Conservo la marca de uno de sus dientes en una mano, a pesar de que no solía ser agresivo conmigo. Nunca lo fue con mi madre, a la que identificaba como la dispensadora de comida. Con mi padre y mi hermano era distinto. Les mordía cuando menos lo esperaban, al igual que a los invitados, a los que nunca podíamos dejar a solas con él. 

Con unos quince años, le detectaron un tumor en los riñones y mi madre, sin decirnos nada, para evitarnos el sufrimiento, tomó la decisión de dormirle. Para ella fue muy duro ser quien le llevase hasta el veterinario aquella mañana. A veces lloraba recordándole. "Cuando vio que le dejaba allí, me miró como preguntándome por qué me iba sin él", me decía ella con los ojos llenos de lágrimas. Podía imaginar la mirada de esos ojos negros penetrantes, con los que se comunicaba de manera tan eficiente sin necesidad de palabras. "A veces, escucho sus pisadas detrás de mí en la cocina", seguía ella. Yo también le escuchaba. 

Las primeras horas con Pancho fueron cruciales para entender que no todos los perros son desconfiados o agresivos. Cuando le vi en persona por primera vez, y le toqué, él respondió a mi caricia, con lametones y subiendo por mis piernas. Después de una breve conversación con el chico que me lo trajo, cogí la correa y se vino conmigo como si me conociera de toda la vida. Husmeó la urbanización, el portal, las escaleras y toda la casa. Insistió en las puertas de las habitaciones de los niños, que estaban cerradas porque ellos dormían en el interior. Me puse el pijama y me senté en la cama. Él tenía una cesta preparada en mi habitación, pero en lugar de acostarse en ella, dio un salto y se tumbó en la cama junto a mí. Me sentí inquieta porque nunca le había permitido a Jacky subir a mi cama. No habría podido dormir tranquila. También me desperté muchas veces durante esa primera noche, comprobando si Pancho continuaba a mi lado. Esa primera noche, quizás sin saberlo, Pancho comenzó a darme una lección de confianza que todavía continúa. A veces, la vida pone en nuestro camino las experiencias necesarias para sanar, y en ese proceso estoy, hasta que este libro finalice, como "La casa de los espíritus", "Y a mí me lo dictan ellas, que son las verdaderas dueñas de este relato".

viernes, 1 de mayo de 2026

OTRA DIMENSIÓN

 Ya le había ocurrido otras dos veces.

La primera fue en la cocina de su casa, cuando dos personas que no deberían haberse conocido, lo hicieron. Ella era el único punto en común,  uniéndole a cada uno de ellos en un vínculo muy fuerte.

De repente, la realidad se dividió en dos, como cuando eliges dividir la pantalla en el ordenador, y cada uno muestra un documento o web diferentes, pero en este caso, no se trataba de documentos, sino de vidas.

En un lado, salía la vida que vivía, y en el otro lado, una vida completamente diferente, pero en ambas estaban las otras dos personas. Si bien en su vida actual, esas dos personas no tenían un vínculo entre ellas, en la otra vida, ambos eran familia.

La visión de esas dos vidas al mismo tiempo, experimentando las emociones, y recordando los diferentes acontecimientos que habían llevado hasta esa escena, que era la misma, pero con dos significados completamente diferentes, la provocaron un mareo repentino, que la obligó a apoyarse en la pared para no caer.

En la segunda ocasión, se encontraba en la casa de él. El personaje masculino del anterior desdoblamiento de realidad. Fue al baño. Hasta allí la siguieron el gato y la perra. Se vio reflejada en el espejo junto a ellos y se sintió transportada. En esta ocasión, no veía dos realidades. Se encontraba completamente dentro de otra realidad, en la que no era una invitada, sino la persona que habitaba esa casa, junto a los dos animales, y el hombre que la esperaba en el salón, ajeno a su percepción. Permaneció inmóvil durante unos segundos y se recompuso. Cuando salió del baño, todo giraba a su alrededor. Se recostó en el sofá junto a él, le explicó lo que le había ocurrido. Él le pidió que permaneciera tranquila y esperase a que el mareo remitiera.

