No hay nada peor que un idiota con poder. He podido comprobarlo de cerca en la política madrileña, principalmente en la época en la que participé en la asociación de vecinos de mi barrio y los políticos y cargos públicos se acercaban a nosotros con intenciones de todo tipo. Te dabas cuenta rápidamente que el cargo les quedaba grande, pero al fin y al cabo, no eran personas muy poderosas, concejales o alcaldes a lo sumo. Su capacidad para extender su insensatez y estupidez estaba muy limitada, afortunadamente.
El problema surge cuando hay un idiota gobernando una de las potencias mundiales, y sobre todo, con una capacidad armamentística y de destrucción incuestionables.
Recuerdo aquella mañana de noviembre de 2016. Me encontraba en Las Palmas de Gran Canaria, en unas mini vacaciones. Encendimos la televisión en la habitación del hotel, y allí teníamos las noticias dando como ganador de las elecciones a Trump. Me pareció una broma de mal gusto, pero era real. Su mandato, como no podía ser de otra manera, no dejó lugar a dudas de que el cargo le quedaba grande. Después, llegaron unos años de respiro, con este narcisista abominable fuera de la Casa Blanca, aunque después de haber perdido las elecciones, intentó un autogolpe de Estado el 6 de enero de 2021, asaltando el Capitolio, después de que sus intentos de anular las elecciones que perdió, fracasaran. El amago del Capitolio no salió adelante pero sí mostró la cara dictatorial de un Donald Trump sin complejos.
Sin embargo, en noviembre de 2024, Trump vuelve a ganar las elecciones, algo que no logro entender. No soy capaz de ponerme en la cabeza de alguien que pueda votar a este personaje. La cuestión es que ya esta segunda vez, después de haber experimentado perder un poder casi sobrenatural, está dispuesto a no dejar títere con cabeza. Empezó atacando al resto de países con aranceles comerciales, despidió a funcionarios públicos, creó un cuerpo de seguridad privado que sigue todas sus órdenes sin cuestionarlas, aunque suponga tirotear a personas inocentes en plena calle, secuestró y echó del país a familias enteras indiscriminadamente porque no cumplen su estándares de raza aria, secuestró al presidente de Venezuela sin ningún respaldo político del Senado y dejó en el Gobierno a una mujer de paja que manipula a su antojo, y ahora arremete contra Dinamarca porque quiere anexionar Groenlandia a USA, amenazando de nuevo con aranceles comerciales. Todo esto salpicado con comportamientos infantiles como publicar en redes sociales durante la madrugada chats privados mantenidos con presidentes de países europeos, o enfadarse por no haber recibido el Nobel de la Paz, cargando contra el gobierno de Noruega, creyendo que son ellos quienes deciden las personas galardonadas.
Sinceramente, no sé en qué acabará esta situación, pero me temo que, o alguien desde su propio partido le para de alguna manera, o viviremos una escalada peligrosa a nivel mundial. Hay personas que dan por hecho que perderá las elecciones de mitad de mandato en noviembre de este año, pero creo que todavía quedan muy lejos y aunque las perdiera, continuará en el poder y, además, podrá denunciar de nuevo un falso "pucherazo" electoral, legitimándole más en su loca persecución a quien no es tan naranja o fascista como él. Quizás, como humanidad, deberíamos empezar a pensar en "blindar" legalmente nuestras instituciones políticas para evitar que megalómanos dictatoriales y narcisistas llegasen al poder, o nos encaminaremos, más pronto que tarde, a la autodestrucción inexorable.
Quizás, haya esperanza después de que el primer ministro de Canadá plantara cara a Trump, en Davos, manifestando que el viejo orden mundial ha muerto y llamando a la creación de nuevas alianzas entre países.



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