La tercera vez ocurrió en un escenario completamente diferente. Era de noche. Los niños dormían. Ella se despertó y vio al perro sentado junto a ella, incorporado, mirándola, en alerta, como si algo acabase de suceder. Se levantó y recorrió la casa a oscuras. Los niños no estaban. Sólo ella con el perro. Volvió a la habitación. Se sentó un momento en la cama. El perro seguía alerta. Volvió a levantarse y a recorrer la casa. Los niños dormían en sus camas. Tranquila, se acostó de nuevo. El perro saltó a la cama junto a ella y durmió toda la noche acurrucado a su lado, como si temiera sentirse solo si algo extraño volvía a ocurrir.

domingo, 5 de abril de 2026

REGLA 80/20

A raíz de ver la serie Adolescencia, y entender en qué se basa la regla 80/20, de la que hablan, además del término "incel" para calificar a los hombres que sienten que viven un celibato involuntario, me preocupa hacia dónde pueden derivar estos pensamientos y la influencia que pueden tener en mis hijos adolescentes, y en nuestra sociedad en general.

Voy a simplificar mucho estos conceptos. Básicamente, son hombres que piensan que el 80% de las mujeres, nos fijamos en el 20% de los hombres, y que ellos, al no estar incluidos en ese 20%, se ven obligados a no poder mantener relaciones sexuales, si no es pagando a una mujer por acostarse con ellos.

En primer lugar, se está cosificando a la mujer. Se parte de que todas las mujeres somos iguales, y que nos interesan el mismo tipo de hombres. No he profundizado en cuál debe ser el estereotipo de hombre que nos atrae, pero puedo imaginar que debe ser físicamente atractivo, -alto, fuerte, guapo-, y con un alto poder adquisitivo. Por tanto, todos los hombres que no cumplen esos strandares, serían invisibles para la mayoría de las mujeres. Ante el miedo al fracaso, algunos hombres deciden que son "incel", ocultando una baja autoestima y una absoluta incapacidad de autocrítica. La culpa es de las mujeres y esos hombres que cumplen los supuestos strandares para hacerles más atractivos, y que les desbancan simplemente por existir. Los incel son meras víctimas de esas mujeres empoderadas y de esos hombres tocados por la suerte al nacer.

Estas teorías no ven más allá de sus narices, obviando que cada ser humano es diferente e irrepetible, que cada persona se siente atraída por determinadas cualidades del otro, y que el mundo de las relaciones no se circunscribe sólo al sexo, habiendo muchos otros sentimientos y emociones que se desencadenan en el mundo relacional como son la empatía, el cariño, el amor, el compromiso, la lealtad, la ternura...que son los que realmente crean el vínculo entre dos personas.

Sin embargo, parece que ese movimiento se desvincula por completo de lo emocional, reduciéndolo todo a la probabilidad que tienen de acostarse con mujeres, y creyendo que si no van a tener éxito, entonces se autoproclaman célibes involuntarios, que es lo más cómodo, porque no les supone esfuerzo y además, la culpa es de todos los demás. Las mujeres, en general, y ese 20% de hombres que ellos calificarían de exitosos.

No me sorprende que una parte de la sociedad, afortunadamente, por el momento, no muy numerosa, llegue a este tipo de conclusiones. En un mundo en el que prima la ley del mínimo esfuerzo, y la paradoja de las redes, en la que cuanto más conectados estamos, más soledad hay, y donde los algoritmos nos muestran sólo lo que queremos ver, es el mejor campo de cultivo para que este tipo de movimientos tenga éxito.

En el año 2014, hace ya doce años, hablé en este blog sobre cómo los roles entre los hombres y las mujeres están cambiando.

El reto

Un reto aún mayor

Al margen de los roles

Reflexiones varias 

El hombre proveedor económicamente ya no tiene sentido en un mundo occidental en el que las mujeres somos proveedoras económicamente también. Los roles tradicionales se han desdibujado, y esto implica que, tanto hombres como mujeres, tengamos la necesidad de aprender a relacionarnos con el otro más allá de esos roles, entendiendo al otro como un igual, y no como un rival. Cada uno con sus peculiaridades, más allá de su género, y entender que todos y todas tenemos fortalezas, debilidades, inseguridades, deseos y emociones.

Pensamientos como la regla 80/20 o el movimiento incel, simplifica y cosifica al otro, y nos aleja de verle como un ser autónomo e independiente, con sus propias ideas y gustos, con cuya interacción nos entendemos y crecemos como persona, dándonos la posibilidad de construir vínculos y relaciones sanas, que a su vez, contribuyan a fortalecer los cimientos de sociedades plurales, conscientes de la riqueza que aporta cada persona, a nivel individual, con sus potencialidades, que unidas a las potencialidades de los demás, garantice el apoyo y el cuidado mutuo, alejado del odio y los miedos sin fundamento.

Creo que nos corresponde a los que hoy somos adultos, y que hemos crecido en entornos donde las redes no existían, en hacer entender a nuestros hijos e hijas que todos hemos sufrido inseguridades, como parte del crecimiento y evolución de nuestra personalidad, y que deben ser conscientes de ellas, e integrarlas como algo normal, a lo que hay que enfrentarse y superar, en lugar de que sea lo que los defina y los limite en la capacidad de tener una vida plena.


ADOLESCENCIA (SPOILER)

Me la habían recomendado en múltiples ocasiones, pero lo había pasado por alto, hasta que un comentario de alguien el otro día me recordó que la tenía pendiente. 

Desconocía la trama. Sólo sabía que se trataba sobre la adolescencia. Me ha gustado. Creo que aborda un problema que tenemos como sociedad, en el que convergen múltiples factores de los que hablaré en otra entrada. Ahora mismo, sólo voy a centrarme en la serie, de manera cronológica.

En primer lugar, me gusta cómo la cámara sigue a los personajes, convirtiéndose en un personaje más. Con sus movimientos, consigue meterte en el medio de la acción, como si fueras un espía invisible.

Algo que me ha llamado la atención es la naturalidad con la que trata el comportamiento de los distintos profesionales. Desde el cuerpo de la policía, como el profesorado, la psicóloga que hace la valoración en el centro de internamiento, o el vigilante. Describe la cotidianidad, vulnerabilidad, el conflicto interno, la sensibilidad, la humanidad, la ineficacia, la negligencia o el desbordamiento de algunos de esos profesionales, huyendo de los arquetipos idealizados para confrontarles con las situaciones que se dan en la realidad cotidiana.

Hace un retrato descarnado de la realidad en los institutos. El bullying como un comportamiento normalizado, la falta de autoridad de los profesionales, el código propio con el que se comunican los adolescentes, totalmente desconocido por los adultos, incluidas las figuras parentales.

La conversación entre la psicóloga y el protagonista es muy reveladora. Se muestra a un chico frustrado, con muy baja autoestima, que se siente fracasado, a pesar de su corta edad. No ha llegado, ni cree que pueda hacerlo nunca, a cumplir las expectativas que supone que su familia y la sociedad ha volcado en él. Busca una aprobación que no llega. Sus ataques de ira contra la psicóloga, cuando le confronta, da una idea muy clara de cómo debió ser la escena que desembocó en el asesinato. La falta de herramientas para manejar el rechazo provoca una ira incontrolable, que unida a la oportunidad y al arma adecuada, finaliza en un hecho atroz.

La familia es señalada, convirtiéndose también en víctimas del crimen. Los padres se culpan. Se preguntan qué han hecho mal, qué cosas podrían haber hecho diferente. Hablan sobre él en pasado, como si ya no existiese. Cada uno lo maneja de manera distinta. El padre más con el peso de la culpa. La madre ambivalente, sintiéndose culpable pero también siendo consciente de que es imposible tener todo bajo control. La hermana tiene una visión más objetiva y real de la situación, quizás porque no siente la responsabilidad que presentan los progenitores.

La escena final del padre sustituyendo a su hijo por el peluche, arropándole en la cama, procurándole un lugar seguro, resume esa frustración de haber fracasado como padre protector.

Sin duda, una serie para reflexionar. Tanto las figuras paternas, como los profesionales, y los adolescentes. La serie no retrata un hecho aislado, sino una realidad de la que debemos ser conscientes. Esta vez el resultado ha sido un asesinato, pero en otros muchos casos, la misma situación se ha convertido en un suicidio.

Los componentes son los mismos. Situación de bullying, ideas de que no son suficiente, frustración, creer que su vida es y será un fracaso, silencio, introspección... Unido a una personalidad que todavía se está formando, se convierte en un cóctel mortal que le arrastra a él o a ella, o a otra persona que se cruza en su camino.

miércoles, 1 de abril de 2026

EL TIEMPO NO EXISTE

Me encontraba en ese santuario al que recurro siempre que puedo. Mi lugar de paz. Tumbada en la bañera, sumergida en el agua caliente, mi mente retrocedió más de 25 años atrás.

Un encuentro inesperado con alguien de mi pasado, me transportó a aquel momento en el que la empresa constructora de mi piso, me dio las llaves. Fue una tarde muy emocionante, donde todos los vecinos recibimos la preciada entrada a nuestras casas. Algunos ya eran amigos. Otros, desconocidos, pero la vida tenía preparadas muchas sorpresas para nosotros. De hecho, uno de estos vecinos, en aquel momento, desconocido, se convirtió en mi pareja durante ocho años, un tiempo después, pero eso ya es otra historia.

Aquella tarde, mi pareja de aquel momento, me dijo algo inapropiado. Algo que ya no recuerdo. Otro vecino, que estaba junto a nosotros, intervino y me ofreció llevarme a mi nueva casa si mi pareja no podía hacerlo.
Este vecino se encontraba solo. Había roto con su pareja, con la que había comprado el piso. La felicidad que la gran mayoría sentíamos, para él era una sensación agridulce.

No sé cómo, cuando llegamos a la urbanización, y subimos a los pisos, ya noche cerrada, y sin electricidad todavía, sólo alumbrados por linternas y la luz de la calle, este vecino que se encontraba solo, subió conmigo a mi casa. Recuerdo que nos acercamos a la ventana del salón y nos asomamos, en penumbras. Era noviembre y hacía frío. No recuerdo si había alguien más con nosotros en ese momento. Sólo le recuerdo a él. Después, fuimos nosotros quien le acompañamos a su casa.

Unas semanas más tarde, le encontramos con su ex pareja. Parecía que habían retomado la relación y nos alegramos por él. Todo lo demás, es historia.

Abrí los ojos y me vi sentada en la bañera, en uno de los baños de ese piso que acababa de estrenar. Ya había luz, y agua caliente. Habían pasado también más de 25 años, aunque para mí hubiesen transcurrido sólo unos segundos. Pensé entonces que el tiempo no existe. Es una construcción que nuestra mente necesita para darle sentido a los acontecimientos de nuestra existencia, pero podemos revisitar esos lugares y vivir de nuevo esos momentos, aunque no sea lo que realmente está experimentando nuestro cuerpo.

En esos pensamientos, resonó una frase de Rubén, una persona que fue muy importante para mí en una época determinada. "Vas a destrozar tu futuro si sigues pensando que la vida es circular". Me lo decía él, que presumía de saber "detener el tiempo". Y, en efecto, el tiempo se detiene, y hasta retrocede, y cuando te das cuenta, han pasado 25 años, has tenido hijos, has tenido otras parejas, otros trabajos, seres queridos que ya no están, has evolucionado, y no sabes por qué, personas del pasado aparecen de nuevo en tu vida. De repente. Sin buscarlos. Quizás, sólo para recordarte que la vida es sueño, que todo depende de tu percepción de las cosas, que puede que haya vidas paralelas en las que las cosas ocurrieron de otra manera, y hay retazos que, de vez en cuando, se cuelan en esta vida que ahora percibes como única, cuando no se trata más que de un encadenamiento de variables y decisiones determinadas que hacen que las cosas sean como percibes que son.

Recuerdo entonces la mirada de una perra, con su cabeza apoyada en mis rodillas, y un gato sentado a mi lado, mirándome fijamente. En ese momento, sentí que los tres estábamos atrapados en otra vida posible. Escuché entonces su voz "La perra se comporta diferente cuando tú estás en la casa."

martes, 17 de marzo de 2026

ELEGIDO

Hay personas que lo llenan todo. No hay espacio para nadie más. Incluso, sin quererlo, sin proponérselo, casi evitándolo. Cuando te das cuenta, a pesar de que no quieras, estás atrapado. 

Te ayudan a evolucionar en muchos aspectos de tu vida. A nivel intelectual, creativo, espiritual... Dibujan, escriben, tocan algún instrumento, cantan, componen... Las conversaciones nunca decaen. Los silencios están llenos de significado, a través de miradas que hablan.

Intentas alejarte. Valoras otras opciones... Al final, te preguntas por qué sigues buscando algo que ya tienes. Anticipas la pérdida. No puede ser tan perfecto. La realidad es que nadie más tiene cabida si ellos están presentes. Ni siquiera en su ausencia, sientes que se han ido. Les has elegido sin ser consciente. 

sábado, 14 de marzo de 2026

NUEVA VERSIÓN

Me puso sobre la pista alguien muy cercano, hace unos meses. "Mi hija dice que no querría tener un novio como yo". Lo dijo mirando al vacío, evitando mi mirada, intentando no mostrar emoción, mientras yo pulsaba el botón del ascensor. Le pregunté por qué, pero no contestó. No era necesario que contestara. Esa frase se ha quedado suspendida en mi mente durante todos estos meses.

El otro día, escuchando el podcast de Gabriel Rolón del que hablo en otra entrada del blog, recordé esa frase, cuando el psicoanalista hablaba sobre la pregunta que nos haríamos a nosotros mismos, si somos la persona que queremos ser.

Pensé también en que mi hijo adolescente ha comenzado su incursión en el mundo sentimental, y observo en él patrones que yo también he tenido, pero sobretodo, pienso en qué tipo de vínculo está creando, y si él elegiría a una pareja como yo.

Mezclando todas estas cuestiones en mi cabeza, llegué a la conclusión de que no me gustaría que mi hijo tuviese una pareja como yo, y que además, tampoco soy la persona que me gustaría ser. Al menos, no en su totalidad.

"¿Qué tengo que cambiar para ser la persona que quiero ser?", me pregunté. Lo sabía. No era necesario pensar. Comencé a hacer los cambios necesarios. Primero, en mi forma de analizar las cosas. Me di cuenta de los impulsos que me movían en mi anterior versión. Los retuve. Analicé. Ya no encajaban. Deseché. Los cambié por los que encajan con mi nueva "yo".


viernes, 13 de marzo de 2026

¿MERECE LA PENA?

Intentando entenderle, se entendió a ella misma. Se dio cuenta de que ella tenía su mismo comportamiento, aunque más sutil, más sofisticado, en silencio...porque ella no contaba lo que sentía, como él sí hacía.

Entendiéndole, comprendió porqué había terminado todas sus relaciones. Entendió por qué se fue y también que estaba haciendo lo mismo con él. Fue consciente de que se estaba desconectando poco a poco, y en silencio, como quien abandona una habitación en plena noche, mientras su amante duerme tranquilo en la cama que han compartido, de puntillas y con los zapatos en la mano, para no hacer ruido, para no despertarle. De esta manera, cuando él despierte, ella estará lo suficientemente lejos como para que la huida sea un éxito. Él no tendrá capacidad de reacción. 

Por este motivo, ella callaba. Si él no escribía mensajes, ella tampoco. A veces, escribía algo neutro, y cuando él contestaba, ella tardaba en responder. Tampoco decía nada si habían hablado sobre quedar, pero finalmente, él no confirmaba. Se trataba de un motivo más para alejarse. Iba acumulando motivos, razones para alejarse sin culpa.

Ahora, que era consciente, tenía la opción de continuar con esa dinámica o cambiarla. Podía intentar explicarse. Avisar de que sentía que se desconectaba, que quería ir al cine, salir a cenar, que echaba de menos compartir canciones antes de irse a dormir... Pero le resultaba muy difícil cambiar su comportamiento y además, se preguntaba si merecía la pena hacer el esfuerzo con él que, al fin y al cabo, sería quien abandonaría la habitación a hurtadillas si ella no lo hacía antes.

sábado, 7 de marzo de 2026

¿ERES QUIEN QUIERES SER?

Hoy disfruto de uno de esos días en los que estoy sola en casa.

He aprovechado para levantarme tarde, cocinar, preparar el agua para hacer el cambio del acuario marino, cambiar el agua del acuario pequeño, regar las plantas y salir a caminar, cuando la lluvia ha dado una tregua. 

Mientras caminaba, he escuchado un podcast, en el canal Tengo un plan, entrevistando a Gabriel Rolón, un psicoanalista que sigo desde hace un año, aproximadamente, y al que me encanta escuchar porque siempre me hace reflexionar. 

Es un podcast largo, pero que creo merece la pena escuchar si tienes inquietudes, si te planteas si estás viviendo la vida que quieres vivir, si eres la persona que quieres ser, si crees que ha llegado el momento de cambiar patrones o cambiar el sentido de cómo vives las relaciones. 

He disfrutado escuchándolo. Me quedo con unas cuantas reflexiones que creo ayudarían también a algunas de las personas con las que me relaciono. Dejo aquí el enlace al podcast, por si quieres disfrutarlo. 

Mil gracias a los creadores del canal y a Gabriel Rolón.

Podcast Tengo un plan. Gabriel Rolón

miércoles, 4 de marzo de 2026

SIRENA VARADA

Una noche más, el ritual del baño. 

Enciende una vela. Hoy, de olor a frambuesa. Esparce un puñado de sales marinas.

Se introduce en el agua caliente. Se tumba en la bañera. Mete la cabeza. El cabello flota en la superficie mientras contiene la respiración. 

Deja salir un par de burbujas de su nariz. Permanece un poco más bajo el agua. Calma.

Lo sabe. Siempre lo sabe. La certeza le ha perseguido siempre. No sabe cómo lo sabe. Pero lo sabe. Nunca falla. Pero no puede decirlo. Cada uno tiene que hacer su proceso. Avisar nunca ha funcionado. Nunca le han creído. Tienes que estar preparado para entenderlo.

Piensa en el mar. Quiere volver allí lo antes posible. Sentirse en casa. Que sus pies se hundan en la arena blanca y plateada. Sentir la brisa en su cara. El olor intenso a mar. El agua fría en sus pies. 

Se queda flotando en la bañera mientras recuerda la letra de la canción de los Héroes del Silencio. Aquella época en la que esa canción era como un himno. Todavía no sabía que lo que creía que ocurriría era cierto. Le costaba creerlo aunque lo supiera. Nunca creyó merecerlo. Nunca creyó ser tan buena como para que se cumpliera, aunque en el fondo, lo supiera.

La letra de la canción irrumpe en su pensamiento. 

"Echar el ancla a baborY de un extremo la argollaY del otro tu corazónMientras tanto, te sangra
(...)
Y duerme un poco más, los párpados no aguantan yaLuego están las decepcionesCuando el cierzo no parece perdonarSirena vuelve al mar, varada por la realidadSufrir de alucinacionesCuando el cielo no parece escuchar."

lunes, 2 de marzo de 2026

RÁFAGA

La vio pasar como un suspiro. Casi desnuda, atravesó el recibidor y entró en el salón. Se quedó quieto en la escalera. Paralizado, sin saber qué pensar. Estaba demasiado cansado. Había sido un día largo.

El frío había vuelto, después de la tregua que habían dado unos días primaverales. Salió al porche. Se quedó de pie, mirando el parterre. Tenía que llamar al jardinero para quitar las malas hierbas. Después, plantaría los bulbos que había comprado.

Levantó la vista y miró el olivo. Su tronco, el suelo alrededor...Algo helado tocó su espalda. "No me toques. Estás fría. Tus manos están frías".

Por un instante, le pareció escuchar su risa, en un susurro. Miró la silla vacía en la que ella había estado sentada unos días atrás. Una ráfaga de aire frío le estremeció.

Mamás y Papás: Una realidad que no debemos olvidar...

Una joya en el corazón de Madrid